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22 de Enero del 2020
Ideas
Lectura: 4 minutos
22 de Enero del 2020
Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

Derechos Humanos, entre utopía y realidad
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Linchar delincuentes, permitir que presos se exterminen entre sí, encarcelar ciudadanos sin debido proceso, reprimir protestas con uso desproporcionado de la fuerza, son algunos de los ejemplos que se repiten con cierta frecuencia en un gobierno cuyo capital político apuntaba a la “ternura” y a la “misericordia”.

Los Derechos Humanos son la piedra angular de todo estado, sin el cumplimiento de los mismos los gobiernos pierden legitimidad. Los estados se fundaron con la idea del pacto social que permitiría una convivencia pacífica dotando de deberes y derechos a todos los ciudadanos: libertad, igualdad, dignidad, responsabilidad y autonomía.

La universalidad es la característica fundamental de estos derechos, es decir son para todos, superan a cualquier coyuntura y tienen que romper los círculos de violencia política:
No porque un grupo, o una persona atentó a los derechos humanos el estado tiene que actuar con la misma felonía en contra de los delincuentes.

La CIDH es la entidad que representa al Sistema Interamericano de Derechos Humanos, no es una institución que está al servicio de ningún gobierno ni de ninguna tendencia política. Lamentablemente las continuas vulneraciones por parte del estado ecuatoriano a los derechos humanos de diversos ciudadanos están creado una imagen negativa de nuestro país. Sí, la CIDH estuvo en contra de muchos abusos cometidos por el gobierno neopopulista de Rafael Correa y hoy enfrenta excesos de poder en el gobierno de Lenín Moreno. Ambos gobiernos han coincidido en su aversión y críticas a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Ambos han  violado los derechos humanos.

Linchar delincuentes, permitir que presos se exterminen entre sí, encarcelar ciudadanos sin debido proceso, reprimir protestas con uso desproporcionado de la fuerza, son algunos de los ejemplos que se repiten con cierta frecuencia en un gobierno cuyo capital político apuntaba a la “ternura” y a la “misericordia”.

La crisis de octubre, sin que haya terminado en una masacre ciudadana, costó la vida a once personas, además de mil heridos entre ellos algunos que perdieron sus ojos.

El caso Urresta es dramático, pero refleja la poca inteligencia de algunos uniformados para utilizar armas. En el caso Urresta le disparan un cartucho lacrimógeno desde un lanzagranadas a una distancia no mayor de dos metros. Urresta portaba como “arma letal” una cacerola y una cuchara. Por diferentes denuncias, como la presentada por Urresta, la CIDH emitió algunos informes donde señalaban varios excesos de la fuerza pública, ¿cómo ha respondido el actual Gobierno? Comprando armamento.  Entramos en una escalada armamentista, somos el tercer país en la región con el porcentaje más elevado de PIB destinado a armas. Ilógico. Y para colmo el régimen de Moreno disminuye lo presupuestado para becas universitarias. Las únicas armas que nos pueden hacer más libres y respetuosos de la otredad son educación y cultura. 

El Sistema Interamericano de Derechos Humanos permite a hombres y mujeres hacer realidad los treinta artículos de la Declaración Universal de París de 1948. Es una herramienta extrema, vital e indispensable para poner en práctica los proyectos contractualistas que a lo largo de la historia nos propusimos para evitar genocidios y debacles humanitarias. Desde Hobbes hasta Rousseau hay una narrativa teórica que recoge la necesidad fundamental del ser humano para no exterminarse y vivir dignamente. Evitar el canibalismo en todas sus formas sigue siendo el mayor reto del sistema interamericano. Está en los ciudadanos exigir a los gobernantes el cumplimiento de los derechos humanos que no deben ser una utopía sino un ejercicio cotidiano.

Linchar delincuentes, permitir que presos se exterminen entre sí, encarcelar ciudadanos sin debido proceso, reprimir protestas con uso desproporcionado de la fuerza, son algunos de los ejemplos que se repiten con cierta frecuencia en un gobierno cuyo capital político apuntaba a la “ternura” y a la “misericordia”. Basta de jugar con el miedo, es fundamental que el sistema de justicia, la policía y  el ejército protejan a los ciudadanos. Deben ser imparciales y dar continuas lecciones de cómo respetar a la otredad teniendo en cuenta que el ser humano, por más comportamiento abominable que tenga, tiene derecho a la dignidad. Una sociedad vengativa, es una sociedad enferma.

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