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19 de Junio del 2017
Ideas
Lectura: 6 minutos
19 de Junio del 2017
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

Corrupta y corruptora
El pretexto de la “rendición de cuentas” era un disfraz para maquillar la estrategia de campaña política permanente porque no se necesita de un despliegue como el utilizado para que el presidente calumnie a sus críticos y cuente, en señal abierta, lo que comió durante sus recorridos. Así, el presidente Correa se convertía en el actor político con mayor presencia, pero también en el más predecible.

El presidente Moreno sorprendió a todos desde sus primeros días. En su discurso de posesión presidencial ofreció acabar con las sabatinas. Dijo que utilizaría otras formas de comunicación y así ha sucedido. Son los hechos los que hablan por él.
En estas primeras semanas de gestión, el flamante primer mandatario ha conseguido posesionarse en los medios, en las noticias y en la opinión pública como alguien que encara la corrupción en un clima de diálogo. Los principios son sencillos y las consecuencias muy útiles. Todos quedan contentos. Pero esto no es más que una luna de miel, un periodo de tregua política cuyos resultados todavía están bajo la lupa.

Las sabatinas tenían un gran defecto: marcaban las agendas noticiosa y política. El ex presidente Correa daba órdenes todas las semanas y delataba a sus próximos adversarios. El pretexto de la “rendición de cuentas” era un disfraz para maquillar la estrategia de campaña política permanente porque no se necesita de un despliegue como el utilizado para que el presidente calumnie a sus críticos y cuente, en señal abierta, lo que comió durante sus recorridos. Así, el presidente Correa se convertía en el actor político con mayor presencia, pero también en el más predecible.

El presidente Moreno no quiere ser predecible. Parece que quiere no desgastar innecesariamente su imagen en confrontaciones estériles y prefiere utilizar el recurso de la comunicación gubernamental solo en lo necesario. Moreno quiere medir sus palabras.

Quien mucho habla, mucho se equivoca; y el presidente Correa, por su perfidia innata, está enlodado hasta la coronilla. Antes de irse, sin ninguna vergüenza, llegó a decir que ellos, los correístas, son los responsables de la corrupción. ¿Alguien abrió alguna investigación criminal por esto? No.

En su posesión, Moreno prometió luchar frontalmente contra la corrupción, “la presente, la pasada y la que pudiera venir”, dijo. ¿La presente, la pasada, la que pueda venir?

Odebrecht, la empresa constructora involucrada en decenas de escándalos de corrupción en la región y todo el mundo, es acusada hoy por los principales voceros del correísmo de ser “corrupta y corruptora”. ¿Y los corrompidos? ¿Y funcionarios que antes fueron premiados y que ahora son señalados e involucrados? ¿Y los responsables de nombrarlos? Según esta versión, que es dicha con extraña insistencia, la empresa llegó a corromper a los nobles revolucionarios que no pueden ser considerados como los responsables por esta terrible perversión. Según el “mito del buen salvaje” del siglo XV, los ingenuos pero buenos nativos de las américas estaban listos para ser inducidos con éxito en la doctrina católica por la candidez de sus almas.

Haciendo una reinterpretación, para el mito del buen correísta, la perversa Odebrecht infiltró durante años y desde 1987 a decenas de funcionarios para corromper el sistema, cuya descomposición actual es consecuencia de todos estos esfuerzos de putrefacción progresiva. Según esta defensa, los actuales corrompidos no eran realmente revolucionarios sino traidores e infiltrados, y los responsables de esos nombramientos son nobles e ingenuos políticos que, aunque participaran directamente en la suscripción de los contrarios y gestión de millonarios presupuestos, jamás se enteraron, por la candidez de sus almas, de las intenciones podridas de estos corruptos y corruptores.

De esta forma, los responsables políticos no son responsables. Fácil. Son víctimas y patriotas.

Los funcionarios corrompidos y los responsables de nombrarlos no son culpables de nada. Ellos y ellas, revolucionarios y revolucionarias, son tan víctimas, como todos los ecuatorianos, de una persecución que busca desestabilizar el sistema democrático y dar un golpe de estado. Entonces reaparece la mentira populista de la lucha entre los buenos y los malos que busca diluir todas las ofertas de transparencia detrás de un complot ficticio de las grandes transnacionales que se enfrentan éticamente en contra de nuestros incorruptibles revolucionarios, bajados de las altas cumbres del Monte Olimpo. ¿Alguien puede creerles?

Diluir las actuales denuncias de corrupción en las amarillentas páginas de la historia política, hasta señalar a los subalternos caídos en desgracia como los traidores, infiltrados y principales responsables de la corrupción intenta esconder detrás de este juego de palabras a los auténticos peces gordos de Odebrecht en Ecuador.

¿Para eso el presidente Moreno quiere pocas apariciones públicas? ¿Será que busca evitar, después de cierto tiempo, dar explicaciones sobre sus propias ofertas? 

El reloj continúa su marcha y a Moreno le queda poco tiempo para cumplir con lo que ofreció en materia de persecución a la corrupción actual. Demorar sería un síntoma de complicidad cuyas sospechas podrían tener su principal termómetro en las calles.

@ghidalgoandrade

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