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23 de Agosto del 2017
Ideas
Lectura: 4 minutos
23 de Agosto del 2017
Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Correístas enloquecidos
El Vicepresidente ya no transmite ni siquiera una presunción de inocencia respecto de sus propios actos. Echa mano de argumentos tan burdos que parecen un insulto a la inteligencia. O un deseo secreto por autoinculparse. Por ejemplo, negar la relación con su tío o sugerir la renuncia conjunta con el Presidente Moreno por los casos de corrupción investigados. Es obvio que Glas confía únicamente en la venalidad de jueces sumisos que seguramente le deben favores.

Alianza PAIS está siendo carcomido por la transparencia. Cada reparación que intentan en el desvencijado edificio de la corrupción es demolida por nueva información. Ni bien apuntalan un frente, otra estructura del edificio se desploma.

En su desesperada reacción para blindar a sus principales figuras políticas, los correístas no contaron con un factor imprevisto: el flujo extraoficial de información. Acostumbrados a una década de férreo control informativo, hoy no saben qué hacer con tantos sobresaltos. Les faltan dedos para tapar los agujeros de la represa.

En tales circunstancias, al oficialismo le resulta imposible diseñar escenarios. ¿Cómo prever algo que está completamente fuera de su control? Por eso, el itinerario de los escándalos de corrupción ha sido impredecible (para todos, no solo para ellos; hay que reconocerlo). Con el aditamento de que la desconfianza generalizada provoca más confusión. Cada quien se guarda una porción del libreto por interés o por precaución. Y la saca el rato menos pensado. Tal como ocurrió con la repatriación de Capaya a escondidas del Fiscal General de la Nación.

En principio, se supone que Lenín Moreno tiene la sartén por el mango en el destape de la corrupción. A fin de cuentas, es el Primer Mandatario. Pero no hay total certeza al respecto. La filtración de información confidencial para favorecer a los prófugos, por citar solo un aspecto, siembra demasiadas dudas sobre la capacidad de controlar la propia casa. No se diga con la información que proviene de fuentes internacionales, particularmente de los medios de comunicación independientes.

Esto explica la torpeza con que los jerarcas verde-flex se han movido en los últimos meses. Concretamente, desde que estallaron los casos de Petroecuador y de Odebrecht. Nadie en Alianza PAIS sabe cuándo ni por dónde reventará la próxima mina. Ni quietos ni movidos están a salvo. Y las metidas de pata se multiplican, son cada vez más desvergonzadas. Como el viaje a Bélgica de la comisión “mediadora”. A menos que hayan ido a inyectarle Valium al ex Presidente, no se entiende qué tienen que hacer que no puedan hacerlo por teléfono. O por tuiter, para estar más a tono con el momento.

A más de la información, otra rueda suelta puede ser la justicia. ¿Cuánta certeza tienen los correístas de controlar a jueves y fiscales una vez que se rompió el hechizo? El amague de Jorque Glas de someterse a la justicia ordinaria es, por eso mismo, una apuesta riesgosa. Algunos administradores de justicia están rebelándose. Ya aparecen advertencias.

Por su parte, el Vicepresidente ya no transmite ni siquiera una presunción de inocencia respecto de sus propios actos. Echa mano de argumentos tan burdos que parecen un insulto a la inteligencia. O un deseo secreto por autoinculparse. Por ejemplo, negar la relación con su tío o sugerir la renuncia conjunta con el Presidente Moreno por los casos de corrupción investigados. Es obvio que Glas confía únicamente en la venalidad de jueces sumisos que seguramente le deben favores, a él o a su principal protector.

El problema que enfrenta el correísmo siguen siendo las bombas informativas y la fuerza de las evidencias. Hay momentos en que ni el mejor de los amigos puede encubrir la podredumbre. Porque el sistema de corrupción que se montó durante el correato funcionó exitosamente mientras las piezas del rompecabezas encajaban. Mientras sus mentalizadores y operadores podían colocarlas o manipularlas a su antojo. Hoy, varias piezas se han extraviado, y otras están trastocadas. Los jerarcas del correísmo no saben cómo rearmar el rompecabezas de la corrupción y del control político. Están desorientados. Enloquecidos.

 

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