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25 de Noviembre del 2018
Ideas
Lectura: 14 minutos
25 de Noviembre del 2018
Decio Machado

Sociólogo y periodista. Consultor y analista político. Coordinador de los seminarios de Geopolítica en América Latina organizados por la Fundación ALDHEA en distintas universidades latinoamericanas.

Crisis ¿What Crisis?
Analizando el funcionamiento del sistema capitalista global durante las últimas cuatro décadas nos encontramos con que desde 1982 han estado bajando de forma sostenible los tipos de interés a escala planetaria. Eso propició que el mundo viviera una etapa de prosperidad sin precedentes, pero por otro lado impulsó que la deuda global se triplicara respecto al PIB planetario.

Desde los textos de los Grundisse de Karl Marx (no se asusten señores neoliberales, últimamente hasta Francis Fukuyama o The Economist reivindican los diagnósticos de aquel sabio y combativo barbudo respecto a los defectos del capitalismo) ya sabemos que las crisis cíclicas son una ley inherente al sistema capitalista.

Las burbujas financieras y las crisis capitalistas se vienen repitiendo desde 1637, cuando el precio de un bulbo del tulipán en Holanda llegó a valer lo mismo que una vivienda, y de forma indiscutible desde 1825, cuando la primera auténtica crisis de sobreproducción internacional golpeó al planeta.

La lista de fallos generalizados en las relaciones económicas y políticas de reproducción capitalista es larga: tras 1637, sobrevino en 1720 la llamada Burbuja de los Mares del Sur y toda Europa entró en recesión; en 1797 tuvo lugar una burbuja del suelo en Estados Unidos y la retirada masiva de depositantes de bancos británicos, lo que generó un nuevo crack económico a ambos lados del Atlántico; en 1819 los bancos estatales estadounidenses emitieron amplios préstamos a agricultores, lo que fomentó una burbuja especulativa que determinó que muchos bancos quebraran cuando los prestamistas no pudieron atender sus obligaciones financieras; en 1837 la retirada de fondos del gobierno de los Estados Unidos en el Second of the United States provocó una nueva crisis de cinco años de duración; en 1857 la quiebra de la Ohio Life Insurance and Trust Company combinada con la crisis del sector ferroviario norteamericano y el hundimiento de un barco cargado de oro camino de Nueva York, generó una nueva convulsión económica con fuerte impacto global; en 1873 se dio la (primera) Gran Recesión; en 1884 quebraron entidades financieras como Grant and Ward, Marine National Bank y Penn Bank, generándose un efecto dominó en Wall Street; en 1901 tuvo lugar el primer crack de la bolsa de Nueva York; en 1907 sucedió el llamando “Pánico de los Banqueros”; en 1929 sucedió la (segunda) Gran Depresión; en 1937 tuvo lugar la denominada “Crisis Olvidada”; en 1973 la Crisis del Petróleo; en 1987 el “Lunes Negro”; en 1994 el “Efecto Tequila”; en 1997 la crisis financiera asiática; en 2000 la burbuja “Puntocom”; y en 2008 la crisis de las “hipotecas subprime” conocida también como la explosión de la burbuja inmobiliaria.

El juego de las crisis del capitalismo es sencillo y se resume en un fragmento del diálogo entre Jeremy Irons -director general de una entidad financiera que se presupone es Lehman Brothers aunque sin nombrarla- y Kevin Spacey -un analista de riesgo subido de categoría en dicha compañía- en el largometraje Margin Call (2011) dirigido y escrito por J.C. Chandor, cuyo título en castellano es El precio de la codicia, donde el primero indica tras un despido masivo en la compañía:

