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19 de Junio del 2018
Ideas
Lectura: 6 minutos
19 de Junio del 2018
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Correa y la ley
Aún le quedan resabios de las ínfulas de dictador. Por eso pide (exige) que se archive el caso Balda, como si no se hubiese enterado de dos cosas: de que ya no es el dueño del país y de que en la Justicia hay nuevos jueces que reemplazaron a sus fieles servidores.

Correa ha sido vinculado al caso del secuestro de Balda. Han pasado muchos años desde esos días en los que su voluntad representaba la ley y la justicia de las que se había apropiado para su personal beneficio. El tiempo de su omnímoda libertad tanto para acusar y castigar como para delinquir. Sus leyes le permitían tener siempre las manos limpias, sin la basura de pesquisas y de jueces y sin las manchas imborrables que dejan la sangre de las víctimas. Aquellos tiempos en los que los poderes se hallaban propositiva y perversamente inmunes de toda culpa gracias a una licencia auto concedida para hacer el mal.

Como era de esperar, su respuesta fue inmediata: yo no tengo nada que ver. Ha pasado tanto tiempo que ya ni me acuerdo de eso. A mí que me busquen porque nunca encontrarán nada. A mí, Rafael Correa, que no me acusen porque cualquier acusación será siempre no solo vana, pues soy puro como un niño, sino inútil porque armé de tal manera el Estado que la justicia y todo su andamiaje fueron hechos a mi propia medida. ¿Acaso mis incondicionales no convocaron a concursos para jueces y magistrados tan bien armados para que tan solo mis fieles e incondicionales servidores pudiesen entrar al servicio judicial? Ellos fueron quienes ganaron todos los concursos ética y políticamente tan limpios y transparentes como nunca antes había acontecido en la historia del país. Yo supe de qué manera meter la mano en la justicia para que todo, absolutamente todo me proteja de cualquier pequeño error que yo o un de los míos pudiese haber cometido: total, también soy humano y cometo errores, humanos errores como lo que aconteció en Bogotá cuando mis servidores fueron demasiado confiados y se dejaron aprehender por la policía colombiana. Ese señor que me escribió pidiéndome que yo asuma la verdad para salvarlo de sus supuestas implicaciones en el secuestro de ese ciudadano de última llamado Balda, ese señor no sabe lo que habla. ¿Quién perderá su tiempo escuchando a un mediocre agente? Por todo esto es urgente que se convoque a una constituyente para que, de una vez por todas, el país me pertenezca para siempre.

Los dictadores y todos los tiranos de la historia lo primero que hicieron fue apoderarse de la justicia como condición indispensable para sostener lo perverso de su prepotencia y crueldad. A reglón seguido, se apoderan de los medios de comunicación y de toda estrategia que permita la expresión de la libertad. A lo largo de una infame década, Correa esclavizó al país mediante una Corte Nacional de Justicia y jueces de todos los niveles hechos a su medida. Como respuesta necesaria, el Consejo de Participación Transitorio manda a sus casas a los miembros del Consejo de la Judicatura presidido por uno de los mayores artífices del correato y sus innumerables abusos de poder. Con el todo el poder en sus manos, hizo lo que le dio la gana. Y posiblemente entre lo más perverso que consiguió fue armar su Asamblea Nacional en la que sus fieles miembros actuaron sin darse cuenta de que simplemente no eran más que títeres.

Aún le quedan resabios de las ínfulas de dictador. Por eso pide (exige) que se archive el caso Balda, como si no se hubiese enterado de dos cosas: de que ya no es el dueño del país y de que en la Justicia hay nuevos jueces que reemplazaron a sus fieles servidores. Ahora deberá presentarse cada quince días en el consulado para testificar que no ha huido. ¡Qué gran herida a su enfermizo narcisismo!

Posiblemente el caso Balda se convierta en el punto de partida de la revisión de un sinnúmero de casos judiciales en los que Correa metió no solo sus manos sino su cuerpo entero. Posiblemente entre los casos emblemáticos que debería abordar la Justicia está el 30S creado a imagen de Correa con el único propósito de aparecer como el héroe de una maléfica conspiración y de poder acusar a todo inocente que se le cruzaba en el camino. Y desde esa heroicidad, él se atribuyó todos los poderes necesarios para perseguir, infamar y provocar enormes sufrimientos a gente inocente.

La vinculación de Correa dispuesta por la Corte Nacional de Justicia constituye el primer paso para ligarlo penalmente la gigantesca corrupción que asoló al país en casi todas las obras. El presidente Moreno no puede dejar hacer y dejar pasar. Él dispone de las cuentas del Estado, él sabe ya lo que costaron en verdad las carreteras, los puentes, los edificios, lo que se hizo con el dinero que el país entero dio para la reconstrucción de los pueblos de Manabí y Esmeraldas víctimas del terremoto. Correa recibió muchísimos millones que, por supuesto, no fueron invertidos en la reconstrucción.

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