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26 de Julio del 2021
Ideas
Lectura: 8 minutos
26 de Julio del 2021
Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

Cuba, ¿utopía o distopía?
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Definitivamente, el exilio y el bloqueo han terminado siendo el mejor negocio de un régimen totalitario que vive de remesas y turismo sexual. La letra de la canción de Silvio “El reino de todavía” terminó convirtiéndose en la pesadilla más real del hombre nuevo.

Después de sesenta años, miles de cubanos rompieron el silencio y salieron a las calles de La Habana a protestar. “No hay comida, no hay medicinas, no hay libertad”; “Patria o vida”, fueron algunas de las consignas utilizados por los manifestantes. Los estallidos sociales se replicaron a otras ciudades, se dio una catarsis política cuyo saldo fue más de quinientos detenidos y dos fallecidos. Cuba dejó de ser la Isla de la utopía para transformarse en una pesadilla distópica. El bloqueo económico de Estados Unidos, además de violar los derechos humanos del pueblo cubano, se transformó en un pretexto para mantener un sistema donde no existe movilidad social ni libertad. Sin libertad, hablar de revolución termina siendo una farsa.

“La pirámide económica está invertida…” dijo Fidel Castro. Un mesero de un hotel lujoso gana diez veces más que el mejor neurocirujano. Sencillamente no existe meritocracia. Otro Estado fallido maquillado con el discurso del hombre nuevo del Che, las revoluciones envejecen cuando terminan anquilosándose en dogmas. “Patria o muerte: venceremos”; “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che” dejaron de ser consignas épicas hasta transformarse en estribillos rutinarios que no modifican una realidad repleta de limitaciones. 

La Habana, 1997, 1 am, junto a Mauricio, cruzamos el parque Lennon del Vedado. Los jagüeyes con sus ramas y raíces  confundidas en abrazos homéricos se agitan con el viento. El silencio es brisa, las imágenes de la película “Basquiat” del director Julian Schnabel siguen flotando en mi mente.

Llevábamos caminando más diez cuadras de cuesta empinada desde el malecón. Nos encontramos con un viejo mulato de ojos vivaces. Estaba sentado en un banco de madera y chupaba, despreocupadamente, un cigarro. Llevaba una gorra verde oliva, una guayabera blanca algo percudida y cargaba un tolete. Nos preguntó con aire desconfiado que quiénes éramos y por qué vagabundeamos a ésa hora. Le explicamos que estábamos hospedados a dos cuadras de ahí en el departamento de un amigo. Nos respondió con aire solemne que está montando la guardia de la noche y que es parte de un CDR (comité de defensa de la revolución). Nos preguntó algo sobre el festival de cine, por ahí nos desviamos a literatura hasta terminar hablando del escritor colombiano Vargas Vila.

Cuando topamos a ése autor el guardia espabiló una serie de conocimientos sólidos sobre el escritor anarquista y su apasionante existencia. Vargas Vila fue un exiliado político en Venezuela y en Estados Unidos conoció a Martí. También fue nombrado por Eloy Alfaro como embajador plenipotenciario en El Vaticano donde se había negado a arrodillarse ante el Papa León XIII. Le había dicho al sumo pontífice, “no doblo la rodilla ante ningún mortal”. Después de tres horas de tertulia, acompañados de un par de tragos de ron, nos despedimos del sui generis vigilante que sabía más de literatura que nosotros. Cuba seguía siendo un enigma. Tenía demasiada información en mi mente. A ratos la veía como un Isla agobiada por el desencanto, pero había instantes en que recobraba sentido, la cultura literaria y política del pueblo cubano siempre terminaban sorprendiéndome.

Seis años antes, en 1991, yo estuve becado por el gobierno cubano para estudiar Sociología, tenía aprobado en la Universidad Central de Quito hasta cuarto año. Quise que me revaliden lo estudiado en Quito pero me informaron que la Universidad de La Habana recién había abierto la Facultad de Sociología hace un año y que tenía que regresar a segundo año.

Definitivamente, el exilio y el bloqueo han terminado siendo el mejor negocio de un régimen totalitario que vive de remesas y turismo sexual. La letra de la canción de Silvio “El reino de todavía” terminó convirtiéndose en la pesadilla más real del hombre nuevo

Me encontraba en un dilema, porque nunca fui muy amante de ningún tipo de institución y porque en Cuba la situación era algo dramática por el período especial. Apagones de ocho horas, pésima comida en la beca, falta de agua, en fin. En ésa época yo leía a Baudrillard pero en la Universidad de La Habana, no tenían idea de éste autor francés. Lo que siempre me sorprendió es el espíritu jovial y aventurero de los cubanos que vivían en una permanente lucha por encontrarle el lado positivo a todo.

En la beca a la que me asignaron, en F y tercera, a dos cuadras de “Casa de las Américas”, se organizaban fiestas cada noche incluyendo disco móvil. Salsa, merengue, rock. Espíritu báquico entre las cenizas de una economía devastada porque la Unión Soviética había iniciado la Perestroika que no era más que un giro económico de 180 grados hacia un capitalismo de Estado. Obviamente, Cuba había dejado de percibir alimentos y gasolina de su principal aliado.

Cuando recibí veinte dólares desde Ecuador los cambié por cuatrocientos pesos cubanos a un chico medio rastafari que tenía un collar de oro y vivía a seis cuadras de la beca. Con un peso cubano podía comprar siete bolas de helado en “Copelia”, una heladería tradicional de La Habana, los helados eran preparados con néctar de caña, simplemente deliciosos. Cambié mis hábitos de alimentación: café tinto en la mañana, helados al mediodía y dos hamburguesas hechas con carne de lombriz que de a poco me fueron gustando. Rara vez iba al comedor de la beca, no podía con el pescado aguado y espinoso, a veces comía algo ahí con un poco de menestra y tertuliaba con un estudiante argentino sobre fútbol y música de Charly. En período especial nadie se moría de hambre pero no la pasaban bien, colas gigantescas para tomar un bus, más aglutinaciones para recibir alimentos, en fin un estado permanente de escasez que trataba de ser atenuado con discursos de Fidel, canciones de Silvio y conciertos de los Van Van en el malecón.

Compartía mi habitación con un estudiante de Senegal que estudiaba Filosofía en último año, Guy. Una noche Guy me dijo con tono tranquilo: “Alex, tú eres un buen chico pero te han visto con Tito cambiando dinero, ésa gente no es buena.” En seguida me di cuenta que el Estado cubano tenía una visión panorámica de todos sus habitantes y que cualquier movimiento en falso era percibido por el gobierno. ¿Existía libertad?, ¿no era otra forma de Estado panóptico? A las dos semanas regresé a Ecuador.

En 2021, #SOSCUBA, el hashtag utilizado por los opositores al gobierno de Miguel Díaz Canel, se extiende como un grito desesperado de libertad. Existe un gobierno que brinda educación y salud gratuita a sus jóvenes para luego desencantarlos con la famosa “pirámide invertida”. Definitivamente, el exilio y el bloqueo han terminado siendo el mejor negocio de un régimen totalitario que vive de remesas y turismo sexual. La letra de la canción de Silvio Reino de todavía terminó convirtiéndose en la pesadilla más real del hombre nuevo.

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