Sientes tanta lástima de ti mismo que es insoportable… ¿Qué? Tú crees que hoy hemos dejado algunas personas sin trabajo y que no vale la penaPero tú llevas haciendo eso cada día hace ya casi 40 años. Y si esto no vale la pena, entonces nada lo valeEs solo dinero. Se fabrica. Trozos de papel con fotos para que no tengamos que matarnos para conseguir comida. No es malo y hoy no es diferente a lo que ha sido siempre: 1637, 1797, 1819, 37, 57, 84, 1901, 7, 29, 1937, 74… ¡1987! Aquel año sí que me jodió bien92, 97, 2000 y como sea que llamemos a este, es siempre lo mismo, una y otra vez, no podemos evitarlo. Y tú y yo no podemos controlarlo, ni pararlo, ni frenarlo. Como mucho alterarlo ligeramente. Solo reaccionamos. Ganamos mucho si lo hacemos bien y podemos perderlo todo si lo hacemos mal. En el mundo siempre ha habido y siempre habrá el mismo porcentaje de ganadores y perdedores. Ricos felices y pobres desgraciados. Peces gordos y perros hambrientos. Sí… Puede que hoy en día nosotros seamos más que nunca, pero los porcentajes son exactamente iguales”.

 

Pues bien, sin recuperarnos aún del último impacto -lo que tenemos en la actualidad es un ritmo de crecimiento muy inferior al de antes de la última crisis además de un incremento permanente de la desigualdad global y una tendencia generalizada al elevado desempleo-, los principales gurús de Wall Street ya prevén la llegada de la siguiente crisis el próximo año o lo más tardar en 2020.

Analizando el funcionamiento del sistema capitalista global durante las últimas cuatro décadas nos encontramos con que desde 1982 han estado bajando de forma sostenible los tipos de interés a escala planetaria. Eso propició que el mundo viviera una etapa de prosperidad sin precedentes, pero por otro lado impulsó que la deuda global se triplicara respecto al PIB planetario.

Los impactos de la última crisis generaron consecuencias múltiples, destacándose entre estas una profunda crisis de liquidez global que implicó grandes inyecciones de dinero en efectivo desde los bancos centrales de todo el mundo a los sistemas financieros privados. Tanto en Europa como en Estados Unidos se aplicaron programas de políticas de estímulo económico buscando dinamizar sus economías. Si bien es cierto que gran parte de los endeudamientos públicos globales fueron parte importante de los mecanismos dotados para la salida de la crisis de 2008, también lo es que serán el principal pilar de la próxima crisis global.

Visto desde esta perspectiva podríamos decir que, a diferencia de las anteriores, la crisis de 2008 tiene matices que la convierten en una crisis de carácter estructural. Los mecanismos de corrección aplicados para rearticular el equilibrio económico y superar la anterior etapa de recesión son los que generarán un fuerte colapso del sistema financiero global en la próxima recesión.

Larry Summers, quien ejerciera como secretario del Tesoro en la época de Bill Clinton y también como asesor del presidente Barak Obama ha llegado incluso a desarrollar la llamada tesis del “estancamiento global”. Según Summers, el tipo de interés de equilibrio en la economía habría bajado tanto que las políticas monetarias ultra-expansivas no son suficientes ya para estimular la demanda, llegándose a la conclusión de que el crecimiento a futuro es sólo posible mediante la generación de burbujas que tras estallar vuelven a generar una economía maltrecha.

La deuda global actual alcanza los 247 billones de dólares, tres veces el tamaño de la economía mundial, lo que hizo que Murray Gunn -jefe de investigación global de Elliott Wave International- declarara el pasado mes de septiembre que “las principales economías están a punto de sumergirse en la peor recesión que hemos visto en 10 años”.

Ante esto vale la pena fijarse en las dos principales economías del planeta.

En el caso de Estados Unidos, los datos de endeudamiento comienzan a ser alarmantes: la deuda de las familias alcanzan actualmente los 13,3 billones de dólares, una cifra superior a la de la crisis del 2008. Así los créditos universitarios superan notablemente los 611.000 millones que alcanzaron una década atrás, los créditos por compras de autos y los saldos de las tarjetas de crédito también han superado los montos de hace una década. Según Peter Schiff, broker y presidente de la corredora de bolsa Euro Pacific Capital, la próxima crisis “será mucho peor que la Gran Depresión de 1929, la economía de Estados Unidos está peor que hace una década” y esta estallará antes de que Donald Trump -y en Ecuador Lenín Moreno- termine su primer mandato.

En pocas palabras, la eleva deuda estadounidense no es más que el flujo de capitales con el que se ha alimentado el auge económico del país tras la crisis del 2008. Buscando correcciones, la Reserva Federal de los Estados Unidos ha incrementado desde diciembre del 2015 siete veces el precio del dinero y tiene previsto volver a hacerlo para la segunda mitad de próximo mes. El punto de inflexión llegará cuando comience la próxima oleada de impagos por parte de los prestamistas que, abrumados por el incremento de los tipos de interés, obligarán a que se reduzca el gasto público y los ingresos.

