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30 de Noviembre del 2015
Ideas
Lectura: 7 minutos
30 de Noviembre del 2015
Natalia Sierra

Catedrática de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica de Quito 

Del Progresismo a la Fórmula Macri, la grieta posible
Fue la bonanza económica la que les permitió de alguna manera encubrir su autoritarismo, mediante la ampliación del clientelismo populista. Sin embargo, en época de contracción económica su patrón de poder nada democrático se hace evidente y rechazable y abre paso a la derecha remozada para que pueda presentarse como democrática.

Más de una década de proyectos progresistas parece terminar, fin que empieza en Argentina, con la fórmula Macri.

Muchos análisis sostienen que gran parte del 52% de los votos que llevaron al conservador a la Casa Rosada, más que apoyar el proyecto político parece ser la manifestación de un hartazgo al peronismo kirchnerista.

El fin del ensanchamiento económico vivido en América Latina en la última década, producto de los altos precios de las materias primas, cambia el escenario político favorable para los progresismos. De un gran apoyo popular, asentado básicamente en una política clientelar propia de los ciclos económicos de consumo, se transita a una imparable contracción de la popularidad del progresismo.   

Sin el favorable escenario económico del que disfrutaron durante más de una década los denominados gobiernos progresistas, su proyecto “supuestamente” de izquierda no solo que pierde brillo y color, sino que empieza a ser abyecto para, cada vez más, importantes sectores de la población. En este marco de desgaste del progresismo, poco a poco los viejos sectores de la derecha van mostrando una remozada, por no decir maquillada, faz de demócratas preocupados de las demandas populares y de los derechos humanos, cosas que poco les importó cuando en décadas anteriores fueron gobierno.

El reencauche de la vieja derecha es posible gracias a que los supuestos gobiernos de izquierda socialista, durante su década en el Estado, implementaron un patrón de dominación política e ideológica marcadamente autoritario y poco o nada respetuoso de los derechos humanos. Una década dedicada a perseguir, enjuiciar,  encarcelar, dividir y destruir toda disidencia política, principalmente la que venía del lado de los movimientos sociales y populares que se opusieron a su proyecto económico extractivista.

Fue la bonanza económica la que les permitió de alguna manera encubrir su autoritarismo, mediante la ampliación del clientelismo populista. Sin embargo, en época de contracción económica su patrón de poder nada democrático  se hace evidente y  rechazable y abre paso a la derecha remozada para que pueda presentarse como democrática.    

Si el proyecto político del progresismo no hizo nada para cambiar el patrón productivo y energético que permita al subcontinente establecer las bases para salir del marco de la depredadora economía capitalista -más allá de ciertas políticas neokeynesianas de inversión social, que por cierto se basaron principalmente en gasto de infraestructura muy beneficioso para la circulación y acumulación de capital,- es claro que entre estos supuestos socialista y la vieja derecha neoliberal no hay diferencia cualitativa.

Así, entre uno y otro proyecto se puede establecer una clara línea de continuidad no solo económica, sino política en el marco del capitalismo.

En el programa de gobierno presentado por Macri se habla de mantener la política social en educación, salud, seguridad, vivienda, infraestructura vial, cosa que es obvia que se diga, ningún asesor del marketing político va a recomendar lo contrario, pues sería un total absurdo. Incluso en la época más dura del neoliberalismo los candidatos de extrema derecha, como Febres Cordero en el país, ofrecían “pan, techo y empleo”. Razón ésta que explica que la vieja derecha remozada tenga en su propuesta política mantener la política social de los progresismos, más aún cuando ya en los gobiernos neoliberales implementaron los subsidios a la pobreza, necesario para tratar de contener la protesta social.

La línea de continuidad entre los  ciclos del capital, gasto y austeridad, muestra el papel que cada proyecto gubernamental tienen que cumplir. Si al progresismo le tocó el ciclo del gasto, a la derecha remozada le tocará la austeridad, hay que cambiar de gobiernos para asegurarse que no cambie la economía en lo estructural, simple estrategia del poder que busca encubrirse en diferencias no cualitativas. Al interior de esta maniobra política, así como el progresismo se pasó justificando su política económica de gasto y despilfarro, propia del ciclo económico en el que le  toco gobernar, a la larga noche neoliberal; la derecha remozada justificará su política económica de austeridad y recorte a la década pérdida del despilfarro progresista.

Lo cierto es que ambos proyectos son parte del círculo vicioso del capitalismo que encierra y violenta a la humanidad en sus lógicas inexorables.

En cuanto al patrón político de dominación, la derecha remozada usará el marco jurídico heredado por el progresismo, muy conveniente para el proceso de valorización de capital exigido en cada ciclo. Quizá se dé un cierto espacio de tregua en lo que tienen que ver con el respeto de los derechos civiles (libertad de expresión, prensa, comunicación, etc.) aunque no en lo referente a  derechos políticos de los pueblos en resisten. 

Cuando la política de ajuste empiece a generar estrago en la población, ya tienen a mano los Códigos Penales que criminalizan la protesta social, en muchos casos denominada terrorismo, cínicamente construidos por el progresismo de “izquierda”. 

De hecho, mucho del marco jurídico estatal hecho por el progresismo será de mucha utilidad a los remozados  gobiernos de derecha, sin que hayan tenido que ensuciarse las manos.

En el caso de Ecuador, el mismo movimiento PAIS parece tener “su Macri” bajo la manga. Como ya sostuvo el presidente puede ser Glass, Patiño, Serrano o Alvarado, cubiertos por el ropaje democrático que puede darles el ex vicepresidente Lenin Moreno. 

Quizá sea posible que entre el progresismo y la fórmula Macri, ciclos del capital que forman el círculo vicioso de las actuales demandas de valorización en la región,  abrir una pequeña grieta, una mínima diferencia que rompa la ideología capitalista objetivada como orden económico y mostrada como absoluta. 

Quizá sea posible darnos cuenta que hay como transitar por fuera del capitalismo y su imperio del valor de cambio,  hacia otra economía, hacia otro patrón productivo, hacia otro patrón energético, hacia otra manera de existencia humana centrada en el valor de uso o bien social y natural.

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