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9 de Diciembre del 2019
Ideas
Lectura: 4 minutos
9 de Diciembre del 2019
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

Cuando las élites dejan de representar a las personas
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La corrupción es un derivado natural de sistemas totalitarios, pues el control del aparato de justicia garantiza la impunidad, los corruptos no reconocen a personas reales afectadas por el saqueo al estado ya que no existe confrontación con sus víctimas o castigo de sus crímenes. La insensibilidad moral es necesaria para disfrutar el dinero robado.

Ucrania, septiembre de 1941, un barranco en las afueras de Kiev es el escenario de una masacre de 33 771 judíos en solo dos días, aproximadamente 1414 personas cada hora si suponemos jornadas ininterrumpidas de doce horas asesinando sin descanso. 

Los oficiales que participaron, gente como cualquier otra, aplacaron los efectos emocionales de convertirse en genocidas (el término se acuñaría al finalizar la guerra para explicar los asesinatos masivos) refugiándose en el alcoholismo. 

El jefe de las SS, Heinrich Himmler, intentó otras soluciones como introducir a las víctimas en la parte trasera de camiones y ahogarlos con el monóxido de carbono del tubo de escape, pero el proceso tardaba demasiado. Luego de varios experimentos se llegaría a un método más eficiente, el asesinato a través del uso de un pesticida muy potente, el Zyklon-B que podía matar en segundos con un paro cardíaco, en medio de dolor y convulsiones, la “solución final” al problema judío había llegado.  

La imagen de cientos de personas, sacudiéndose desnudas y golpeándose mientras el gas circulaba al interior de la cámara es aterradora, peor aún el reconocimiento de que personas comunes y corrientes pueden desconectarse moralmente y participar voluntariamente en un genocidio. 

Una situación puede modificar la conducta humana y transformar a cualquier persona en un asesino, incluso si su vocación es la del cuidado a otros como el caso de médicos y enfermeras, en la Alemania Nazi, que iniciaron con el programa de eutanasia; ellos creían que efectivamente matar a discapacitados físicos y mentales era una forma de contribuir con el proyecto nacional. “Pero también recibían recompensas materiales. Además de cobrar un sueldo adicional y una asignación, tenían acceso a, por ejemplo, un ‘centro de descanso’ en un castillo cerca de Salzburgo donde se servían comidas que no estaban al alcance de la población ordinaria sometida a severo racionamiento. Este tratamiento exclusivo contribuía a la sensación de formar parte de una élite". (Weale, SS).

Debemos recordar que el Holocausto como otras desgracias humanas comenzaron como ahora en el Ecuador, cuando los élites y líderes políticos dejaron de representar a las personas.

La desconexión moral abarca también otras situaciones menos macabras como la corrupción. En la Alemania Nazi, las nuevas elites amasaron fortunas, “mezclando intereses privados y públicos, estos grupos facilitaron o consolidaron su ascenso. Esto incluyó manipular instituciones del Estado para adquirir haberes y deshacerse de «indeseables” (Christian Gerlach y Christian Gerlach, Sociedades extremadamente violentas). 

La corrupción es un derivado natural de sistemas totalitarios, pues el control del aparato de justicia garantiza la impunidad, los corruptos no reconocen a personas reales afectadas por el saqueo al estado ya que no existe confrontación con sus víctimas o castigo de sus crímenes. La insensibilidad moral es necesaria para disfrutar el dinero robado.  

La desconexión de extensos sectores de la sociedad no ocurre de un momento a otro, la justificación del horror nazi se forjó progresivamente construyendo en la opinión pública la idea de que los judíos eran el “otro” inferior y peligroso como un “bacilo” que lo infectaba todo. 

Joseph Goebbels, el ministro de Ilustración Pública y Propaganda,  afirmó que al público no le interesa la verdad, basta con decirle las cosas que quiere escuchar, de forma simple y repetitiva. 

Los líderes totalitarios nunca toman el poder por la fuerza, son elegidos democráticamente; carismáticos y malvados saben convocar  emociones primitivas: repugnancia, miedo y odio, lo que la gente quiere escuchar en frases contra la orientación sexual, los migrantes, los medios de comunicación, las mujeres entre otros prejuicios y etiquetas que favorecen la supresión moral.  

Debemos recordar que el Holocausto como otras desgracias humanas comenzaron como ahora en el Ecuador, cuando los élites y líderes políticos dejaron de representar a las personas. 







 

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