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23 de Mayo del 2016
Ideas
Lectura: 11 minutos
23 de Mayo del 2016
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Los desafíos en el último año de Gobierno
Glas es el hombre más desprovisto de carisma que ha parido la así llamada revolución ciudadana. No atrae seguidores fuera de La Piñata, es decir de la empresa político-económica del correísmo. Moreno puede atraer mayor electorado, pero los propios correístas desconfían de su lealtad, a pesar de sus muchas declaraciones.

Si se cumplen los plazos constitucionales, dentro de un año exacto, el 24 de mayo de 2017, deberá entrar en funciones el nuevo Gobierno del Ecuador. El actual presidente, Rafael Correa, completará para esa fecha 10 años, cuatro meses y ocho días en el poder, el más largo período de cualquier gobernante en los, para entonces, 187 años de historia del Ecuador (el 5,52% de esa historia).

¿Quién será su sucesor, a elegirse en los comicios del 19 de febrero? Del régimen hay tres posibilidades: Jorge Glas, Lenin Moreno y el propio Correa. Este ha ido en zigzag: primero, impulsó una reforma constitucional para permitir su reelección indefinida, utilizando el atajo írrito de calificarla como “enmienda” para no tener que someterla a un referéndum; después, se arrepintió, al ver en las encuestas el creciente rechazo popular, e introdujo a última hora una transitoria para que la reelección indefinida solo entrase en vigor el 24 de mayo de 2017, bloqueando su utilización por él y los demás reelegidos en 2013.

Sin embargo, en un tercer momento, entreabrió de nuevo la posibilidad de reelección. A través de un supuesto movimiento “Rafael contigo siempre” más conocido como “¡Ay Pame!” por el nombre de quien la encabeza, se inició un proceso ––calificado de inmediato como constitucional, cuando no podía ser porque faltaba ya menos de un año para las elecciones, por el mismo tribunal que ha tumbado iniciativas más legítimas––, para que una consulta popular deje de lado la transitoria y permita la reelección de Correa.

Este camino resulta complicado por los tiempos: recolección de firmas, convocatoria a la consulta, realización de ella, proclamación de resultados. Pero, según el dicho que no es de Cervantes sino que tiene su origen en el poema del Mío Cid, «cosas veredes que farán fablar las piedras» y milagros hemos visto en esta novena de años. ¡Uno de ellos es que ya le iban a dar las papeletas a la Pame antes de calificar la pregunta! Así que bien podría resultar que se haga jurídicamente posible la reelección. De todas maneras, de las tres opciones, la de que Correa se presente parece la menos probable.

El problema del Gobierno es que las encuestas siguen demostrando lo difícil del triunfo de un delfín (por cierto, un conocido analista ecuatoriano dice que el Gobierno tiene un “muy buen sistema de encuestas” que incluyen, además de las periódicas, las de tracking, es decir de seguimiento diario sobre las medidas que toma, los pronunciamientos que hace, las iniciativas que emprende). Moreno es mucho más popular que Glas, pero es bien sabido que el grupo que llamaré La Piñata, los que están alrededor del vicepresidente, luchan desesperadamente por mantenerse en el mando, decidiendo a quién, a cómo y a cuánto dan los contratos.

Glas, y La Piñata, están dedicados a la reconstrucción de las áreas devastadas por el terremoto. Ya decía este servidor suyo en un artículo http://www.planv.com.ec/historias/sociedad/cosas-que-cambian-luego-del-t... que el terremoto lo cambia todo. Visto lo visto, una de las cosas que cambió es que ahora sí la campaña de Glas está clara. Por eso la visita de Moreno, besuqueando niños en Manabí junto con Glas, más parecía la presentación de un binomio electoral.
Glas es el hombre más desprovisto de carisma que ha parido la soit dit revolución ciudadana. No atrae seguidores fuera de La Piñata, es decir de la empresa político-económica del correísmo. Moreno puede atraer mayor electorado, pero los propios correístas desconfían de su lealtad, a pesar de las muchas declaraciones, escritas y de palabra, sobre su amor incondicional a Correa.

Hundido aún más por su manejo rastrero de la catástrofe de Manabí, cuando perdió su última oportunidad de ser estadista http://www.planv.com.ec/historias/sociedad/asi-correa-perdio-su-ultima-o..., el argumento que les queda a Correa y sus delfines es la obra realizada: las escuelas del milenio, los centros de salud, los servicios que la gente ve. El reto es que puedan seguir sosteniéndolas y no se deterioren por falta de profesores, por escasez de medicinas, por peculados.

