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29 de Febrero del 2016
Ideas
Lectura: 5 minutos
29 de Febrero del 2016
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Correa, los militares y la inteligencia emocional
Lo de Correa con las FF.AA. no es de ahora: desde el inicio de su gestión hizo notorio su desprecio a los militares con sus repetidas ausencias a los actos castrenses y con los nombramientos que hizo en Defensa sin los más mínimos conocimientos de la seguridad nacional o, inclusive, con una posición abierta en contra de las Fuerzas Armadas.

¿Qué pretende Correa con sus provocaciones constantes a las Fuerzas Armadas? La última semana se han acumulado los desplantes y esa labor de zapa que pretende hacer soliviantando a la tropa contra la oficialidad.

Pero no es de ahora: desde el inicio de su gestión hizo notorio su desprecio a los militares con sus repetidas ausencias a los actos castrenses y con los nombramientos que hizo en Defensa sin los más mínimos conocimientos de la seguridad nacional o, inclusive, con una posición abierta en contra de las Fuerzas Armadas.

Uno no deja de sorprenderse de la baja inteligencia emocional de Correa, que se pica por cualquier cosa y que, megalómano como es, siente conspiraciones por todo lado cuando es él quien las provoca.

Su entrada este 26 de febrero al campo de Marte de Parcayacu, rodeado de un notorio grupo de guardaespaldas propios, es de por sí un desafío. Se trata, por todos los cielos, de un recinto militar. Ya se ha hecho notar que esos hombres de negro, con auriculares y lista la mano sobre el arma escondida, demostraban la desconfianza enfermiza de Correa hacia los miembros del Ejército y los mandos militares que se iban a cambiar en la ceremonia.

En su rostro, un permanente rictus reflejaba claramente la tensión y el desagrado que tenía dentro.
Quien dice lo que no debe escucha lo que no quiere. Y eso le pasó: tuvo que aguantar que tanto el comandante general saliente como el entrante mostraran la diferencia de concepto sobre las Fuerzas Armadas que tienen con el presidente y criticaran las intromisiones y provocaciones en que se ha empeñado el Gobierno.

La salida de los 40 o 50 militares de negro cuando el presidente se disponía a hablar terminó por encabritar a Correa, un hombre que ya ha demostrado no tener mayor autodominio emocional, por lo que su discurso, fuera del telepronter, evidenció cuánto le molesta que los militares en servicio pasivo tengan ideas propias y cuánto le cabrea que los mandos militares en activo no plieguen a sus ideas.

En el propio máximo recinto de la formación de oficiales del ejército, se dedicó a hurgar en las divisiones entre los soldados rasos y los mandos, haciéndose el sorprendido con los tres dólares diarios de rancho, denunciado poco antes en la misma ceremonia por el General Garzón. Si de verdad no lo sabía, el presidente es un desinformado porque justo hace un año el ministro Fernando Cordero prometió un aumento de la dotación para rancho $ 90 a $ 135 mensuales y no lo ha cumplido. Si lo sabía, es solo una demostración más de ese deseo, ya varias veces explícito, de incitar a la lucha de clases en la institución militar, una entidad esencialmente jerárquica.

¿De dónde viene esto? Es obvio que Correa guarda resentimiento con la oficialidad de las Fuerzas Armadas que, salvo casos aislados, no plegaron a la entelequia de su Revolución Ciudadana con el entusiasmo que hubiera querido. Entonces, como no sabe responder con la emoción e ideas apropiadas, reacciona picado y quiere poner a la tropa en rebeldía.

Saber autogestionar nuestros pensamientos y emociones ante imprevistos y situaciones de tensión es la esencia de la inteligencia emocional. Eso permite elevar nuestro poder interno y así mejorar en eficiencia y cualidades de liderazgo, dice una experta española, Susana Cabrero. Justo es lo que le falta a Correa y lo que ha erosionado su credibilidad y liderazgo en este último año y pico.

Un líder con inteligencia emocional es capaz de regular la intensidad de la emoción, cambiarla, o bien expresarla según lo que requiera la ocasión, reconduciendo su pensamiento en la dirección más apropiada. El éxito de un proyecto pues no está en el poder, el dinero, la propaganda, la ideología sino en la fuerza interna del líder, el cual, en el caso del que malgobierna el Ecuador, ya se quedó vacío.

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