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9 de Marzo del 2020
Ideas
Lectura: 7 minutos
9 de Marzo del 2020
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Coronavirus: fantasma real
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Está claro que el silencio no es un plan ni social ni éticamente aceptable. Es altamente culposa la actitud de China que dejó pasar sin denunciar la primera visita del virus y no puso al mundo sobre aviso. Es propio de quienes se consideran amos ocultar la presencia de ciertos males que, parecería, podrían cuestionar algunos principios políticos.

Si algo hace el Gobierno con el coronavirus es guardar silencio. Luego del anuncio de la primera paciente, ha seguido un largo silencio tan solo medio interrumpido cuando, sotto voce, se afirma que hay otros portadores del virus y que pertenecen al círculo social de la primera víctima.

En los últimos días, el virus ya está en la mayoría de nuestros países sudamericanos, como si estuviese escrito que a todos les llegará su turno, más temprano que tarde. Porque tal como van las cosas no hay alternativa. ¡Qué bueno sería que las justas exigencias de Colombia den resultado y el mal no atraviese sus fronteras! Pero lo más sensato es que todos tomemos buenas, adecuadas y constantes estrategias para evitar ser víctimas de un mal que no respeta límite alguno. 

Un plan preventivo se caracteriza por no ser silente. Todo lo contrario, no cesa de nombrarlo Sin embargo, entre nosotros se habla muy poco. No hay un bombardeo de información durante las veinticuatro horas por parte de todos los medios de comunicación. Y de modo muy particular, en las redes sociales. Si no se usan las redes sociales para prevenir, el país está perdido. A través de estas redes inclusive se podrá armar un sistema perenne de información y de retroalimentación.

Es urgente que todo el sistema educativo no deje de hablar de las estrategias ordinarias y comunes de prevención, esas estrategias que tienen que ver particularmente con el aseo 

Está claro que el silencio no es un plan ni social ni éticamente aceptable. Es altamente culposa la actitud de China que dejó pasar sin denunciar la primera visita del virus y no puso al mundo sobre aviso. Es propio de quienes se consideran amos ocultar la presencia de ciertos males que, parecería, podrían cuestionar algunos principios políticos. 

El silencio se paga caro. Ciertos amos locales, nacionales, regionales se creen con el poder de callar lo que todos deben saber. Como si una enfermedad fuese privativa de un país. China impuso un riguroso silencio a quienes supieron de la primera aparición del virus. Silencio infame.

Desde luego que es bueno y necesario guardar la calma y evitar toda postura escandalosa y extremista. Sin embargo, en nuestro país hasta hoy no se ha evidenciado ninguna propuesta educativo-preventiva organizada por el gobierno y aplicada por el Estados, es decir, por lo público y lo privado. Un verdadero plan preventivo copa los medios de comunicación veinticuatro horas al día. No solo en los medios clásicos sino en también y sobre todo los medios virtuales que ahora son los más importantes. ¿Guardar un prudente silencio es el plan? ¿Qué es lo prudente?

Está claro que el silencio no es un plan ni social ni éticamente aceptable. Es altamente culposa la actitud de China que dejó pasar sin denunciar la primera visita del virus y no puso al mundo sobre aviso. Es propio de quienes se consideran amos ocultar la presencia de ciertos males que, parecería, podrían cuestionar algunos principios políticos.

Parecería que para las autoridades es suficiente la ocasional información que se da sobre el núcleo primario y su desarrollo. Por otra parte, un cerco epidemiológico centrado en ese caso no es suficiente. 

Un auténtico plan preventivo debe involucrar por igual a toda la población del país. Un plan que, si bien podría ser presentado y vigilado por el Ministerio de Salud, podría ser manejado por los municipios, pues quien mucho abarca poco aprieta. Si los municipios se hiciesen cargo de lo preventivo, los procesos podrían ser más ágiles y eficaces. Siempre es cierto que quien mucho abarca poco aprieta. 

La prevención en salud no es una enunciación sino un proceso que se mantiene muy activo e incluso rígidamente mientras dure la emergencia. Un plan a cargo de verdaderos técnicos y que abarque todo el país. Hablar de vez en cuando en un canal de televisión, sacar un anuncio preventivo en un medio de comunicación y cosas por el estilo no hacen un plan nacional de prevención

Hay países europeos, como Italia y Francia, en los que el número de contagiados crece peligrosamente. ¿A través de qué puerta habrá entrado al Vaticano? Los países no tienen puertas. Por ende, lo lógico sería pensar que el virus seguirá expandiéndose demasiado libremente por el mundo. 

La mejor y mayor prevención es la información. Todos los medios de comunicación: TV, radio, periódico y sobre todo las redes sociales deberían constantemente transmitir contenidos preventivos aprobados por las autoridades pertinentes. Si hoy no nos preocupamos muy en serio, mañana será el día de las lamentaciones. Ya es hora que se piense en serio el tema de las de las asistencias masivas a estadios y a otros espacios públicos y privados, incluidos los centros de diversión nocturna. Pero se anuncian conciertos y más eventos masivos. Esto iría contra la lógica preventiva. 

No se trata de crear pánico sino de sostener sostenidamente una eficaz acción personal y colectiva de cuidado para enfrentar a un mal que ya cobrado más de 3000 víctimas. Una conciencia de que todos nos protegemos mutuamente pues el tema de salud compete a todos por igual. 

Quizás la mejor estrategia sea reducir a su mínima expresión (si no suprimirlos) todos los eventos públicos, en especial aquellos que se realizan en espacios cerrados como conciertos, estadios, cines, actos religiosos. Los colegios deberían ingeniarse para crear nuevas estrategias que sustituyan a la tradicional aula de clase. De cualquier manera, la sociedad y las autoridades deben convencerse de que el bien público está siempre sobre lo privado. 

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