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19 de Agosto del 2020
Ideas
Lectura: 7 minutos
19 de Agosto del 2020
Mauricio Alarcón Salvador

Abogado y director ejecutivo de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo

Cuando la democracia dependió de un avión
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¿Qué pasó con la corrupción en la compra del Fokker? Nada. Poco después, la Contraloría dirigida por Marcelo Merlo Jaramillo denunció las irregularidades en el proceso contractual, pero extrañamente no determinó responsabilidades. Frank Vargas Pazzos continuó detenido hasta que se produjo a inicios de 1987 el conocido Taurazo con el que se logró su liberación.

La Junta Militar de 1966 dejó el poder en manos de Clemente Yerovi Indaburu y se convocó a una Asamblea Constituyente que tendría a su cargo la elaboración de un nuevo texto constitucional. De sus 82 representantes, 70 serían electos por provincias y 12 serían diputados funcionales. Con apenas 35 años, un joven León Febres Cordero asumió como diputado funcional en representación de la industria de la Costa.

Su carrera política incluye su paso como senador (1968 – 1971) y como diputado nacional (1979 – 1983). En este último puesto, pese a formar parte de un reducido bloque de 3 representantes del Partido Social Cristiano, enfocó su gestión en la fiscalización, interpelando a varios ministros y funcionarios de los gobiernos de Jaime Roldós y de Osvaldo Hurtado. Esto le permitió catapultar su imagen y llegar a la Presidencia de la República, tras vencer en la segunda vuelta de mayo de 1984.

Durante el tiempo que duró su gobierno, entre agosto de 1984 y agosto de 1988, se produjeron varios escándalos de corrupción. Uno de ellos, precisamente el presentado en este artículo, incluso influyó en el secuestro del presidente en la base aérea de Taura en 1987.

7 de marzo de 1986. Aproximadamente a las diez de la mañana se produjo una balacera en el Ministerio de Defensa, en La Recoleta, en el centro de la capital. Las versiones eran diversas y contradictorias, pues fuentes oficiales afirmaban que había sido un simulacro, mientras que los medios de comunicación se hacían eco de un enfrentamiento entre el Comandante de la Fuerza Aérea Ecuatoriana y Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, Teniente General Frank Vargas Pazzos, y el ministro de Defensa, Luis Piñeiros.

Vargas Pazzos se retiró a la Base Aérea Mariscal Sucre, al norte de la ciudad, desde donde dio una rueda de prensa, en la que afirmó haber solicitado una reunión con el presidente de la República (quien era además su compadre, pues Febres Cordero fue padrino de bautizo de uno de sus hijos), para presentarle evidencias de que Piñeiros y el comandante general del Ejército, general Manuel María Albuja, habían cometido graves irregularidades que afectaban al país y a las Fuerzas Armadas.

La principal denuncia fue la compra de un avión de pasajeros tipo Fokker para Transportes Aéreos Militares Ecuatorianos (TAME) por la que se había pagado un supuesto sobreprecio de entre 4 y 6 millones de dólares. Vargas Pazzos acusó a Piñeiros y Albuja de haber recibido una comisión personal por llevar a cabo la compra. Aunque el proceso se había llevado a cabo con la empresa fabricante de los aviones que tenía su sede en Países Bajos, y utilizando la moneda respectiva –  en esa época florines holandeses – las garantías y las transacciones fueron manejadas por un intermediario ecuatoriano teniendo a los dólares americanos como moneda principal. Además del sobreprecio se había obtenido provecho del tipo de cambio en la negociación. Lo más grave fue que afirmó haber sido sobornado con doscientos cincuenta mil dólares para no denunciar el acto de corrupción. Vargas Pazzos había recibido el soborno, pero lo había depositado en la cuenta de la Fuerza Aérea.

Culminada la rueda de prensa, tomó un avión y se dirigió a la Base Aérea Eloy Alfaro de Manta. A su arribo tomó control de las instalaciones, se atrincheró y anunció un levantamiento armado.

Durante los siguientes días se produjeron tensas negociaciones con el gobierno. Vargas solicitaba la remoción de Piñeiros y Albuja, mientras que Febres Cordero afirmaba que todas estas acciones eran parte de una conspiración política en su contra. Finalmente se conoció que se llegó a un acuerdo que incluía la remoción de los funcionarios. Las acciones terminaron el 11 de marzo.

Vargas Pazzos tomó un avión y se dirigió a Quito. Pero cuando llegó nuevamente a la Base Aérea Mariscal Sucre se dio cuenta que le habían tendido una trampa. Febres Cordero dio declaraciones públicas afirmando que no había negociado un acuerdo e incluso Piñeiros se presentó ante los medios de comunicación todavía como ministro de Defensa. Sin embargo, no contaban con que el Teniente General se tomara la Base Aérea y se declarara “en pie de guerra” afirmando que se debía destituir al presidente de la República y nombrar un gobierno cívico – militar, y convocando a una manifestación ciudadana de respaldo. Una nueva sublevación de la Fuerza Aérea estaba en marcha.

La denuncia de irregularidades y casos de corrupción había terminado con una batalla campal, producido muertos y heridos, y con el denunciante detenido.

Aunque algunos ciudadanos alcanzaron a llegar al lugar a manifestarse a favor de Vargas Pazzos y en contra del gobierno, más efectivas fueron las tropas leales al presidente Febres Cordero que movilizaron tanques e infantería para tomarse por asalto la Base Aérea. Esta “batalla” que duró unas pocas horas, según reportan los medios de la época, terminó con al menos cuatro muertos, nueve heridos y decenas de detenidos. Vargas Pazzos fue detenido tras ser encontrado escondido en el techo de uno de los edificios.

La denuncia de irregularidades y casos de corrupción había terminado con una batalla campal, producido muertos y heridos, y con el denunciante detenido. Pero este caso no termina aquí.

Vargas Pazzos no solo que fue acusado de insubordinación, sino también de ser responsable de la corrupción ocurrida en el caso que él había denunciado (por haber recibido los doscientos cincuenta mil dólares, ¿recuerdan?). No importó que el dinero fuera puesto “a buen resguardo” en las cuentas de la FAE, pues fue un soborno, y como tal, debía ser castigado. 

Meses más tarde, en septiembre de 1986 el Congreso Nacional concedió amnistía a Frank Vargas Pazzos (en el mismo acto que se relata en el artículo previo ¿Quién es Abdalá Bucaram?). Sin embargo, Febres Cordero se negó a publicar las resoluciones en el Registro Oficial, con lo que se produciría la liberación inmediata de los amnistiados, afirmando que carecían de validez.

Y, ¿qué pasó con la corrupción en la compra del Fokker? Nada. Poco después, la Contraloría dirigida por Marcelo Merlo Jaramillo denunció las irregularidades en el proceso contractual, pero extrañamente no determinó responsabilidades. Frank Vargas Pazzos continuó detenido hasta que se produjo a inicios de 1987 el conocido Taurazo con el que se logró su liberación.

 
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