
Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.
Toca admitirlo: los guionistas de la gran telenovela nacional nos sorprendieron. Acaban de hacer un viraje argumentativo impredecible. Al más puro estilo de la última película galardonada en los Óscar. Cuando todos esperábamos el desenlace del juicio político al presidente Lasso, la exministra María de los Ángeles Duarte se fuga de la embajada de Argentina en Quito y sacude el escenario. Honrando su nombre, se voló.
Ahora, todas las especulaciones y correos de brujas se concentrarán en este patético episodio de la política nacional. Y las preguntas abundan: ¿cómo se escapó, quién la ayudó, cómo salió del país con su hijo, cómo llegaron tan rápido a Venezuela, qué papel juega el gobierno argentino en esta trama? Pero el juego de conjeturas al que se entregarán las fuerzas políticas y los medios de comunicación no logrará neutralizar la suspicacia ciudadana. La gente se da cuenta.
Que semejante hecho se produzca en medio de una grave crisis política, con un presidente de la República en pindingas y con una oposición totalmente desacreditada, no parece casual. El escándalo les cae como anillo al dedo. A ambos. Pero tendrán que evitar tensar demasiado la cuerda: aunque el gran público prefiere un episodio detectivesco a la consabida pugna de poderes, termina formulando preguntas incómodas.
Con la amenaza de la destitución presidencial en capilla (ahora agravada por los últimos audios difundidos en un medio digital), una jerarca correista recluida es una excelente pieza de canje político. El régimen puede desmontar la conspiración y el correísmo puede proyectar una imagen triunfante en su estrategia por la impunidad. El primero se salva y el otro refuerza sus adhesiones internas.
Básicamente, ¿qué grado de responsabilidad tiene el gobierno ecuatoriano y a cambio de qué permitió la evasión de la exministra correista sentenciada por cohecho? Porque nadie en la barriada será tan ingenuo para pensar que se trata de una casualidad.
Así, el siguiente episodio de la telenovela ya está en pantalla: se trata de la refriega diplomática. Como cuando el choro grita ¡cojan al ladrón!, las autoridades ecuatorianas se empeñarán en amplificar su indignación a los cuatro vientos. Quejas y exigencias lloverán como granizo. La primera cabeza (el embajador argentino en el Ecuador) ya cayó. Una medida justa para evitar sospechas y validar la versión oficial. ¿Y los que permitieron que la señora Duarte salga del país como Pedro por su casa? ¿Y el ministro de Gobierno? ¿Y el secretario de Seguridad? ¿También caerán?
Inevitablemente, la telenovela tendrá un epílogo. Y pronto. Solo ahí sabremos cuánto pagó el correísmo por el rescate de su exministra. ¿Tal vez enfriar el juicio político en contra de Lasso?
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