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18 de Mayo del 2015
Ideas
Lectura: 5 minutos
18 de Mayo del 2015
Arturo Moscoso Moreno

Abogado y politólogo

#DictaduraDelCorazón
El corazón es un músculo mientras que el cerebro, entre otras funciones vitales y maravillosas, nos permite pensar, lo que idealmente se debería hacer antes de hablar, claro.

El corazón, si bien es uno de los órganos más importantes del cuerpo humano, no lo es más que el cerebro, sin duda. El corazón en definitiva, es un músculo, mientras que el cerebro, entre otras funciones vitales y maravillosas, nos permite pensar, lo que idealmente se debería hacer antes de hablar, claro. Seguramente por eso, cuándo nos dejamos llevar por el corazón, por muy romántico que suene, nos solemos equivocar del medio a la mitad. Yo, por ejemplo, tuve algunas novias a las que les permití, por no utilizar el cerebro, que me estrujaran el corazón, pero esa es otra historia.

Así, podría darse la situación de que alguien afirme que el presidente de un estado democrático es el jefe, no sólo del Ejecutivo, sino también de los otros poderes, Legislativo y Judicial, cuando todos sabemos que en una democracia que se precie de ser tal existe división de poderes, pesos y contrapesos y rendición de cuentas. En una exposición de ideas así poco tendría que ver el cerebro, creo yo.

Otra, en la misma línea, podría decir que como el país es gobernado por su partido, la división de poderes no existe si no, únicamente, “funciones distintas” y que no estamos aquí siguiendo “la lógica de Montesquieu”, (lo que sea que quiera decir una aseveración tan disparatada), reconociendo desde lo profundo de su corazón, seguramente, porque el cerebro no creo que estaría involucrado, que para ella y sus camaradas la democracia no sería ni ideal ni necesaria. O también podría decir que será sumisa cuando de la lucha y reivindicación de los derechos de las mujeres se trate, afirmación tan contradictoria y sin sentido que evidentemente no podría nacer de nadie que esté utilizando cabalmente el cerebro, no sé si el corazón.

También podría pasar que alguien trate de “mal culeadas” a sus compañeras de partido por la defensa hecha por éstas de los derechos de las mujeres, o que estas mismas mujeres dejen de lado dicha defensa ante una buena carajeada del jefe. Seguro que ahí cerebro no habría, ni principios, ni corazón, aunque seguro sí un buen sueldo. O que esa persona dijera sin la menor turbación que el estado es el que les debe enseñar a las mujeres a postergar su vida sexual, preferiblemente hasta que terminen la universidad. ¿Cerebro ahí? No creo.

Asimismo, alguna asambleísta podría decir que el IESS no es de sus afiliados, si no del estado, o que la deuda del estado con esa entidad es ficticia. ¡Se imaginan! En esas expresiones mucho cerebro no habría, pienso yo. O los funcionarios del gobierno podrían concebir que si el estado hizo aportes a fondos privados de jubilación y cesantía, eso les daría derecho para apoderarse de los mismos. Tamaña gansada seguro que no sería producto del cerebro.

O, por ejemplo, el jefe de estado, en lugar de crear un ambiente en el que prevalezca la armonía y la fraternidad entre compatriotas, podría intentar polarizarnos y hacer que nos odiemos unos a otros. O insultarnos todas las semanas a quienes disentimos con él. O mandar a detener gente, amedrentar periodistas y tuiteros, bajarse de su auto a recriminar a niños y cosas así en las que indudablemente no habría ni cerebro, ni corazón, sino una buena dosis de hígado revirado y odio.

Y claro, alguien que no esté utilizando apropiadamente el cerebro podría idearse una campaña que sostenga que todo esto es bueno, porque si bien es una dictadura, ésta viene del corazón y que entonces, nosotros deberíamos aplaudirla y festejarla, cuando todos sabemos que una dictadura, de donde quiera que provenga, nunca es buena, porque justamente restringe la posibilidad de que las ideas que surgen de nuestro cerebro, puedan ser expresadas con libertad y sin miedo. Se comprendería entonces la afirmación de que es el corazón el que está dictando, porque el cerebro parecería estar bastante escaso.

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