En paralelo, el sistema financiero de la República Popular China representa uno de los mayores riesgos a la estabilidad económica mundial. Según Mark Carney, gobernador del Banco Inglaterra, “China es una gran fuente de crecimiento para la economía global, un milagro económico, muchos aspectos positivos… pero al mismo tiempo, su sector financiero se ha desarrollado muy rápidamente y tiene muchas de las mismas hipótesis de antes de la última crisis financiera”.

El gigante asiático, según el departamento de estudios de Goldman Sachs, tiene ya una deuda total (pública y privada) que alcanza cuotas del 270% de su PIB (170% de las corporaciones, 60% del Estado y el 40% de los hogares). Esto hace que el PIB nominal chino esté por debajo del PIB real, es decir, gran parte de los nuevos préstamos no tienen como finalidad estimular la economía sino pagar otros préstamos adeudados.

Según la agencia de calificación Moody´s, el sector público -gobierno y empresas estatales- de China alcanzará un nivel de deuda equivalente al 149% del PIB a finales de esta década, unos 15 puntos porcentuales más que en 2017, debido a que las autoridades recurrirán a un mayor apalancamiento para sostener el crecimiento vía gasto público.

La gran grieta estructuralmente existente entre las necesidades reales de gasto de los gobiernos locales y regionales de China respecto a sus relativamente limitadas fuentes de ingresos generan que estos sigan siendo dependientes de las empresas públicas locales para financiar sus necesidades de infraestructuras. Esta situación provoca que dichas empresas representen el mayor porción de deuda oculta a nivel regional en China. Hay casos donde, según cálculos realizados por diversas agencias calificadoras de riesgo, la deuda real alcanza un monto 80% mayor al que se presentó como deuda oficial a finales de 2017.

En paralelo, el alto endeudamiento privado que enfrenta China es un problema grave que puede desembocar en un nuevo tsunami financiero global, pues su “banca en la sombra” ha crecido a niveles exponenciales y más de seis mil bancos subterráneos operan desde los trasfondos de su economía. Si bien el sistema financiero del país no está en riesgo, siendo más robusto que el de algunos de los países del Norte económicamente desarrollado, los préstamos ocultos en los balances de los bancos -esos que forman parte de las inversiones a corto plazo y entre los que aparecen los préstamos del sistema bancario en la sombra- se elevan a cerca de 35 billones de yuanes, más de cinco veces el volumen en dólares de préstamos de alto riesgo que tenía Estados Unidos al comienzo de la crisis financiera de 2008.

Para Marko Kolanovic, analista de la institución financiera JP Morgan, el crack de 2008 será el equivalente a un pequeño sobresalto comparado con lo que se nos viene próximamente encima, lo cual sucederá bajo la estructura de una gran crisis de liquidez que golpeará a los mercados y que derivará en una gran tensión social.

El desarrollo tecnológico derivó en que el mercado bursátil esté controlado por una serie de algoritmos que actúan de forma automática, lo que hará que cuando comience la próxima crisis las acciones se desplomen con mas violencia que nunca. En estas condiciones los bancos centrales no solo tendrán que comprar deuda soberana e inyectar dinero en sus economías, sino que se verán en la necesidad de hacerse con acciones de empresas claves.

Hablemos claro, quien salvó al sistema capitalista en la última recesión mundial fueron los Estados y sus bancos centrales. Esta condición se verá notablemente potenciada en la próxima crisis, momento en que los gurús del neoliberalismo en el Norte Global mutarán su discurso pese a que los apólogos de esta ideología fundamentalista en los países del Sur Global, Ecuador entre ellos, anden -como siempre tarde y a deshora- profundizando en narrativas sobre la no incidencia de los Estados en el mercado y la economía… ¿Es que acaso alguien todavía se cree el cuento del libre mercado en mercados globalizados que son cada vez más dominados y manejados por las grandes transnacionales norteamericanas, chinas y europeas?

[PANAL DE IDEAS]

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