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10 de Diciembre del 2019
Ideas
Lectura: 9 minutos
10 de Diciembre del 2019
Rodrigo Gehot

Activista Belga, técnico de Fundación Pachamama, analista experto en temas de cambio climático, agricultura sostenible y apasionado de la selva y sus habitantes.

Las Cuencas Sagradas: una esperanza para la Amazonía
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Una alianza de pueblos y nacionalidades indígenas del Ecuador y Perú, liderada por CONFENIAE y AIDESEP plantea una propuesta que puede cambiar la forma en como vemos la Amazonía.

1. COP25

Desde la Cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro, la Conferencia de las Partes de Naciones Unidas (COP) ha logrado reunir cada año a los países signatarios de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático para tomar decisiones en torno al clima en el mundo. Este lunes inició la segunda semana de negociaciones en Madrid, donde se lleva adelante la COP25. Debería haberse celebrado en Chile, pero por razones de inestabilidad en el país anfitrión, España garantizó la celebración de la COP25 en su capital.

En estas dos semanas los responsables políticos de cada Estado miembro tendrán que hacer un balance de los debates entre científicos, organizaciones internacionales, sociedad civil y personalidades invitadas para tomar una decisión conjunta y responsable sobre los esfuerzos para hacer frente a los retos del calentamiento global. Los esfuerzos son considerables dada la situación del planeta, que desde el inicio de la era industrial sufre un aumento exponencial del CO2 en la atmósfera.

Hoy en día, el carbono presente en la atmósfera se calcula en 0.04% (415 ppm).Desde la COP21 de París, anunciada como la COP de la "última oportunidad", las previsiones de los expertos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) apuntan desgraciadamente hacia un escenario de aumento de al menos de 4°C para finales de siglo, lo que tendría consecuencias desastrosas para las generaciones futuras y para la vida como la conocemos hoy. Esto implica, por supuesto, esfuerzos aún más significativos de reducción de emisiones para mantener el objetivo del Acuerdo de París de mantener la temperatura global por debajo de los 2°C hacia finales de siglo.

2. La Amazonía, en gran peligro

Uno de los ecosistemas del planeta que requiere especial atención es la Amazonía, ya que en parte regula los principales servicios ecosistémicos globales, como los ciclos hidrológicos y de captura de carbono y se encuentra en el centro de los debates de la COP25. Todavía tenemos grabado en la retina las tristes imágenes de los incendios que asolaron la selva tropical más grande del mundo, principalmente en Brasil y Bolivia.

En general, la deforestación en la Amazonía está aumentando y no augura nada bueno para la mayor reserva de agua dulce del mundo —20%— y para la biodiversidad. De hecho, según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), en Brasil se perdieron aproximadamente 9.762 kilómetros cuadrados de bosque en un período de 12 meses hasta julio de 2019. Esto supone un incremento del 29,5% respecto a los 12 meses anteriores y la mayor tasa de pérdidas desde 2008, según el INPE.

Las principales causas de esta reducción en la Amazonia provienen de diferentes sectores industriales que cuentan con el respaldo general de los políticos locales y con importantes flujos de capital invertidos para llevar a cabo sus proyectos operativos. Algunos de los sectores más destructivos y amenazantes de la región amazónica incluyen el petróleo, la minería,  la agroindustria, represas hidroeléctricas y la industria de la madera. En un momento en que el mundo debería estar corriendo para proteger la Amazonía, se incrementa la explotación petrolera en los nacimientos del gran río Amazonas en Ecuador y Perú, lo que representa una seria amenaza para esta región conocida como las Cuencas Sagradas, territorios para la vida. 

Millones de hectáreas en la región de las Cuencas Sagradas del Amazonas están ahora en riesgo por la amenaza de una expansión de la producción de combustibles fósiles y extracción de minerales en un bosque tropical intacto, lo cual pone a prueba la resiliencia de un ecosistema que sobrevivió la última glaciación. Ecuador, de su parte, anunció su intención de retirarse de la OPEP en 2020 para incrementar su producción y ha reformado su estructura contractual para atraer nuevas inversiones, mientras que Perú espera aprobar la reforma de hidrocarburos en 2020 para acelerar los procesos de perforación. La expansión de la industria petrolera y minera en bosques que contribuyen a mitigar el cambio climático mediante el secuestro de carbono, es un tiro en el pie y pone en peligro la existencia de pueblos indígenas de culturas milenarias. 

