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20 de Septiembre del 2023
Ideas
Lectura: 7 minutos
20 de Septiembre del 2023
Marko Antonio Naranjo J.

Abogado educado en Ecuador, Estados Unidos, y Europa; docente universitario

Derechos Humanos: una camisa de fuerza imaginaria
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Es necesario entender que no toda limitación de derechos es necesariamente una violación de derechos humanos. Los derechos humanos se reconocieron para salvaguardar los derechos más básicos de las personas, y no para proteger a unos y desproteger a otros.

El discurso de los Derechos Humanos se ha convertido en una camisa de fuerza que limita la toma de ciertas medidas o decisiones por parte del estado cuando el caso lo amerita. Pues, parte del problema es que existe una peligrosa malinterpretación acerca de la naturaleza de los derechos humanos. Si bien, algunos de estos derechos han llegado lamentablemente a convertirse en, como dice Rawls, “aspiraciones liberales”, la verdad es que esta clase de derechos, en stricto sensu, solamente protegen derechos fundamentales.

Seth Kaplan, profesor de la Universidad Johns Hopkins, muy acertadamente señala que “[w]hen everything is a Human Right, nothing is” (Cuando todo es un Derecho Humano, nada lo es). No se puede pretender que todo deseo, interés o aspiración se convierta o sea en un derecho humano. Los derechos humanos no son, de ninguna manera, la panacea para todas las dolencias de la sociedad. De igual manera, tampoco deberían ser un obstáculo para que un estado cumpla con su deber de proteger los derechos de una nación. Los derechos humanos, como bien sostuvo Maurice Cranston, son derechos morales que nos pertenece a todas las personas, en todo momento, y en ante toda circunstancia. ¡Así de simple! No obstante, parece ser que existe una confusión generalizada en materia de derechos humanos. Primero, no todos los derechos humanos son absolutos; de hecho, solamente una pequeña parte de ellos lo son; los demás son derechos humanos relativos. Esto, en otras palabras, quiere decir que ciertos derechos considerados derechos humanos pueden, en efecto, ser limitados por el estado, por supuesto, bajo ciertas circunstancias. Existen personas que por violar reglas penales pueden ser privadas, verbigracia, de su libertad sin que eso signifique una violación al derecho humano a la libertad. Segundo, los derechos humanos que sí son absolutos, que nos pertenecen a todos los seres humanos, en todomomento y bajo toda circunstancia son, por ejemplo, la prohibición de tortura. Nadie puede ser torturado sea cual sea la situación. Sin embargo, de nuevo, esos derechos humanos que resultan ser ‘absolutos’ son pocos. 

Uno de los problemas principales que existe en el terreno de los derechos humanos, no solo en el Ecuador sino en el mundo, yace en su aplicación. Esa debilidad, que lamentablemente ha sido difícil de corregir local, regional e internacionalmente, es la que ha llevado a individuos a sostener que creer en derechos humanos equivale a creer en “brujas y unicornios”. Sin embargo, la duda con esta clase de derechos transciende el tema de su aplicación misma; pues el problema de fondo radica en la malinterpretación de la razón de ser de los derechos humanos, o como dicen los franceses, de su raison d'être. Los derechos humanos surgieron con el propósito de prevenir que después de la Segunda Guerra Mundial se siguiera exterminando personas en cámaras de gas por el simple hecho de pertenecer a cierta etnia o religión. Los derechos humanos que se ‘positivizaron’ de alguna manera con la Declaración Universal en 1948, significó un acto de rechazo hacia hechos atroces que se perpetuaron en contra de la humanidad. Actos que como expresa el preámbulo de la Declaración “ultrajaron la conciencia de la humanidad”. Los derechos humanos fueron invocados, verbigracia, para rechazar el asesinato de personas con capacidades especiales que eran consideradas “seres que no merecían vivir”. Es inaudito, y completamente desatinado usar, y hasta en muchos casos, malgastar el concepto de los derechos humanos en asuntos que no vienen al caso; en situaciones que ni siquiera cruzan el umbral de los confines de esos derechos. Los derechos humanos deber ser aplicados en contexto y no ser invocados deliberada e indiscriminadamente. Y de nuevo, haciendo eco de las palabras del profesor Kaplan, cuando toda situación o derecho es considerado un derecho humano, automáticamente el discurso pierde valor y fuerza. Un breve vistazo a la realidad mundial nos enseña que verdaderas violaciones de derechos humanos quedan en absoluta impunidad. La mayoría de ONG’s e instituciones locales, regionales e internacionales, cuyo fin dicen ser la promoción de los derechos humanos, han desgastado el concepto de estos derechos. 

Es inaudito, y completamente desatinado usar, y hasta en muchos casos, malgastar el concepto de los derechos humanos en asuntos que no vienen al caso; en situaciones que ni siquiera cruzan el umbral de los confines de esos derechos. Los derechos humanos deber ser aplicados en contexto y no ser invocados deliberada e indiscriminadamente

La aplicación de derechos humanos debe ser entendida en contexto y ejecutada bajo circunstancias que sí signifiquen una amenaza para los derechos fundamentales de los seres humanos. Es necesario entender que no toda ‘limitación’ de derechos es necesariamente una violación de derechos humanos. Los derechos humanos se reconocieron para salvaguardar los derechos más ‘básicos’, más íntimos de los individuos; derechos que de ser violados suponen una grave violación a la dignidad de los seres humanos. Así, profesar un absolutismo moral kantiano de respeto hacia los derechos humanos para defender lo indefendible o para justificar lo injustificable es un gravísimo error. Peor aún, invocar los derechos humanos para racionalizar la negligencia de un estado al momento de proteger a la sociedad es inconcebible. Además, los derechos humanos, como dice Tasioulas, conllevan también la realización de deberes. No se puede hablar de derechos humanos, y de hecho de ninguna clase de derechos, sin la existencia de responsabilidades, de deberes. Los seres humanos tenemos derechos humanos, claro que sí; pero también tenemos obligaciones para con los demás individuos. Pues, la existencia de derechos sin obligaciones es peligrosa. Ya la Revolución Francesa nos enseñó que una receta que contiene derechos pero que carece de obligaciones, como dijo Burke, fue una combinación que los único que trajo fue mascares y caos.

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