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27 de Mayo del 2015
Ideas
Lectura: 4 minutos
27 de Mayo del 2015
Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Corrupción: el sacrificio verde flex
Que la corrupción campea en el país no es un simple rumor que va de boca en boca de la gente. Ya lo advirtió el Contralor hace seis años, y lo confirma la interminable lista de informes de Contraloría atascados entre la maraña de una ineficiente Fiscalía General. Hay analistas políticos que incluso sospechan que el gobierno de Alianza País es el más corrupto de la historia nacional; por duración y por abundancia.

Hace 36 años, en medio de la euforia revolucionaria que invadía Nicaragua, un amigo sandinista me contaba que a Tacho Somoza le atribuían una célebre frase: “En este país nadie roba… sin la autorización del jefe”. Supongo que la expresión debe ser mucho más antigua y conocida que la del episodio en mención, y dudosamente atribuible a un personaje tan rústico y simplón como Somoza. Más le calzaría, por ejemplo, a Porfirio Díaz. Pero con toda seguridad forma parte del repertorio político de la interminable caterva de tiranuelos, caudillos mesiánicos, líderes autoritarios, déspotas, presidentes populistas, mandatarios corruptos, etc. que han plagado de males y desgracias a los países de nuestra atribulada región. Es la consagración de la corrupción como canon del ejercicio del poder.

Como todo dios monstruoso, la corrupción requiere de sacrificios periódicos; por eso los regímenes necesitan practicar ofrendas rituales que lo apacigüen, que sacien su voracidad y eviten desbordes. Y qué mejor si los inmolados provienen de las propias filas de los inmoladores, si son los vástagos predilectos del rey o las jóvenes más amadas por la comunidad. Es el Isaac de Abraham, la Ifigenia de Agamenón, las doncellas de La consagración de la primavera. Estos sacrificios son la confirmación irrefutable de la consecuencia y la sumisión de los verdugos.

Los ejemplos de sacrificios políticos sobran en la historia de la humanidad. Con frecuencia, las luchas intestinas por el poder buscan ejemplificar en un rival sacrificado los vicios que pretenden expiar y ocultar aquellos que permanecen. En otros casos, son los chivos expiatorios de la coyuntura los que cargan con la ignominia y el castigo. Rara vez son inocentes; más bien son la parte más delgada de la cuerda. De cualquier manera, se trata de medidas quirúrgicas extremas para restablecer el control político y sanear una imagen deslustrada del poder.

Que la corrupción campea en el país no es un simple rumor que va de boca en boca de la gente. Ya lo advirtió el Contralor hace seis años, y lo confirma la interminable lista de informes de Contraloría atascados entre la maraña de una ineficiente Fiscalía General. Hay analistas políticos que incluso sospechan que el gobierno de Alianza País es el más corrupto de la historia nacional; por duración y por abundancia.

Que el Ecuador está viviendo una situación que, penosamente, se parece demasiado a las experiencias arriba descritas lo confirma la fulminante excomunión aplicada por el gobierno a una asambleísta esmeraldeña de Alianza País. La execración tiene más de escarmiento que de justicia, y deja algunos interrogantes. Veamos.

¿Por qué ha existido total desidia desde el gobierno para actuar frente a los innumerables casos de corrupción denunciados desde distintas fuentes sociales y periodísticas independientes, mientras se actúa con tanta premura y severidad en un caso que aparece por iniciativa oficial?
¿Por qué luego de ocho años se reprende con tanta alharaca un caso menor de corrupción, cuando han existido casos más graves y escandalosos?
¿Por qué se lo hace justo unas semanas antes de la visita del Papa?
¿Por qué no se investiga con similar acuciosidad el inocultable incremento de fortunas y patrimonios que se ha producido en estos ocho años de correísmo?
¿Cuántos más serán arrojados a las fauces de un monstruo que se ha convertido en el principal azote político de todos los gobiernos latinoamericanos?

Por ahora, muchos funcionarios de gobierno y dirigentes correístas tendrán que poner las barbas en remojo.

 

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