Ecuador anunció su intención de retirarse de la OPEP en 2020 para incrementar su producción y ha reformado su estructura contractual para atraer nuevas inversiones.

3. Las Cuencas Sagradas, fuente de esperanza y acción para el clima y la biodiversidad liderada por los pueblos indígenas

Las Cuencas Sagradas, Territorios para la Vida, se convierte así en una opción para proteger una parte de la Amazonía. En este territorio nacen los ríos Napo, Pastaza y Marañón, que son los afluentes más importantes del río Amazonas. Abarca 30 millones de hectáreas entre Ecuador y Perú y alberga a cerca de 500.000 indígenas de 20 nacionalidades diferentes (incluidos los pueblos aislados). Este es el ecosistema terrestre más biodiverso del planeta y representa tanto la esperanza como la amenaza de nuestro tiempo. 

En respuesta a un nuevo impulso para la expansión de las concesiones petroleras y mineras en la región amazónica de Perú y Ecuador, los pueblos indígenas se están uniendo en una nueva iniciativa, liderada por las confederaciones regionales de los pueblos indígenas amazónicos de ambos países, CONFENAIE y AIDESEP. A través de sus dirigentes han exigido en Madrid una moratoria inmediata de actividades extractivas mientras que se garantiza una transición justa de la dependencia de los combustibles fósiles a una economía post carbono, que represente una solución para los pueblos indígenas y respete sus derechos y autonomía. 

La Iniciativa de las Cuencas busca transitar hacia una nueva era de energías limpias y renovables, reducir la dependencia de los combustibles fósiles y crear una transición justa para la economía de ambos países. El escenario climático y también las facilidades que las empresas encuentran en la legislación para devastar hace que la opción de dejar los combustibles fósiles bajo tierra se convierta hoy en una prioridad mundial. De hecho, mantener 5.000 millones de barriles bajo tierra en la región de las Cuencas Sagradas equivale a evitar más de 2.000 millones de toneladas de emisiones de CO2, y mantener la integridad de los bosques vivos equivale a mantener capturadas 4.000 millones de toneladas de carbono. Esto representa el equivalente del consumo de energía de 200 millones de hogares estadounidenses en un período de 10 años.

La delegación de la Iniciativa de las Cuencas Sagradas presente en la COP25 está integrada por líderes indígenas que lideran el cambio e invitan a los líderes políticos de ambos países a tomar medidas concretas para proteger esta zona emblemática y crucial de la Amazonía. Entre las acciones propuestas, se busca que los Gobiernos de Ecuador y Perú declaren las cuencas de los ríos Napo, Pastaza y Marañón como una región especial de importancia global fuera de los límites del desarrollo minero e industrial, que se fomente y fortalezca el desarrollo de bio economías que respeten la naturaleza. 

Los gobiernos nacionales, las empresas multinacionales y los inversores internacionales deben respetar los derechos de las nacionalidades indígenas a la consulta previa, libre e informada, así como  la autonomía, la libre determinación y el territorio, tal como se detalla en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (UNDRIP). Por último, es urgente el establecimiento de un fondo internacional independiente y no comercial para proteger las cuencas sagradas del Amazonas y mantener el petróleo bajo tierra, un compromiso que los gobiernos del Ecuador y Perú deberían apoyar.

“Nosotros, los Pueblos Indígenas del Ecuador y Perú, junto con nuestros aliados, hacemos un llamado a la solidaridad de la comunidad mundial, ya que nuestra propia supervivencia depende de la supervivencia de la selva amazónica que está bajo constantes ataques. Estos planes representan una amenaza inminente no sólo para nuestra supervivencia, sino también para la estabilidad del clima mundial”.

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