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10 de Marzo del 2015
Ideas
Lectura: 9 minutos
10 de Marzo del 2015
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

Correa y la teoría psicoanalista
A nuestro querido presidente nadie se atreve a decirle que NO. Estos ocho años de gobierno se han caracterizado por la grotesca sumisión de sus colaboradores y la inaceptable condescendencia de los representantes de otras funciones de Estado hacia sus propios saltos de humor.

En la profundidad de nuestras mentes se encuentra una zona oscura conocida como ello o id. Este es  el reino de las pulsiones. Es aquella parte que dentro de todos nosotros alberga los pensamientos de los que nunca hablamos con nadie y que nos atemorizan de nosotros mismos. De acuerdo a Sigmund Freud, esta zona oscura es común a todos nosotros y es el lugar de donde vienen los deseos de matar, abusar de los demás, lastimar e incluso cometer canibalismo (Freud habló de todo eso, mire usted). La razón por la cual la mayoría de nosotros no hacemos estas cosas está dada en la construcción psíquica llamada super ego la cual constituye la zona de represión que nos ayuda a no dejarnos llevar por los impulsos de la sombra que anida en nuestro inconsciente. El super ego no es una estructura natural, sino que es el resultado de elementos culturales, sociales, y normativos que permiten a los individuos ir más allá de los deseos elementales y lograr conectarse con el "principio de realidad". Estamos cuerdos (si es que lo estamos) en parte gracias a este sistema auto represivo en nuestras estructuras psíquicas.

Tomemos el ejemplo de un niño de tres años. Cualquier niño perfectamente normal. Una criatura de esta edad está descubriendo el mundo, quiere experimentar, y también es un desbordante manantial de pulsiones psíquicas. El nene quiere lanzar piedras a los pajaritos, quiere meter las manos en el tomacorriente, desea degustar el sabor de las lombrices del patio. El guagua desea desafiar al gatito de la casa a una batalla épica y para ello trata de romper sus piernas usando una escoba; el niño quiere meter al pajarito de la abuela al horno microondas para ver que pasa; el pequeñuelo sueña con regir con mano despótica sobre sus hermanitos y exige a sus padres que le den las golosinas que anhela bajo pena de amenazas indecibles. Pero ante este torrente de deseos explosivos, los padres, responsables le contestarán una palabra mágica que ayudará al pequeño a constituir su estructura psíquica. Sus padres le dirán NO. Incluso de vez en cuando le darán algún jalón de orejas que al final de cuentas le ayudará a establecer un sistema mental que permitirá reprimir las zonas oscuras de su psiquis.

Necesitamos que nos digan NO. Necesitamos límites culturales, éticos, y sociales. Todas las culturas los tienen. La mente que no goza de estas restricciones sufrirá el desborde de su inconsciente y verá cómo el torrente de sus pulsiones florecerá causando graves lesiones a su salud psíquica. Hay varios ejemplos de sujetos que sufrieron penosos finales por haber desmenuzado la estructura represiva del super ego; los consultorios del señor psiquiatra o del amigo psicólogo están llenos de casos así, pero yo me remitiré a ejemplos pintorescos de la historia. Uno de ellos fue el emperador Romano Calígula (sucesor de Tiberio). Este alcanzó tal poder tras haber menoscabado al senado, que rápidamente empezó a confundir sus propios deseos y delirios con la ley del imperio. Calígula se dejó llevar por sus propias pulsiones, y desde luego nadie se atrevía a decirle NO. Su reinado se caracterizó por ejecuciones terribles, torturas monstruosas, desmanes épicos y desde luego el rápido deterioro de la mente del emperador, quien en una ocasión declaró la guerra al mismísimo océano. Encendido de la pasión de su propio inconsciente, Calígula no tardó en mantener amoríos estridentes con su propia hermana, poco a poco se dejó llevar por sus impulsos "animales" hasta el punto de nombrar a su propio caballo cónsul de Roma.