El mayor enemigo de Correa y sus delfines, cualquiera que sea, es el desempleo, y este sigue extendiéndose con sus dolorosas consecuencias en el país. Ya no es un fenómeno solo de las personas sin calificación o de los jóvenes. Cada vez se oye de más despidos en la clase media, de adultos con buena preparación académica y años de trabajar en firmas que supuestamente no deberían estar contrayéndose, como las tecnológicas y las financieras. La crisis golpea a todos y crea un mayor número de desilusionados con la política del dispendio. Los jóvenes van a ser los más despechados, pues ya ni siquiera pueden aspirar a un cargo público, que era con lo que soñaban las cuatro quintas partes de los universitarios de Quito.

A más de ello la corrupción rampante, la demostración palmaria de que el sabio economista no supo administrar con previsión, la imposibilidad de sostener el modelo de un Estado gigantesco y lleno de prebendas para sus funcionarios, y la comprobación de su deseo de polarizar, de perseguir a sus opositores, de truncar los derechos y las libertades, de castigar a todos quienes no le alaben, se convertirán, junto con su mal manejo económico y el efecto de los impuestos y salvaguardias, en otros tantos argumentos para que el modelo de la supuesta revolución ciudadana siga desmoronándose.

Para la oposición, el gran desafío es ganar la presidencia a Correa o al delfín por él designado y, a la vez, lograr tener un número de asambleístas que impida la hegemonía de Alianza País en el parlamento. Tal vez no sea posible ganar en la primera vuelta, pero la aspiración debería que AP consiga el menor número de diputados en febrero y derrotar ampliamente al candidato oficial en abril.

En verdad es mucho pedir. Como acaban de demostrar las organizaciones políticas que conforman el Acuerdo Nacional por la Transparencia Electoral, hay serias inconstitucionalidades en el Reglamento Electoral expedido por el Consejo Nacional Electoral (CNE); inconstitucionalidades que buscan debilitar a las organizaciones políticas de oposición y le dan al Gobierno muchas ventajas, entre ellas la posibilidad de acaparar la comunicación. Por otro lado, tampoco hay un padrón electoral confiable, fuente de todas las sospechas de fraude.

En esta cancha inclinada, los candidatos opositores seguros son Guillermo Lasso y “Dalo” Bucaram. El primero tiene más fuerza de lo que se cree, porque ha dedicado estos años a crear una estructura nacional, que posee hoy directivas no solo en todos los cantones sino inclusive en buena parte de las parroquias del país. El famoso techo que se le achaca, que muchos decían estaba en el porcentaje que sacó en las elecciones de 2013 (22%), ha sido superado varias veces y ahora su aceptación está entre 28 y 30%.

Sin embargo, los retos que enfrenta, además de un árbitro vendido, son grandes: tener un discurso creíble y atractivo para el electorado más pobre, de manera de penetrar en algo en los sectores de la Costa proclives al populismo; encontrar una fórmula en que su candidatura sea más nacional (y romper la paradoja de que, siendo guayaquileño, tenga más partidarios en la Sierra que en la Costa).

Un discurso más abierto, más inclusivo, más democrático y una imagen de mayor cercanía al pueblo le permitirán contrarrestar el ataque que le harán las 24 horas del día los siete días de la semana en la campaña: ser banquero (no dirán que ha sido sino que es), lo que 16 años después de la crisis de finales del siglo XX sigue sonando a baldón. Si logra dar esperanzas a un país desesperado puede obtener buenos resultados.

Bucaram se presenta como un primer ensayo político nacional para él y para tener un grupo de diputados en la Asamblea. Lo mismo pasará con otros candidatos, que se lanzarán por presión de sus partidos que necesitan candidato presidencial como locomotora de las listas provinciales, por ese defecto de nuestra democracia de que los diputados se eligen en la primera vuelta. Esta dispersión es mala para la oposición y buena para el Gobierno.

En el centro izquierda no hay una figura que descuelle. La Izquierda Democrática se halla a la espera de que se califiquen las firmas que presentó para volver a constituirse en partido y sigue trabajando en su organización interna, bajo el incansable liderazgo de Wilma Andrade. Ojalá de allí salga una plataforma interesante de propuestas y nuevos liderazgos.

Jaime Nebot sigue en la duda. Declara públicamente que no será candidato, pero siendo como es un político profesional, jugará sus cartas si llega el caso como, por ejemplo, según calcula algún analista, lanzarse de candidato si es que Glas lo es. Sabe que a Glas sí le puede quitar muchos votos en el suburbio guayaquileño, aunque siga sin poder captar gran parte del electorado de la Sierra.

En todo caso, nada se resolverá aún. Alianza País agotará el plazo de inscripción de candidaturas que concluye dentro de un semestre, el 19 de noviembre de 2016. Solo entonces se acelerarán los tiempos de la política.

[PANAL DE IDEAS]

Patricio Moncayo
Fernando López Milán
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Carlos Rivera
Mariana Neira
Carlos Arcos Cabrera
Adrian Bonilla
Gonzalo Ordóñez
Natalia Sierra

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