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1 de Febrero del 2015
Ideas
Lectura: 7 minutos
1 de Febrero del 2015
Natalia Sierra

Catedrática de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica de Quito 

Los cuenteros extranjeros y la Universidad
Lo primero que llamó mi atención y me incomodó fue la afirmación del expositor extranjero quien sostenía que el único defecto que él veía en los ecuatorianos, era su disposición para oír y creer, sin reflexión, cualquier cosa que dijera un extranjero que usara traje y corbata. Increíblemente, él era uno de eso cuenteros extranjeros, encantadores de serpientes, a los cuales aludía, y que según sus palabras, seducían al irreflexivo pueblo ecuatoriano.

La semana pasada me llegó la información de que en un hotel de la ciudad de Quito tendría lugar el lanzamiento de una Revista, relacionada con la exigencia actual a los profesores universitarios de publicar en revistas indexadas. Me interesé en asistir, justamente por el proceso confuso que esta exigencia académica mercantil ha abierto en la comunidad universitaria. Llegué  en el momento en que un extranjero vestido con traje y corbata hablaba, a un auditorio de profesores universitarios, sobre las bondades de su oferta para ejercitar una publicación en su revista indexada.

Lo primero que llamó mi atención y me incomodó fue la afirmación del expositor extranjero quien sostenía que el único defecto que él veía en los ecuatorianos, era su disposición para oír y creer, sin reflexión, cualquier cosa que dijera un extranjero que usara traje y corbata. Increíblemente, él era uno de eso cuenteros extranjeros, encantadores de serpientes, a los cuales aludía, y que según sus palabras, seducían al irreflexivo pueblo ecuatoriano. Más incomodo resultó que su juicio sobre el comportamiento ecuatoriano se comprobaba en tiempo real, con él mismo. Lo realmente indignante fue que la mayoría del auditorio pareció no percatarse de la alusión cínica del extrajero vestido de traje y corbata.

Después de esta ingrata primera impresión, el extranjero encantador de serpientes empezó  a vender su pócima milagrosa. Armado con el seductor infocus, el cuentero explicó  las "complejidades" de la realización de un artículo científico, nuevo objeto de deseo de los profesores universitarios, afirmado y reafirmado por el extranjero. Consciente de que los profesores universitarios darían lo que sea por conquistar dicho objeto de deseo, el expositor, al tiempo que expone "la extrema dificultad" de escribir un artículo científico, les ofrece la posibiliad  de adquirir (comprar) el secreto para realizarlo. Para que su oferta tenga mayor credibilidad, a más de su poderosa arma tecnológica (el infocus), se apoya en los "testimonios" de los "beneficiarios" que supuestamente ya habían usado la pócima mágica y lograron  publicar su artículo científico y, con él, ascender de categoría en el escalafón académico. De pronto me pareció  estar en esas entrañables ferias de pueblo a las que se acude en vacaciones y en las que las encantadoras estrategias del encantador de serpientes nos divierten, obviamente porque no somos parte del ritual, porque estamos en calidad de turistas y no somos el pueblo estafado por el cuentero, o simplemente porque es una feria donde vamos a entretenernos y no a desarrollar la vida laboral, "seria y real".

Al contrario, se supone que el auditorio del hotel no es la plaza de la feria, ni el expositor es un cuentero, ni lo que vende es una pócima mágica sino el saber científico-técnico que nos permitirá conquistar el éxito profesional (o al menos conservar el lugar que tenemos en la estratificación laboral) siempre y cuando adquiramos/compremos la habilidad para escribir un artículo científico. Como yo no estaba frente a un espectáculo de feria, ni frente a un cuentero de pueblo, aunque ciertamente no había mayor diferencia, la sola conciencia de este hecho me causó  indignación. ¡No puede ser que este extranjero de traje y corbata trate así  a los profesores universitarios! ¿Quién le dio ese derecho?

Para cerrar con broche de oro su espectáculo, el vendedor de recetas académicas mostró en pantalla, lo que el mismo llamó, su "pedigri académico" y ofreció a los asistentes ayudar a conquistarlo.  Acto seguido, su diligente ayudante pasó a entregar las hojas de inscripción al curso "académico", que el extranjero con traje y corbata iba pronto a impartir, cuyo costo era alrededor de 400 dólares. En ese instante pensé que un nuevo negocio se abría en el país e inmediatamente lo asocié con los cientos de institutos donde miles de estudiantes secundarios del último año acuden a entrenarse para poder dar la prueba ENES y, así, tratar de ganar un cupo para la universidad.

Los negocios académicos parainstitucionales han encontrado mercado. Se cerraron las universidades de garaje y se abrieron los institutos-garaje preuniversitarios sin  ningún control. Se estableció la gratuidad para la enseñanza superior y se impuso la prueba de ingreso, con lo cual se transfirió el costo aumentado del ingreso a la universidad a los institutos privados de entranamiento para el ENES. La reforma de la educación superior, pensada bajo el paradigma académico empresarial, establece como uno de los principales indicadores de calidad académica, el número de artículos científicos publicados en revistas indexadas internacionales que acumule cada profesor y cada universidad. Lo mismo se puede decir de la exigencia del título de Ph.D para garantizar la certificación. Como ya es de dominio público, si la  universidad no logra incorporar en su planta de profesores el 70% de sus docentes con el título exigido, cae "vergonzosamente" en la categoria B de la estratificación arbitrariamente inventada. Estas autoritarias y absurdas exigencias del mercado universitario, asumidas por el gobierno, están logrando mover los negocios académicos, lo que absolutamente nada tiene que ver con  la vida académica y menos aún con su calidad.

Al parecer, lamentablemente, lo único cierto de lo expuesto por el hombre de traje y corbata que vendía cursos para aprender a escribir artículos científicos e intentar, en una salvaje competencia, publicarlos en la revistas indexadas internacionales, era aquello de que los ecuatorianos creemos a cualquier extranjero con traje y corbata que viene a vendernos cualquier cosa. Este lastre colonial en nuestro comportamiento, contra el cual hemos peleado por siglos, el gobierno de la revolución ciudadana lo ha actualizado y profundizado, imponiendo políticas, en este caso educativas, claramente colonizadoras y poco soberanas. ¿Adivinen quién es el mayor cuentero con mente extranjera o colonizada del país, que ha generado un lucrativo mercado educativo?

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