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6 de Agosto del 2018
Ideas
Lectura: 5 minutos
6 de Agosto del 2018
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Los cuadernos del chofer
Pese a su corrupción, Néstor Kirchner murió en olor de santidad: Correa, uno de sus colegas en el poder y en la mafia, le erigió un monumento en el edificio de Unasur en la Mitad del mundo. El monumento debía servir a Kirchner de protector eterno ante cualquier sospecha. Kirchner, el honorable y virtuoso presidente, modelo a imitar por todos quienes hacen UNASUR.

Del agua mansa líbrame, Dios, que de la brava me libro yo. Durante más de 10 años una verdadera red diabólica de la corrupción se tejió entre algunos de los gobiernos de América Latina. Y se lo hizo con la inteligencia y suspicacia que se las encuentra solo en las grandes mafias delincuenciales. Una red en la que, parecería, una vez entrado en ella no existe ni punto de entrada ni de salida, como si se tratase de un dédalo construido para que la corrupción circule libremente en un subsuelo armado con un inmenso discurso de honorabilidad, de justicia y, en especial, de lucha contra la corrupción. Sin este cinismo del poder, imposible lo perverso político. 

Pese a su corrupción, Néstor Kirchner murió en olor de santidad: Correa, uno de sus colegas en el poder y en la mafia, le erigió un monumento en el edificio de Unasur en la Mitad del mundo. El monumento debía servir a Kirchner de protector eterno ante cualquier sospecha. Kirchner, el honorable y virtuoso presidente, modelo a imitar por todos quienes hacen UNASUR. Como parte de las estrategias para ocultar su corrupción, estos mandatarios armaron un coro encargado de fortalecer la santísima virginidad de los Kirchner (Nelson y Cristina) y la de cada uno de los presidentes sin ética entre los que Correa ocupa un lugar de privilegio. 

En Argentina lo han bautizado con un nombre absolutamente mágico: Cuadernos del chofer, un nombre más brillante que los famosos Panamá Papers en los que es demasiado obvio el peso político de lo corrupto. Estos ocho cuadernos del chofer nos trasladan de la mano a la célebre novela de Vargas Llosa: Los cuadernos de don Rigoberto. Es decir, nos llevan a un mundo de un misterio que incluso roza lo erótico y sensual: un famoso chofer anónimo en los bosques de la burocracia argentina recibiendo por doquier y trasportando millones de dólares entregados por un fatídico sistema de corrupción perfectamente bien organizado y maquillado por los Kirchner ya adueñados de Argentina. Realidad mágica. El matrimonio Kirchner posee el poder de convertir la virtud en podredumbre y la corrupción en virtud. 

Es absolutamente mágico que aquel chofer haya transportado metódica y silenciosamente a lo largo de muchos años más de doscientos millones de dólares de las coimas para los santos modelos de la política latinoamericana del socialismo del siglo XXI sin que nadie en la Argentina de las grandes sabidurías superiores de la oposición se hubiese dando cuenta. ¡Qué brujería habrán hecho los Kirchner para que la Argentina de las luces permanezca tan sospechosamente en las sombras del silencio y de la tolerancia! Todas las semanas, el chofer acudía a la Quinta de Olivos, residencia de los presidentes argentinos, para recibir instrucciones y las rutas de cobro previamente elaboradas con los Kirchner.

Este escándalo no aparece a la luz como efecto de investigaciones judiciales. El hallazgo de los Cuadernos del chofer es el producto de la investigación periodística del diario La Nación. ¿Por qué solo las investigaciones periodísticas descubren las rutas de la corrupción en el poder y no la justicia, como se esperaría? Basta recordar la infame guerra a la prensa libre por parte de Correa, el mártir infame de su 30S. 

La respuesta puede hallarse en la decisión perversamente patética de Rafael Correa, el presidente de las manos limpias y de los corazones ardientes. "Voy a meter mis manos en la justicia"lo dijo sin ambages. Con esa estrategia y con la justicia en su bolsillo, logró que el país entero quede a su libre arbitrio, autorizándose él sí a delinquir a plena luz del día mientras predicaba sin cesar un evangelio de la honorabilidad, exactamente igual que los Kirchner. 

La señora Kirchner se ha refugiado tras la inmunidad de su senaduría que, en su caso es impunidad. Correa se ha refugiado tanto en Bélgica como en todo lo que permanece oculto hasta hoy, porque, pese a los cambios, aun rige su justicia. Los correístas están hasta en la sopa del país, y Moreno ha hecho muy poco para descorreizarse lo que dificulta las investigaciones judiciales y la aplicación de una nueva y verdadera justicia. 

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