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22 de Junio del 2022
Ideas
Lectura: 11 minutos
22 de Junio del 2022
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

Días del futuro pasado: el conjuro de los radicales
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Los levantamientos pueden echar abajo un gobierno, pero no pueden cambiar las estructuras por pedido y radicalización de las protestas. No es señal de fuerza, en realidad constituye una pérdida de poder, pues a pesar de la contundencia de las movilizaciones, que despiertan la conciencia social, no conducen al desarrollo económico, social y tecnológico de cada comunidad indígena.

Tomo el título de esta nota, de la película de los X - Men: Días del futuro pasado, dirigida por Bryan Singer. Los centinelas unos androides enormes, perfectos y adaptables están a punto de exterminar a la especie mutante. Para evitar el genocidio deciden, como último recurso, enviar la conciencia de Lobezno, el único mutante en capacidad de resistir, al pasado para evitar la creación de los centinelas y modificar el rumbo de la historia. 

Hoy 21 de junio del 2022 una movilización indígena con mares de gente ingresa a Quito, es imparable y el borde entre la movilización pacífica y la violencia se desdibuja permanentemente. Escribir cualquier cosa a favor o en contra de la movilización o a favor o en contra de Lasso, es inútil, la confrontación es emocional y los argumentos solo refuerzan la ira e impiden la reflexión.

Así que decido viajar al pasado para comprender el futuro y así tener una perspectiva menos sensible del doloroso presente que vivimos. 

Todo se gestó, de alguna manera, en  el levantamiento indígena y popular de octubre del 2019, como no soy Lobezno pero estoy gordito, seré Osezno. 

Cierro los ojos, mi mente viaja…

¡Rayos! Mi conciencia despierta en el cuerpo de un chapita (policía en el argot quiteño) con armadura antimotines, no tengo tiempo de pensar, unos manifestantes nos atacan, no son estudiantes, ni pueblo, están en formación de ataque, los golpeamos duro, pero son relevados por la siguiente fila, a mi mente viene la imagen de una niña con trenzas, seguramente es su hija.

Sobrevivimos, estamos tomando agua antes de continuar la lucha en las calles. 

Pasé un día entero en el cuerpo del chapita. Le duele, me duele todo. Chuta, ahora entiendo mejor lo complejo del levantamiento, los grupos que participaron podrían resumirse así: 

En primer lugar, el movimiento indígena histórico, profundamente ligado a las bases. Pero este movimiento indígena está fracturado por el correísmo, así que una parte tiene como fin tumbar el gobierno y punto. 

En segundo lugar, el correísmo, con su doble estructura de poder: la institucional controlada en silencio por burócratas de medio rango y autoridades, sus redes de corrupción alimentan tanto sus bolsillos como el caos. 

En tercer lugar, mercenarios, con los que me enfrenté esta mañana, mi capitán dijo que probablemente estaban financiados por el correísmo o por los narcos, como señalan varias investigaciones periodísticas. 

En cuarto lugar, sectores populares y de la clase media, en general hartos del abuso, la corrupción, la estupidez y el descaro de los líderes políticos.

En quinto lugar, el lumpen, gente sin techo, en la indigencia o la criminalidad de la calle, como escuché a la gente decir: “no eran los vecinos cerrando calles, no eran de aquí”. 

En sexto lugar, nosotros los policías, sin equipo, mal tratados y destinados de nanas de los políticos, o a vigilar a nuestra propia gente. Todos estos grupos mezclados en las calles. Debo salir de este cuerpo, intentar cambiar las cosas. Me concentro de nuevo, intentaré viajar a otro momento, otro cuerpo. 

Despierto con una sensación extraña, lo primero que distingo son unas caderas robustas y el pecho… de mujer, vaya soy una líder indígena. Hoy es domingo 13 de octubre, la reunión de las organizaciones indígenas con el presidente Moreno está programada para las 15:00. Es mi oportunidad, debo hablar con Leonidas Iza. Durante el camino al Palacio presidencial le digo a bocajarro:

-Ve Leonidas, tengo algo importante qué decirte. 

-Sí compañera, qué es.  

-Escúchame, el futuro depende de lo que decidas ahora, no solo de las organizaciones indígenas sino de todo el país. 

-No de mi compañero, de todos. 

-Lo que quiero decir, es que no pidas el congelamiento de los combustibles, es mejor estrategia subir el precio, principalmente de la súper, y lograr que un porcentaje vaya a las comunidades. Necesitamos plena conectividad a Internet, tecnologías agrícolas, nuestro propio sistema de transporte. Lleva dinero al campo. 

-No es posible, hemos acordado con las bases, tú sabes, no podemos cambiar. 

-Tú si puedes -casi le grito, mientras siento mis ovarios retorcerse-.

-Sería fatal para el movimiento indígena, solo escuchan por la fuerza. 

En eso llegamos al palacio de Carondelet. 

Despierto en el presente. Nada ha cambiado. Pero al menos entendí la importancia de tener otros puntos de vista, de estar en otros cuerpos con sus deseos y miedos. Para las personas que se movilizan la ira y el dolor es suficiente, la sociedad red, del conocimiento, de la información, como quieran llamarla, junto con la globalización muestra un mundo con posibilidades infinitas, pero les niegan el acceso. 

