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1 de Septiembre del 2022
Ideas
Lectura: 8 minutos
1 de Septiembre del 2022
Carlos Arcos Cabrera

Escritor

Diario de México: jornada 7
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La conversación también es un palimpsesto. Descubrimos capa tras capa, memoria tras memoria amigos que se han ido, los que permanecen, los que el destino distanció y aquellos de los que poco o nada se sabe: es la vida de los otros y nuestra propia vida. También los libros leídos y olvidados. Sí, la conversación es descubrir el palimpsesto que es toda memoria y toda vida.

La Conquista de México es un campo minado, una historia que no cesa de escribirse y reescribirse desde perspectivas contradictorias. El historiador Hugh Thomas sorteó el problema llamando a su colosal libro, La conquista de México: el encuentro de dos mundos, el choque de dos imperios (Editorial Planeta, 2004). Uno de los imperios se encontraba en plena construcción, el de los Reyes Católicos —Isabel y Fernando—, en tanto que el otro se hallaba en su apogeo, el de México, el de Moctezuma. Algo similar aconteció en los Andes, con el Imperio Inca. En ese campo minado de las historias transcurre Un día cualquiera (Editorial Planeta, 2021), mi más reciente novela. Los protagonistas fueron de Sevilla a Tenochtitlán, de allí a la Ciudad de los Reyes —como originalmente se llamó Lima—, a Popayán y finalmente a Quito.

No puedo dejar de reflexionar sobre la novela mientras trato de reconstruir la llamada Ruta de Cortés. Igual que todo o casi todo sobre la conquista de México, o el «encuentro de dos mundos» (sigo a H. Thomas), es un tema en debate. ¿Cuál fue la verdadera ruta? Cualquier opción que se elija será como tratar de descubrir el texto original de un palimpsesto sobre el que se ha escrito y reescrito innumerables veces cada interpretación de la historia.

Lo cierto es que existen  hitos: Veracruz, aunque no es la Villa Rica de la Vera Cruz, sino el gran puerto del Golfo en que se reafirmó el nacionalismo mexicano debido a la ocupación del puerto por Estados Unidos en abril de 1914. Existen Xalapa, cuyo museo alberga la mayor colección arqueológica de las culturas Olmeca y Totonaca y que es un incentivo para visitar Tajín, el monumental complejo arquitectónico Totonaca, que está fuera de las rutas turísticas habituales; también Tlaxcala, donde se selló el pacto entre Cortés y los tlaxcaltecas y que fue decisivo para la derrota de Tenochtitlan y, por cierto, Cholula, donde el peso del catolicismo es avasallador: poco queda del gran templo dedicado a Quetzalcóatl y de la explanada donde se produjo la gran matanza. Es como si nada de lo que sucedió debiera ser recordado. Fue tan brutal el impacto que tuvo este acontecimiento entre los mexicanos que se puede decir que marcó su destino. Cuando leía sobre la matanza no podía dejar de pensar en la frase de Maquiavelo: «A los hombres hay que halagarlos o destruirlos, que de las pequeñas ofensas se vengan en tanto que de las grandes no pueden». ¿Leyó Cortés al florentino?

Este domingo de fin de julio, la postrer jornada de esta visita a México,  con Gonzalo Varela y Gisela González, dos entrañables amigos (él es uruguayo y publicó recientemente un estupendo e innovador estudio sobre el golpe de Estado de Bordaberry en Uruguay; ella es una reconocida editora especializada en libros académicos), decidimos recorrer la Ruta de Cortés en sentido inverso. Partimos desde Ciudad de México, dejamos atrás Amecameca y nos internamos en el camino al volcán y que serpentea en medio de un denso bosque de coníferas.  El Popocatépetl lucía en todo su esplendor. El parque y los senderos están cerrados al público pues el volcán está en alerta amarilla. Un joven guía nos informó que podíamos seguir el camino de terracería con destino a Cholula. Decidimos aventurarnos a pesar de que viajábamos en un auto bajo. Llama nuestra atención la atención los anuncios que ofrecen terrenos en venta. Aquel lugar no se salva de la expansión urbana de Ciudad de México. En determinados momentos, el camino se convierte en una trocha. Pero la decisión está tomada y avanzamos. Nos detenemos a mirar el enorme valle cuyo centro es ahora la ciudad de Puebla de los Ángeles cubierta por una densa nube de smog. Los volcanes quedan a nuestras espaldas. San Nicolás de los Ranchos marca un límite y en el campo se pueden ver las milpas (sementeras de maíz), pastizales, árboles de manzana, durazno y capulíes y en los alrededores  de Cholula, los nopales.

El pasado americano, nuestro pasado, será hasta el fin de los tiempos un territorio en disputa política, ideológica y cultural. Nunca se encontrará un punto de acuerdo

La conversación también es un palimpsesto. Descubrimos capa tras capa, memoria tras memoria amigos que se han ido, los que permanecen, los que el destino distanció y aquellos de los que poco o nada se sabe: es la vida de los otros y nuestra propia vida. También los libros leídos y olvidados. Sí, la conversación es descubrir el palimpsesto que es toda memoria y toda vida. Es un ir y venir de recuerdos, pero también un diálogo sobre el significado de la ruta que recorremos. Por esta ruta, o por una similar, aneja tal vez, poco importa, han circulado desde hace cientos de años otros humanos: comerciantes que llevaban preciados bienes a Tenochtitlan, guerreros y también miles de prisioneros, así como hombres y mujeres, destinados al sacrificio para satisfacer las exigencias de los dioses tutelares.

Esta ruta fue recorrida por Cortés, sus hombres y sus aliados tlaxcaltecas y totonacas un día que para ellos era un día cualquiera de los muchos que llevaban en campaña y que para miles de otros hombres y mujeres de los dos imperios se convertiría en hito fundacional de una nueva era: para unos de gloria y riqueza, para otros el inicio de una apocalipsis que dura hasta ahora. Nosotros seguimos los pasos de tantos miles que nos precedieron, vencedores y vencidos, y también la recorremos como si obedeciéramos un rito secreto que nos devele alguna escurridiza verdad sobre nuestra propia existencia.

El pasado americano, nuestro pasado, será hasta el fin de los tiempos un territorio en disputa política, ideológica y cultural. Nunca se encontrará un punto de acuerdo. La conquista, el choque de imperios, es un acontecimiento de polémica permanente, un territorio de disputa,  un campo minado en el que existe una presión inevitable para tomar partido. En América Latina vivimos el pasado, que es para nosotros antes que pasado,  presente y futuro. Los ecos del debate entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas, en otros términos y desde otras perspectivas, se escuchan hasta ahora, es un debate sin final.

Cholula nos recibe con un sol inclemente. Nos refugiamos en el largo portal que da al zócalo. Por la arquería que lo soporta corre un viento fresco y reparador. Una cerveza Negra Modelo y un pollo en mole nos dan fuerza para enfrentar el retorno a la ciudad que ocupa el lugar de otra que flotaba entre el lago y el cielo, que se llamaba Tenochtitlán y que fue destruída. La ciudad que se construyó sobre sus despojos es también ante todo un palimpsesto en que se escribe y reescribe la historia.

[PANAL DE IDEAS]

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