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27 de Abril del 2020
Ideas
Lectura: 11 minutos
27 de Abril del 2020
Carlos Arcos Cabrera

Escritor

Diario de cuarentena XXV
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El vivo criollo: Ese ya se ha beneficiado de los salvoconductos y transita libremente de un lugar a otro. No hace cola en el supermercado ni en el banco pues sabe que el vivo criollo sobrevive mejor que el tonto criollo, o el cojudo ingenuo. Nunca estuvo en cuarentena así que «desescalar» ni le va ni le viene. (Incluye nota explicativa)

Sábado, 25 de abril del 2020

22:00. Me levanté feliz pues tuve un sueño que lamentablemente olvidé el mismo instante en que abrí los ojos. No tengo la más remota idea de lo que se trataba, pero me hizo sentir una felicidad extrema. Así arranqué el día. Pero la felicidad, duró lo que dura la felicidad: un instante. El Rey del Reguetón volvió a la carga con ánimos redoblados. Fiel a mi espíritu científico, descargué una App en mi smartphone para saber el nivel al que llegan los decibelios. No bajan de 85. Con acuerdo a la tan vapuleada, citada y alabada OMS, estar sometido a ese volumen durante ocho horas provoca daños. No fueron ocho, sino once horas. Estoy rendido. He intentado que alguna autoridad intervenga, pero todo esfuerzo es vano. Opto por cerrar las puertas y las ventanas, taponarme los oídos y, hacia la tarde, escuchar una música de consultorio de dentista. Pero nada funciona. El problema son los bajos: sismos sonoros que hacen vibrar todo. No sé si a los vecinos del Rey del Reguetón les gusta esa música. Probablemente sí. Yo soy el único neurótico que se queja. ¡Cuarentena y reguetón!

23:45. Releo los mensajes. Santiago Carcelén me envió días atrás un poema escrito a varias manos desde lugares tan distintos como Rumanía, Perú, Francia y Ecuador. Reproduzco unos versos:

Ya no hay muertos,

quedan almas errantes

buscando habitar otros planetas,

la caverna de Platón se ha clausurado.

Domingo, 26 de abril de 2020

La cuarentena y el «desescalar» (vaya palabreja): hipótesis sobre cómo reaccionarán los diversos tipos nacionales:

1. El vivo criollo: Ese ya se ha beneficiado de los salvoconductos y transita libremente de un lugar a otro. No hace cola en el supermercado ni en el banco pues sabe que el vivo criollo sobrevive mejor que el tonto criollo, o el cojudo ingenuo. Nunca estuvo en cuarentena así que «desescalar» ni le va ni le viene.

2. El sapo de la Grecia: Además de salvoconducto, goza de algunos privilegios: es amigo, pariente o socio de algún politicastro, lucra de su cercanía con un ministro o un secretario, lo acompaña en sus recorridos para la inevitable foto, o él mismo es un politicastro que está en el poder. Debe de haber conseguido mascarillas de seguridad, guantes y trajes de protección sustrayéndolas a los médicos y enfermeras que se juegan la vida en el frente de esta silenciosa guerra. Hasta es posible que se mueva en un vehículo del Estado. La «desescalada» es su caso, es similar a la del vivo criollo.

3. El «Me vale v…»: Esta familia tiene varias subespecies:

3.1. El «Me vale v…» estilo narco: Aparenta conducta de narco, aunque se muera de hambre. El Rey del Reguetón es una subespecie de esta familia. Camina por las calles a cualquier hora, saca su auto en pleno toque de queda para gastar gasolina y tiempo y, si se encuentra con la policía, pronuncia su frase predilecta: «No sabe con quien se mete…», y el chapita todo cabizbajo responde: «Siga nomás, jefe». Todo le vale v…, menos su madre, pues tiene un Edipo incurable. En el lenguaje coloquial «Se caga de risa de todo». La «desescalada» lo tiene sin cuidado.

3.2. El «Me vale v…» informado: Se escuda bajo el frío análisis de la economía política del Covid-19. Tiene un gráfico con tres curvas, la de contagios y muertes (ascendentes) y, la de las utilidades (descendente). La pregunta es: ¿Cuántas muertes son equivalente a la pérdida de un dólar adicional? Toda muerte que no afecte el negocio es tolerable. Son muertes que a la larga valen v… Juega a su favor el subregistro de muertes en que este Gobierno ha desarrollado una envidiable experticia. Es conocimiento adquirido que se puede poner a disposición de la comunidad internacional. Para eso puede pedir apoyo al emérito etnógrafo de ceremonias funerarias guayaquilensis, reconocido internacionalmente, que despacha desde la Embajada de Madrid. ¡Olé! A ese la «desescalada» le viene como anillo al dedo.  La curva de muertes se transformará en meseta y la de las ganancias comenzará a crecer con fuerza.

3.3. El «Me vale v…» consagrado: Dominó durante una década el país AN-TRO-EX (Andino, tropical y expetrolero) aunque su presencia tiene algunas décadas de existencia y connotados representantes locales. Apoya incondicionalmente la desescalada. En busca de votos medra de la cuarentena y de la «desescalada».

