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17 de Noviembre del 2021
Ideas
Lectura: 4 minutos
17 de Noviembre del 2021
Ernesto Carrión

Escritor

Los crímenes de Bartow
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La experiencia del viaje promete y cumple. El narrador y su pareja aterrizan en los Estados Unidos, y comienzan a moverse por la carretera hacia puntos relevantes de la historia, entrando en contacto con personas y sitios que están liados con los crímenes. Así va generándose la atmósfera de un thriller sostenido por capítulos breves y eficaces que obligan al lector a continuar, a no soltar las riendas.


Como si asistiéramos al desarrollo de una impactante serie (cual True detective de HBO), esta nueva obra de Óscar Vela pone en evidencia el modo en que el periodismo y la literatura consiguen ensamblar buenas historias.

Desde las primeras páginas el lector es sumergido en una niebla cinematográfica, que va dispersándose de a poco en los detalles que se nos entrega de los crímenes, de algunos personajes involucrados y de los espacios físicos donde tiene lugar este drama sin ficción sobre Nelson Serrano. Un ecuatoriano que, actualmente, es el prisionero más longevo del corredor de la muerte en los Estados Unidos. Acusado de cuatro asesinatos ocurridos en diciembre de 1997 en las oficinas de la empresa Erie Manufacturing, de la que había sido socio.

La experiencia del viaje promete y cumple. El narrador y su pareja aterrizan en los Estados Unidos, y comienzan a moverse por la carretera hacia puntos relevantes de la historia, entrando en contacto con personas y sitios que están liados con los crímenes. Así va generándose la atmósfera de un thriller sostenido por capítulos breves y eficaces que obligan al lector a continuar, a no soltar las riendas.

Igual que en A sangre fría de Truman Capote, vemos la carretera y sentimos el frío. Igual que en El adversario de Emmanuel Carrère, nos retorcemos en la violencia de unos actos salvajes que transparentan las bajezas humanas y la ambición. Nos sumergimos con las dudas del narrador sobre estos crímenes atroces. Revisamos con él las evidencias y las mal llamadas evidencias. Nos convencemos también de que cualquier absurdo puede convertirse en herramienta para justificar la injusticia en una sociedad racista y dominada por Estúpidos Hombres Blancos. Y miramos el sol, un sol americano desapareciendo y apareciendo en el horizonte mientras ocurren otros desplazamientos.

Gracias a observaciones del pasado de este país, que hace el autor, entendemos finalmente que la historia –como escribió John Berger– siempre es historia contemporánea. Y que la nacionalidad es un dolor y un pretexto. Sobre todo cuando se trata de ser juzgado por la nación más poderosa del mundo.

El narrador y su pareja aterrizan en EE.UU, y comienzan a moverse por la carretera hacia puntos relevantes de la historia, entrando en contacto con personas y sitios que están liados con los crímenes.

Además de manifestar los entretelones del sistema judicial de Florida, de los vicios de su sistema, el narrador (que es el mismo abogado Óscar Vela) se embarca en la empresa de buscar un nuevo juicio para Nelson Serrano. Su compromiso por la justicia se desborda en un montón de páginas, al igual que su frustración.

La visita a Nelson Serrano ayuda al lector a entender la naturaleza de un ser humano que vive suspendido, esperando la muerte. Su carácter, fuerte e inocente en toda su transparente parquedad, pone en evidencia ese gesto terco de quienes esperan con paciencia por la justicia. O de aquellos que no piensan morir de rodillas porque han hecho de la libertad mental su único estado. Quizás, como lector, esa es una de las mayores intrigas para mí. La de un hombre condenado a muerte por crímenes que no cometió y que, sin embargo, no piensa bajar su cabeza ante nadie ni ha perdido la energía. Un condenado que encuentra paz y fuerza en un lugar ajeno al mundo.

Con Los crímenes de Bartow, Óscar Vela vuelve a poner en manos del lector una obra sin ficción. Algo que había trabajado ya en novelas anteriores suyas como: Náufragos en tierra y Ahora que cae la niebla. Se ubica en el rol de arqueólogo o forense del pasado y presente. Y permite a la literatura ecuatoriana abrir otro espacio donde sumar debates y expectativas contemporáneas.

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Los crímenes de Bartow
 
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