Existen otros ejemplos, bastante menos artísticos que el del risueño emperador romano. La nauseabunda junta militar argentina, encabezado por el general Videla, también sucumbió ante las mieles de las pulsiones. Nadie se atrevía a decir NO a los militares y pronto estos embarcaron a su país en una épica sinfonía de muerte, tortura, violaciones y vejámenes. Varios torturadores increpados en los procesos de "Juicio a las Juntas" durante el gobierno democrático de Alfonsín, estremecieron al jurado cuando confesaron que llegaron a sentir placer torturando y humillando a sus víctimas.

Otro ejemplo de un líder a quien nadie se atrevió a decir NO, es Idi Amín. Un feroz matón de barrio que convirtió a la antes próspera Uganda, en una piscina de sangre y vísceras. A Idí Amín no había nadie que le pudiera contradecir. Su voluntad, sus deseos, y sus caprichos, eran la ley en aquel devastado país africano. Como consecuencia de ello la mente del general se empezó a deteriorar. No era raro verlo en el salón delirando en transes extáticos mientras degustaba una suculenta parrillada de mano humana (Idi Amín era conocido por su canibalismo).

A los niños hay que decirles que NO, para que su psique se forme de manera saludable y no terminen conversando con elefantes voladores. Pero los adultos también necesitan que se les diga NO, para que tengan claro el "principio de realidad", de lo contrario dejarán que sus deseos, miedos, obsesiones y antojos lleguen a  reemplazar el mundo tangible, y pierdan contacto con la realidad. Lo que escribo no es una ironía, un chiste o una manera de molestar a nadie. Simplemente hablo de varios elementos básicos en la teoría psicoanalítica.

A nuestro querido presidente nadie se atreve a decirle que NO. Estos ocho años de gobierno se han  caracterizado por la grotesca sumisión de sus colaboradores y la inaceptable condescendencia de los representantes de otras funciones de Estado hacia sus propios saltos de humor. De este modo el presidente ha llegado a creer que su voluntad, caprichos, miedos, u obsesiones, deben traducirse en leyes, decretos o políticas. ¿cree que exagero? Tomemos como ejemplo la ley de Comunicación, esta normativa incluye frases literalmente salidas de los berrinches de Correa, así pues la expresión "linchamiento mediático" (art 26) fue tomada directamente de las imprecaciones histéricas de Correa frente a los medios que le exasperaban.

Desde luego hay cientos de otros ejemplos, y en todos esos casos la nueva élite política ha hecho de todo para no contradecir al líder. Durante la redacción de la Constitución de Montecristi, por ejemplo, parte del ala más progresista de la Asamblea trató de intervenir en los excesos de fuerza que se dieron sobre la comunidad de Dayuma, pero Correa amenazó con renunciar si esto pasaba y la Asamblea en un acto de sometimiento apabullante obedeció al líder, y mantuvo esta dinámica durante el régimen de transición. La Actual Asamblea Nacional es heredera de este espíritu sumiso.

La nueva élite política ecuatoriana, es decir, aquellos que definitivamente agencian espacios de poder en varias instituciones públicas y en diversas funciones de Estado (tenemos cinco), hará todo lo que esté a su alcance para cumplir milimétricamente las exigencias del líder. Hemos visto de todo, desde ecologistas radicales que se han tenido que tragar amargamente sus ideales para no importunar al mandatario, hasta feministas radicales que ahora mismo están viendo para otro lado mientras la salud de las mujeres es sometida a una mitología ética medieval.

En este punto valdría que regresemos a nuestro ejemplo del niño de tres años. Imaginemos solo por un momento lo que pasaría si sus padres, cuidadores, o profesores dieran rienda suelta a todo cuanto este exigiera sin decirle que NO jamás. Les aseguro que en menos de un  día el pequeño acabaría sufriendo las consecuencias de haber tratado de meter las manos en el toma corriente, o de haberse transado a un épico combate de lucha libre con el gato sobre el tejado. Con el pasar de los años el pequeño terminaría confundiendo sus propios deseos con el mundo que le rodea, alejándose paulatinamente del "principio de realidad". Entonces sería tarde, habría perdido la razón.

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