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31 de Enero del 2018
Ideas
Lectura: 11 minutos
31 de Enero del 2018
Gustavo Isch

Consultor político, experto en campañas electorales. 

CRACK, Rafael
El costoso aparato de seguridad que lo protege ha sido insuficiente para mantenerlo invulnerable frente a los desaires recibidos, y más bien ha protagonizado incidentes y agresiones a manifestantes; incluso un intento de allanamiento a una vivienda privada para “castigar a los insolentes” tirahuevos, liderado por el propio Correa fue evitado por la policía y la comunidad.

CRACK. Seco, bajito, casi imperceptible. Al sonido del huevo al quebrarse en su cráneo, le siguió la sensación húmeda y pegajosa del contenido que se esparció en el cuero cabelludo, apenas un par de dedos arriba de esa frente radiosa, que más que el sol contemplamos lucir durante la década pasada.

El 21 de enero de 2018, toda la “majestad del poder” que con tanta dedicación y prepotencia exhibió durante su mandato el expresidente ecuatoriano Rafael Correa, fue exorcizada gracias al primer huevazo arrojado con sorprendente puntería por algún habitante de Borbón, una de las localidades más pobres de la provincia de Esmeraldas.

El hecho fue captado por la videocámara de un teléfono móvil cuyo dueño registró los breves segundos en que Correa recibe el proyectil y se limpia la frente con un pañuelo. Segundos eternos que a lomo de las redes sociales se transformaron en un interminable testimonio viralizado a nivel nacional e internacional, el cual disparó sucesivos actos de rechazo de creciente intensidad, en otras ciudades del país.

A su paso, la caravana correísta promotora del NO en la consulta popular, ha recibido una lluvia de huevos y otras manifestaciones de repudio de algunos sectores ciudadanos. De igual modo, en Cuenca, Santo Domingo y Quinindé, Correa ha sido cercado por gente que acude a renegar de su presencia cuando se encuentra en radiodifusoras donde es entrevistado.

El costoso aparato de seguridad que lo protege ha sido insuficiente para mantenerlo invulnerable frente a los desaires recibidos, y más bien ha protagonizado incidentes y agresiones a manifestantes; incluso un intento de allanamiento a una vivienda privada para “castigar a los insolentes” tirahuevos, liderado por el propio Correa fue evitado por la policía y la comunidad reunida en la calle.

Correa, cual patético corsario, atraviesa penosamente una geografía que no acierta a entender, a bordo del balde del camión preparado para que cante, baile y perifonee alegremente en el país imaginario que creyó encontrar en su recorrido; se protege con paraguas y escudos de madera, de la gente que una década atrás lo aclamaba como un héroe redentor.

En el cantón La Maná, el 24 de enero, se produjo la más emblemática de todas las huevizas: “la caravana de la vergüenza” como llaman muchos a la troupé correista, no recibió alimento divino caído del cielo, sino una lluvia de huevos puestos por gallinas terrenales, y arrojados por las manos de ese pueblo al que los políticos populistas acuden eventualmente para convencerlos de que son “la Voz de Dios”. Cruda recreación ecuatoriana del pasaje bíblico al que se debe el nombre de esa localidad.

Sin embargo, los hechos registrados el 31 de enero en Quinindé prendieron las alertas de todos, cuando enardecidos ciudadanos cercaron a Correa en Radio Magia, impidiéndole salir durante varias horas, y brandearon su vehículo con huevos, basura y aerosol. El hecho se difundió masivamente y evidencia que el clima de tensión entre la población y el exmandatario llegó a su punto crítico justo al finalizar la campaña. Correa ya no es ni la sombra de lo que fue. Tampoco el país es el mismo. 

CRACK.

Dos semanas antes de que Ecuador acuda a las urnas para elegir entre votar SÍ o NO en las 7 preguntas de la Consulta Popular convocada por el presidente de la república, Lenín Moreno, se registraba un porcentaje flotante de indecisos. Este dato escondía en las encuestas el voto vergonzante que proviene del debilitado voto duro de Correa, y de él podrían formar parte caciques cantonales y ciertos alcaldes o funcionarios del Estado que, pese a ocupar cargos públicos, trabajan velada o abiertamente para sus propios intereses personales y políticos.

De ser ciertas denuncias que circulan en redes sociales y testimonios de algunas personas, estos funcionarios, a través de operadores en territorio habrían administrado una quinta columna para promover en sectores populares una campaña sucia para engañar y confundir a los menos informados.

Tal posibilidad no sería nada extraña, si recordamos cómo el tejido de propaganda correísta actuaba en su tiempo de vacas gordas por medio de la red de maestros y la red de salud, para desplegar su catequesis de adoctrinamiento político.

