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9 de Abril del 2020
Ideas
Lectura: 8 minutos
9 de Abril del 2020
Carlos Arcos Cabrera

Escritor

Diario de cuarentena XIII
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La sentencia podía haber provocado un terremoto político en la frágil democracia que vivimos. Pero lo cierto es que la pandemia lo ha puesto en su verdadero nivel: la sentencia a un grupo organizado de delincuentes. Parafraseando a Simón Espinosa Cordero: «Su majestad Rafael I, El deslenguado, ha sido condenado». No digo más.

Martes, 7 de abril de 2020

20:00. Tengo hambre. Prepararé algo para comer. Dos grandes inventos: la lavadora y las sopas de sobre. Abro uno de pollo, arroz y quinua. ¡Sopa para los dioses! Tiene la capacidad de hacerme evocar sabores que había olvidado.

23:35. En pocos minutos será miércoles. En otro tiempo habría escrito una columna con el título Todo lo sabía. La sentencia al coleccionista de doctorados Honoris Causa tiene como argumento central que él estaba al tanto de toda la operación mafiosa y se beneficiaba de la misma. Él, que todo lo sabía de periodistas, críticos y opositores antes de someterlos al fusilamiento de los sábados, también sabía de cómo la gavilla que tenía a su servicio trabajaba para su propio provecho y para el suyo. Hoy tratan de convencernos de que su inocencia no era menor que la del padre Adán y de la madre Eva antes de la caída. Habrá que esperar que la Justicia siga su curso pues aún faltan un par de instancias. No sería extraño que para salvar su pellejo opte por la ciudadanía belga.
La sentencia podía haber provocado un terremoto político en la frágil democracia que vivimos. Pero lo cierto es que la pandemia lo ha puesto en su verdadero nivel: la sentencia a un grupo organizado de delincuentes. Parafraseando a Simón Espinosa Cordero: «Su majestad Rafael I, El deslenguado, ha sido condenado». No digo más. Soy un desastroso analista de la política, algo que me costó aceptar luego de tantos yerros. Por otro lado, muchos textos sobre este tema se escribirán con tinta etérea, inmaterial, en realidad, impulsos eléctricos que toman la forma de letras, palabras y párrafos y llenarán las pantallas de las compus, la tablets y los cell.

Miércoles, 8 de abril de 2020

01:10. El sueño es un desaprensivo personaje. Esperaba sus parabienes y dormir. Pero, no. Se ha ido sin avisarme. Con verdadera angustia descubro que está vacío el frasco de gotas de aceite medicinal de cannabis a las que acudo en estos trances. Enciendo la compu: es abrir la puerta por la que escapa los restos del sueño que aún quedan. Leo un artículo sobre las consecuencias de la pandemia en el mundo del arte en Nueva York: museos despidiendo personal y sin recursos, galerías que cierran, revistas de arte que dejan de circular. El mundo del arte no es lo mismo que el arte. El primero cambiará de una manera radical; el segundo hará de este momento que todos vivimos una experiencia creativa, pues esa es su esencia: Goya y tantos otros. ¿Qué sucederá con el mundo de los libros, las editoriales y las librerías?
Reviso mensajes que llegaron hace días y encuentro uno de Isabel Ibáñez. Vive en Santiago. Nos divorciamos hace muchos años. Ella conversó con una amiga húngara sobre uno de los diarios en que me preguntaba cómo sonará Márai en húngaro. Su amiga leyó unas frases, las grabó y me envió el audio. ¡Un regalo! ¡Gracias!
Un mensaje de Miguel Molina, el diario La República de Lima publica una extensa entrevista sobre su libro Cuaderno de la lluvia que contiene una selección de sus crónicas. Está en formato virtual. Una contribución para este tiempo de encierro. Me alegro. Una internacionalización temprana.

02:20. Navego en Netflix. Encuentro una serie japonesa que lleva por título Restaurante de medianoche. Me llama la atención. Veo uno, dos, tres capítulos. ¡Me encantó! Un pequeño boliche, una hueca en el centro antiguo de Tokio que abre a medianoche y cierra a las siete de la mañana. Cada capítulo tiene el nombre del plato del día. Historias cotidianas sencillas. Cocina esencial y deliciosa. Logra trasmitirnos algo del espíritu de los habitantes de esa metrópoli. Eso creo. El anhelado sueño llega. No digo hasta mañana pues el ayer ya es ahora.

9:00 Releo lo escrito mientras bebo un café bien cargado. La vida continúa. Veo un par de noticias. Lo de la sentencia a Correa es devorado por el silencioso holocausto de la pandemia. En los vericuetos de la red encuentro una entrevista al embajador (político) de Ecuador en España. No sé si reír o llorar, o reír llorando de tanta estupidez concentrada en unos minutos. Lo que sí sé es que se me agotaron los insultos y la ira me llevó a caminar como un demente alrededor de la sala. Le faltó decir que ―en su falaz interpretación etnográfica― las prácticas funerarias de los ecuatorianos a más de los tres días de velación, incluyen abundantes libaciones, cachos para todos los gustos y que al tercer día se envuelven los cadáveres en bolsas plásticas y se los arroja a la calle en espera de que alguien se los lleve, para seguir bebiendo en nombre del finado. Un gobierno que respete al país debería traerle de las orejas, sin darle oportunidad de indulto, para usar un término taurino.  Nada sucederá: tiene poderosas palancas en el régimen.

10:15 ¡Arruiné la mañana! Voy al balcón en espera de que el viejo fumador haga su aparición en la recelosamente tranquila calle. Espero. No asoma. Regreso.

19:00 Almorcé en solitario. Alguien dirá y no se equivoca que lo importante es poder comer, aunque sea en solitario. En la tarde, leí un voluminoso libro que le tenía abandonado: El miedo en occidente de Jean Delumeau. Estudia las grandes pestes de fines de la Edad Media. Hasta el momento, muy interesante.  Está disponible en formato ebook en Amazon.
Al final del día doy con una noticia que me provoca una carcajada que en el silencio de la noche bahiense deben haber escuchado lo vecinos y ahuyentado a los reyes nocturnos de las calles: los perros. Correa propone a su archienemigo Jaime Nebot aliarse para destituir a Moreno y dar una «salida constitucional» a la crisis. La condena a cárcel lo descolocó y lo desquició, quiere salva su pellejo a cualquier costo. La crisis que vive Ecuador por la pandemia no se soluciona cambiando al gobierno a pesar de los errores que ha cometido, por lo demás, imposibles de ocultar. En el lenguaje popular «No es aconsejable cambiar de caballo a mitad de río». Además, para recordar la entrevista a Fernando Sacoto, médico salubrista, en el gobierno de Correa se desmontó el sistema de vigilancia epidemiológica del MSP, que hubiera servido de mucho para enfrentar la pandemia.

Es todo por hoy. Regreso a la lectura de Delumeau.

[PANAL DE IDEAS]

Gabriel Hidalgo Andrade
Alfredo Espinosa Rodríguez
Patricio Crespo Coello
Carlos Rivera
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Mauricio Alarcón Salvador
Mariana Neira
Rodrigo Tenorio Ambrossi
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