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13 de Septiembre del 2021
Ideas
Lectura: 5 minutos
13 de Septiembre del 2021
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Del terrorismo y su perversión
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El terrorismo constituye una de las expresiones más perversas de la violencia humana. Su objetivo fundamental es erradicar, de una vez por todas, la confianza y la seguridad. Con el terrorismo suelto en la ciudad, nadie podrá vivir en paz.

Veinte años han transcurrido desde que los terroristas atacaran a los Estados Unidos, representados en las torres gemelas y en el intento fallido de destruir también el Capitolio. Sembraron el terror no solo allí sino en el mundo entero. Antes fue París. De la misma manera que se siembra el trigo, así ese grupo de infames se encargó de que el mundo libre ya no pudiese dormir en paz por largo tiempo. 

El terrorismo constituye una de las expresiones más perversas de la violencia humana. Su objetivo fundamental es erradicar, de una vez por todas, la confianza y la seguridad. Con el terrorismo suelto en la ciudad, nadie podrá vivir en paz. Su estrategia básica consiste en lograr que la incertidumbre y el miedo se apropien no de una persona o de una ciudad, ni siquiera de solo un país, sino del continente, del mundo entero. 

El terrorista pretende minar lo más preciado de la cultura actual: la libertad. De hecho, al terrorista le espanta la sola idea de libertad. La esclavitud se ha insertado de tal manera en su vida que los terroristas son capaces de perderla porque así lo ha determinado el cabecilla, el jefe. El terrorista no es más que un vil esclavo de la audacia perversa de un jefe adueñado de su vida. 

Con el terrorismo en casa, ya nunca más la serena confianza que nos permite estar entre los otros. Por el contrario, la incertidumbre se convierte en un nuevo estilo de vida. Más aún: no la duda sino la incertidumbre y el temor se transforman en la condición básica del existir. 

En ese reino, hasta tal punto impera la incertidumbre, que tan solo quien más duda es aquel que más seguro está de sí mismo y de los otros. Las bombas del terrorismo han explotado tanto en una escuela de niños, como en una iglesia o en un mercado. 

Precisamente en esto consiste la gran ganancia de quienes lideran la sociedad del terror. En efecto, no se trata tan solo de la esclavitud que impone sino del sistema de inseguridad minuciosa y perversamente manejado. 

En ese reino, hasta tal punto impera la incertidumbre, que tan solo quien más duda es aquel que más seguro está de sí mismo y de los otros. Las bombas del terrorismo han explotado tanto en una escuela de niños, como en una iglesia o en un mercado.

En la sociedad del terror, el otro en el que se podría confiar no puede ser sino tú mismo. Porque todos, absolutamente todos, se hallan bajo sospecha. Nunca sabrás quién te dará la puñalada por la espalda. 

Igual acontece en la geografía de la vida cotidiana. Imposible conocer cómo ni cuándo una bomba explotará en tu casa o en el auto que conduces. Cuando el terrorismo se apropia de una ciudad, el concepto mismo de seguridad desaparece y su lugar es tomado por la incertidumbre y la sospecha. Lo cual, desde luego, enorgullece y fascina a los terroristas porque en ello va su goce y su poderío perversos. 

El terrorista busca precisamente eso: que los otros vivan en la incertidumbre y el miedo. Lo cual constituye lo más infame de su existencia. Ese temor se convierte es el signo paradigmático del dominio del mal en estado puro. Tan sólo él sabe que el bus que lleva los niños nunca llegará con ellos a la escuela. Sólo él conoce cómo y cuándo explotará la bomba que hará que vuelen en pedazos los cuerpos de esos y niños. Posiblemente sea el primero en ayudar a recoger los cadáveres. E incluso esperará que alguien le agradezca por su gesto solidario.

Desde luego que se trata de una perversa construcción social y personal. Con semejante hecatombe, Bin Laden pretendía que el mundo reconozca su capacidad de hacer el mal 

Las Torres Gemelas se han convertido en el ícono de los efectos del terrorismo mundial. Es cierto que fue eliminado su promotor. Pero es de mucho riesgo pensar que con la muerte del perro desaparece la rabia.

Incluso en nuestro medio hay un pensamiento extremista que no deja de actuar. Solo los ingenuos no lo vieron actuar de cuerpo entero en el octubre del 2019, tiempo de las peores expresiones de protestas que conoce nuestra historia reciente. Tiempo en el que el ex presidente Moreno se postró ante los que incendiaron la ciudad. 

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