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17 de Enero del 2019
Ideas
Lectura: 5 minutos
17 de Enero del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

¿Del escándalo a la justicia?
Todo el mundo sabe ya que durante la política de las manos limpias y los corazones ardientes, proliferaron los corruptos y sus actos, que el gran equipo de Correa se alzó oficialmente con el santo y la limosna. Con el precio y sobreprecio de obras por las que se pagaron miles de millones sobre el precio real. Con el precio de obras que jamás se realizaron.

A la política de la intolerancia y de la corrupción del correato ha sustituido la política de la denuncia y del escándalo. De hecho, se vive un momento histórico y político muy especial caracterizado por el develamiento de los grandes actos de corrupción del régimen anterior, por el lento aparecimiento de sus actores y por la lentísima acción de la justicia. 

Es decir, todo el mundo sabe ya que durante la política de las manos limpias y los corazones ardientes, proliferaron los corruptos y sus actos, que el gran equipo de Correa se alzó oficialmente con el santo y la limosna. Con el precio y sobreprecio de obras por las que se pagaron miles de millones sobre el precio real. Con el precio de obras que jamás se realizaron. 

¿Cuántos de los grandes ladrones están siendo efectivamente enjuiciados? ¿Cuántos han sido detenidos y han ido a parar en las cárceles?  ¿A cuántos se les ha obligado a devolver el monto total de sus hurtos más los correspondientes intereses? ¿Por qué Correa vive campante como un francotirador que decide quién es bueno y quién malo? ¿Por qué? Porque la Justicia del país está conformada por jueces, fiscales y más designados por Correa. Y no se hace nada para cambiar ese status quo. 

Podría ser tan solo privilegiar el escándalo mostrar el estado real de las centrales hidroeléctricas, de los puentes, de las refinerías, de los poliductos. O cuando se denuncian construcciones faraónicas de edificios cuyos costos finales superan hasta lo inimaginable lo originalmente presupuestado. ¿Tan solo escándalo? Sí, porque la justicia y los entes de control no intervienen de manera inmediata y eficaz. Ni les va ni les viene.

Señora Justicia, ¿por qué andan sueltos, vivitos y disfrutando de su riquezas los autores, cómplices y encubridores del gran festín de la corrupción del correato? Un momento, señora Justicia, de una vez por todas, retírese la venda de sus ojos y por fin vea bien el país que dejó el corrupto de Correa, disponga fiscalizaciones, enjuicie, juzgue, castigue. ¿O será que usted también, señora Justicia, realmente es tuerta, muda y coautora en esa década de horror? Porque los entendidos no cesan de asegurar que usted, señora Justicia, también se benefició con muchos millones gracias a su silencio, a sus ojos viscos. Porque usted sigue siendo obra de Correa. Él la hizo a usted. 

Eso y mucho más. De la manera más impía y escandalosa dijo que metería las manos en la Justicia. Y lo hizo. Así se conformaron las cortes con profesionales que aseguraron a fe cierta su adhesión incuestionable al correato. Y eso, desde el más alto hasta el más ínfimo de los jueces. Realmente la reforma de la justicia y la designación de los jueces y fiscales y más se trató de una auténtica obra maestra: quizás kafkiana. 

Paralela a la justicia oficial, funcionó una justicia especial la dirigida directamente por Correa que se dedicó a juzgar y sentenciar a troche y moche. Porque él fue, sin duda, el gran juez. El gran juez que fue a meterse en la trifulca de los policías que solo rechazaban el salario asignado pero a quienes terminó acusando de todos los males del país. Y con los del Central Técnico y los de Luluncoto y con los que él mismo designó para que investiguen si él sabía o no de los negocios de su hermano. Como concluyeron que sí conocía, los juzgó y sentenció. Correa no sabe lo que es la verdad. 

Muchos de esos jueces nombrados a dedo en todo el acordeón judicial del país siguen juzgando y sentenciando. O no juzgan ni sentencian porque hacerlo no corresponde a sus intereses que son los intereses o del prófugo Correa. 

Por otra parte, no es dable que le país se conforme y haga las paces con sus propias demandas y exigencias de honorabilidad y justicia porque ya hay un vicepresidente encarcelado y también uno que otro ministro de Correa. También este conformismo es corrupto.

Limpiar, purificar, honorabilidad a la justicia constituye una de las tareas fundamentales que ya no puede ser rehuida por los diferentes poderes del Estado. Ya basta de ficticias cegueras y sorderas. Al país no le acontecerá nada bueno ni nuevo sin una total reforma y remozamiento judicial.

No más escándalos, golpes de pecho ni rasgaduras de vestiduras. El país entero clama por una justicia justa y honorable a toda prueba que sustituya, de una vez por siempre, a la perversa justicia del correato.

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