Al cierre de la campaña, este voto oculto o indeciso se habría debilitado sustancialmente, tal como se evidencia en los datos estadísticos que anticipan una victoria holgada del SÍ en las 7 preguntas. Según coinciden todas las estadísticas levantadas el SÍ lleva una cómoda ventaja frente a la tendencia del NO; en promedio, la intención de voto afirmativo bordeaba el 75% de electores según los datos que podían ser difundidos legalmente.

La gente, en general, no vota por razones, lo hace movida por sentimientos. La virtualidad de una campaña consiste en comunicar de manera simple un mensaje claro y delimitar un contexto entre lo que conviene o no conviene elegir a un votante. A veces esta operación se vuelve compleja por el contexto político, por la inexperiencia de los comunicadores, por el errático asesoramiento a los líderes en disputa, por el peso del líder en campaña, y hasta por eventos inesperados.

También se encuentran campañas brillantes, que cuentan con recursos suficientes, un líder adecuado, y una estrategia técnicamente eficaz; y en este escenario los avatares o hechos inesperados también pueden causar sorpresas. En Ecuador la historia registra el caso de la consulta popular formulada por Febres Cordero en 1986 perdió, pese a que de inicio contaba con el voto favorable de 7 de cada diez personas. Su ventaja inicial de 70% en las encuestas al final se trocó en una victoria para sus adversarios quienes explotaron la animadversión ciudadana contra el autoritario gobernante.

En la campaña de la Consulta Popular de 2018, la llegada de Correa y su personalidad agresiva y desbocada fue el mejor regalo para quienes hicieron campaña por el SÍ; fue la cereza en el pastel de una estrategia en apoyo a la consulta que apostó por el futuro y la esperanza. Sin proponérselo, Correa, el gran tarimero, el incansable showman acostumbrado a explotar al máximo el contacto directo con su público creyente o el aglomerado desde las entidades públicas controladas por su gobierno, se estrelló contra sí mismo; la polarización política de su presencia física se intensificó esta vez en su contra, tal como calcularon estrategas de campaña por el SÍ.

CRACK.

El desgaste de Correa en el gobierno, las denuncias de corrupción contra sus funcionarios y allegados de su régimen terminaron pasándole una cara factura. Ya sin ostentar el cargo de presidente, atrincherado en un ático en Bélgica desde el que tuiteaba desesperadamente mensajes para denostar al presidente Moreno y para marcar la agenda pública como acostumbraba, la dimensión de su omnímodo poder se minimizó a su más baja expresión.

Su modelo autoritario y la corrupción e impunidad que generó, desfiguraron todo proyecto de cambio positivo que originalmente pudo haber acunado la llamada “revolución ciudadana”.

La consulta popular del 2018, fue y es, independientemente de su resultado, una consulta ciudadana; no le pertenece al presidente de la República que bien ha hecho en decirlo públicamente, ni a ningún dueño de partido; más bien habrá que evaluar desde la sociedad el rol calculador y ambiguo jugado por la mayoría de actores políticos tradicionales, que prefirieron apoyarla de lado, a último momento, en un tonto cálculo sesgado por el temor de acercarse demasiado a Moreno, o por la posibilidad de que en la Consulta pierda el SÍ.

La democracia que queda luego de una década de Correa es una democracia partida en pedazos. Pero la resistencia a sus excesos autoritarios logró juntar, a la postre, los fragmentos de la institucionalidad secuestrada y las libertades violentadas, para restablecerlos a partir de este 4 de febrero, gracias a la lucha tenaz de muchísimos ecuatorianos en defensa del empleo, las libertades de expresión y prensa, la transparencia, la sensatez. Esta consulta es una oportunidad para recuperar la democracia y es un triunfo de los que no bajaron los brazos y siguieron produciendo, trabajando, pagando impuestos. La democracia que vendrá a partir del próximo domingo será la que todos construiremos a partir de los resultados del plebiscito.

El Correa que se desgaja luego de este tramo de nuestra vida republicana, es el que todos contribuimos a llevar hasta Carondelet en el 2007; el que el 30 de septiembre de 2010 se abrió la camisa, mostró el pecho, y retó a que algún policía lo matara, durante un intrascendente amotinamiento que luego la propaganda y la irresponsabilidad transformaron en un bodrio de proporciones épicas; pero nunca más será el mismo Correa que en enero del 2018, terminó huyendo de la ciudadanía en Quinindé, en un auto blindado bañado por basura, huevos y grafitis, y protegido por policías compañeros de aquellos que años atrás persiguió sin tregua, acusándolos de intento de magnicidio.

La onomatopeya del ruido que hace un huevo al romperse se escribe y suena igual para todos. ¿Cuál es el sonido que hace una persona al quebrase?

Ninguno. Por eso es sobrecogedor.

CRACK, Rafael.

[PANAL DE IDEAS]

Rodrigo Tenorio Ambrossi
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Gabriel Hidalgo Andrade
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