¿Cabe otra postura para entender este caos continuo?

Separo mi conciencia, como un espíritu que se eleva sobre los acontecimientos históricos, ¿qué observo? 

Me elevo sobre la ciudad en calidad de Osezno y ¡descubro a los Centinelas!: máquinas políticas, ideologizadas, que operan principalmente en la burocracia socavando las instituciones a través de redes de corrupción. Los reconozco del presente, son los mismos que traficaron con la muerte en los servicios de salud público durante la pandemia de Covid 19. 

¿Pero quién creó a los Centinelas? ¿Los políticos, los narcos, los dos?

Los levantamientos pueden echar abajo un gobierno, pero no pueden cambiar las estructuras por pedido y radicalización de las protestas.

Los líderes de las bandas de narcos que asesinan por territorios, son el tercer nivel en la jerarquía, no pueden ser sus creadores.  El segundo nivel lo forman los que reciben órdenes de los patrones y se aseguran que los pandilleros obedezcan (Mariana Neira / Los narcos moverían más dólares que el presupuesto de estado), tampoco ellos. 

En el primer nivel se ubica el poder de verdad, personas invisibles al radar que tienen el dinero y la influencia para manejar los hilos detrás de los acontecimientos: “personajes de la política, de la justicia, autoridades de seguridad, diplomáticos, gente de cultura, etcétera” (Mariana Neira).

Mi conciencia hace clic y despierto en mi cuerpo. ¡Claro!, descubro una pista importante, los jueces corruptos son el camino para identificar a los patrones que compraron su conciencia y la de sus familias a cambio de impunidad. La falta de justicia debilita la estructura del estado, la impunidad genera miedo e indefensión. Y el miedo es fácil de manipular por líderes radicales y populistas.  

Pero existe otra razón, aún más poderosa que explica la situación actual: un cambio civilizatorio de magnitud similar al descubrimiento de la imprenta; la cultura humana se globalizó, al mismo tiempo generó posibilidades de reconocimiento de las culturas locales; la diversidad se enfrentó a la homogenización del consumo, pero, sobre todo, diluyó los cimientos del trabajo, la religión, la conciencia del mundo y de las relaciones humanas, del rol de las mujeres y el declive de las masculinidades. 

Las tecnologías provocaron que sociedades agrarias e industriales desaparezcan y las conviertan en sociedades anacrónicas, confinadas en un mundo sin futuro. Los líderes que ofrecen cambios radicales, en realidad, conjuran el miedo a lo desconocido, profundamente conservadores, aunque critican el sistema, no permiten ningún cambio. 

Me explico, si la mayoría del sector agrícola funcionara como las empresas cooperativas, de enorme éxito comercial: Salinerito, ubicadas en la provincia de Bolívar, de seguro ningún líder indígena podría convocar un levantamiento. Que detenga la producción, ¡estás loco! 

Volvamos al tema civilizatorio, aunque el campo parece inmune a transformaciones profundas, de hecho, la movilización es una respuesta a una transformación antes inconcebible en el mundo indígena y campesino: la substitución del trabajo agrícola manual, por sistemas inteligentes, la necesidad de renovación de los sistemas de transporte y carga por alternativas híbridas o eléctricas, incluso la energía se generará por sistemas locales y no por grandes empresas estatales. Todo eso está ocurriendo ahora, y para los líderes del pasado, solo hay una manera de detenerlo, con la intervención del estado. 

Lamentablemente el futuro no se puede detener. 

Hora de viajar al futuro, veamos que ocurrió. 

Despierto en el cuerpo de un joven, está viajando del campo a la ciudad, en un bus de transporte interprovincial, es un militar de origen indígena que regresa de licencia. Mientras mira el paisaje recuerda cuando se encontró en pleno paro con su familia, incluso salió en las noticias. 

- Cuando finalizó el paro mi familia estaba eufórica, al fin ganamos, gritaban. Dos años después, la sensación de poder de mi comunidad se convirtió en frustración y tristeza. Nos falta salud y educación, congelaron la gasolina, pero no llegó dinero o trabajo a la comunidad. Mi madre sigue viajando en el balde de camionetas para llegar a la feria, quizá algún día tenga para comprarle una camioneta. 

Ya llegué al cuartel Eplicachima, más bien llegó el soldado. Decido volver al presente, aquí, en el futuro, los Centinelas gobiernan el Ecuador.

Los levantamientos pueden echar abajo un gobierno, pero no pueden cambiar las estructuras por pedido y radicalización de las protestas. No es señal de fuerza, en realidad constituye una pérdida de poder, pues a pesar de la contundencia de las movilizaciones, que despiertan la conciencia social, no conducen al desarrollo económico, social y tecnológico de cada comunidad indígena.

El subsidio de la gasolina, es un engaño, solo preserva la pobreza e impide obtener los recursos para lograr estrategias y acciones concretas que hagan viable el desarrollo del sector rural y la convivencia social. 

Este es el informe de mi fracasado viaje en el tiempo. 

Osezno. 

 

[PANAL DE IDEAS]

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