3.4 El «Me vale v…» a secas: Pertenece a los más diversos estratos sociales. Pasó por alto la cuarentena y la desescalada le permitirá seguir en la farra, aunque sea a nivel privado.

4. El cojudo ingenuo: Cree que los ángeles no tienen sexo, que todavía hay políticos honestos, que el Fredy Elhers no era tan cojudo como parecía y que cuando termine el encierro seremos buenas personas. Lee con atención las columnas de los diarios escritas por los sabelotodos y mueve la cabeza en señal de reconocimiento de lo acertado de sus puntos de vista. Nunca entendió aquella frase que dice: «El vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo». Votó convencido de que entregaba el poder a jóvenes de manos limpias y corazones ardientes y aún no se convence de que eran las manos las que tenían ardientes y se llevaron lo que pudieron. Es una minoría en franco declive. Le aterroriza la «desescalada» y por mutu propio guardará la cuarentena.

5. El cojudo a secas: Todavía se emociona cuando escucha las sagradas notas del Himno Nacional. Hace cola para entrar a los supermercados y a los bancos. Refunfuña cuando un vivo criollo entra como Pedro por su casa ignorándolo cual si fuera perro callejero. Está convencido de que cuando comience la etapa de distanciamiento social todos usarán mascarillas, respetarán las distancias y se saludarán con cortesía sin darse la mano. Cree fielmente que todos respetan la ley y las disposiciones de las autoridades. Por cierto, no entiende los chistes pastusos. Es la mayoría silenciosa de una clase media camino al barranco. Con relación a la «desescalada» leer lo concerniente al punto 4.

6. El cojudo ad honorem: También conocido como cojudo honoris causa. Cree que no es cojudo, lo cual lo define de cuerpo entero. Piensa que es distinto al resto, que eso lo vuelve invulnerable. A ratos desespera por la cuarentena y no duerme al acercarse el temido día en que llegará la notificación de la tarjera de crédito que uso como un gran cojudo, cuando el mundo era otro.  En el fondo espera el día en que le autoricen ir a trabajar y cobrar la quimérica quincena y cree que inevitablemente el futuro será un jardín de rosas y claveles. 

7. El sabelotodo: Especie confinada a las páginas de los diarios y a los programas de televisión. La «desescalada» le permitirá seguir luciéndose.

8. El país profundo: El profundamente jodido porque no tiene empleo ni ingresos ni vivienda adecuada. La pandemia y la cuarentena lo ha puesto en un dilema tenaz: o lo mata el coronavirus o lo mata el hambre. Así de brutal. Ha confeccionado su propia mascarilla y sale a ganarse el día como bien puede. La «desescalada», si lo alcanza, será un respiro a riesgo de contaminarse y contaminar. Y no tiene alternativa. Los cojudos de diversa naturaleza les señalan con el dedo y les gritan: ¡Ignorantes!

9. El No sabe / No responde: Escriben mensajes sobre la vida interior, sobre la iluminación y el nirvana. Están más allá del bien y del mal. Flotan. En mi tiempo escuchaban a Ravy Shankar.  Hoy no lo sé.  ¡Los envidio!

10. Los muertos anónimos: El grupo constituido por los muertos anónimos, de los que nunca sabremos quiénes fueron, los que se fueron sin despedida, sin rezos y sin flores, a los que se dio por muertos y que han despertado para volver a encontrarse con los suyos, en tanto otros ocuparon su lugar.

11. Los héroes del momento: Enfermeras, médicos, paramédicos, bomberos, recolectores de basura, todos aquellos que deben lidiar y hacerse cargo de los resultados de las acciones de los vivos criollos, de las varias especies de los «Me vale v…; de los cojudos de diverso tipo y, por cierto, del país profundo. La «desescalada» les debe quitar el poco sueño que tienen. Un abrazo fraterno y agradecido.

Nota explicativa (martes 28 de abril):

Ante algunos reclamos, presento el instructivo para leer el Diario de cuarentena XXV:

1. Definición de «cojudo»: De acuerdo con Fernando Miño-Garcés PhD, autor del Diccionario del español ecuatoriano (Centro de Publicaciones PUCE, 2016), «Cojudo» es un término que se puede usar como sustantivo, verbigracia: «El cojudo no se dio cuenta de que…» o como adjetivo: «¡El ministro es un cojudo!», que es una frase frecuentemente escuchada.
En su primera acepción, siempre de acuerdo con Miño-Garcés, «cojudo» significa: «Persona que da muestras de ingenuidad, escaso entendimiento y falta de viveza». En América Latina sus equivalentes más conocidos son: «huevón» (Ch) y «pelotudo» (Ar). En la lengua vernácula dominante, equivale a «mushpa» o «shunsho» (pág. 216).
2.  El «Vale v…» es equivalente a «¡A mí que ch…!». Se lo puede usar indistintamente.
3. Para no alargar innecesariamente mis notas, evité usar un lenguaje inclusivo. Verbigracia: «El y la me vale v…», «El y la viva criolla», «El y la sapa de la Grecia». Ruego encarecidamente a l@s lect@res que donde dice «cojudo», se lea «cojud@», así como en todas las otras familias y especies reconocidas. Así nadie se sentirá injustamente «excluid@», «excluidx» ni «excluide».

Atentamente,

Carlos Arcos Cabrera

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