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14 de Noviembre del 2016
Ideas
Lectura: 22 minutos
14 de Noviembre del 2016
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Diez razones por las que, con la victoria de Trump, perdimos todos
Desde el martes 8 por la noche hay una sensación muy extraña en el mundo: tratar de acostumbrarse al hecho inconcebible de que un tipo reconocidamente ignaro, sexista, racista y narcisista como Donald Trump haya ganado las elecciones en Estados Unidos y que dentro de dos meses vaya a ser quien reemplace a un humanista moderado y sabio como Barack Obama en la Casa Blanca.

Donald Trump ganó. Perdimos todos. Sobre todo, por estas diez razones:

1.  La lucha contra el cambio climático: En el momento más alto del consenso mundial para luchar unidos contra el calentamiento global y el cambio climático, y retrasar el aumento de la temperatura que ya está causando catástrofes por inundaciones y sequías, y cuando EEUU había tomado un claro liderazgo en el tema, ganó la presidencia estadounidense un negador del cambio climático.

Por coincidencia, cuatro días antes de las votaciones, el 4 de noviembre, entró en vigencia el Acuerdo de París para poner tope a las emisiones de carbono, venciendo a todos los agoreros del desastre. Algunos dijeron que, tras el fracaso de la COP20 en Lima, el acuerdo nunca sería negociado, y sin embargo se lo logró en diciembre pasado, con el pronunciamiento unánime de los países del mundo. Entonces los escépticos dijeron que no lo firmarían, pero hasta abril de este año lo suscribieron 175 países, más que cualquier otro tratado en la historia. Luego dijeron que no sería ratificado por los parlamentos de suficientes estados como para entrar en vigor. Se necesitaba que el acuerdo sea ratificado por 55 países que representaran al menos 55% de las emisiones de efecto invernadero. Aquello se logró más rápido de lo previsto, en octubre. Hasta ahora lo han ratificado 92 países, permitiendo que el acuerdo entre en vigor, para sorpresa de todos, antes de cumplirse un año de haber sido adoptado.

Este logro vino a continuación de otros dos: un pacto de reducción de gases contaminantes por la aviación mundial, que logró el apoyo de las aerolíneas y de 192 gobiernos, así como otro acuerdo global para limitar el uso de los hidrofluorocarbonados.

Todo parecía ir sobre ruedas, incluso con el arranque de la COP22 en Marrakech el lunes pasado, pero allí cayó como un balde de agua helada el triunfo de Trump. Es que este anunció en la campaña que de llegar a presidente sacaría a EEUU del acuerdo de París y que, en sus primeros 100 días, detendría los pagos a todas las agencias de las Naciones Unidas que luchan por el ambiente. A pesar de la masiva evidencia científica sobre el cambio climático, Trump no cree en él. Es tan ignorante que, según lo puso por escrito en un tuit, “el cambio climático no es más que un engaño inventado por los chinos para hacer a la industria de EEUU menos competitiva”. El vicepresidente electo Mike Pence también cree que el calentamiento global “es un mito” y que el tratado contra el cambio climático “es un desastre”. Solo eso habría bastado para descalificarlos como pretendientes serios a la Casa Blanca, pero no fue así: en EEUU, una masa crítica de personas tampoco cree en el cambio climático ni acepta que el calentamiento global tiene como causa principal la acción humana. Ni siquiera acepta que exista contaminación ambiental y, por supuesto, que en ello influya el uso del carbón y del petróleo en fábricas y automotores. Tal ignorancia científica no es gratuita: ha sido promovida constantemente por las industrias del carbón y el petróleo para seguir contaminando libremente el planeta.

2. La lucha contra la proliferación nuclear: Trump manifestó durante la campaña que le parecía bien que Japón y Corea se procuren la bomba atómica. Eso debilita la política mundial en contra de la proliferación de las armas atómicas. Así, ¿con qué autoridad puede oponerse a que Irán o a otras naciones obtengan armas nucleares?

Pero lo que supera todo límite es la repetida declaración de Trump de su “insatisfacción” con el hecho de que EEUU no haya estado dispuesto a usar su armamento nuclear para “resolver” contiendas internacionales. Lo mismo en Siria que contra el ISIS, lo mismo en Afganistán que en Irak y que en Irán, Trump cree que no haber usado armas nucleares es una muestra de debilidad estadounidense.

Como dijo el presidente Obama, si en los últimos días su propio equipo de campaña arrebató a Trump su cuenta de Twitter para que no hiciera más daño, ¿cómo se le puede confiar los códigos nucleares? La capacidad de usar un armamento virtualmente apocalíptico, entregada por el voto del pueblo a este personaje que carece de la inteligencia y la mínima formación para ser líder planetario, cambia radicalmente las perspectivas mundiales, e incluso civilizatorias, en los meses y años por venir.

3. La paz del mundo: A pesar de su posición aislacionista, Trump a la vez ha dado signos de querer meterse en varios y aplicar reglas que contrarían los más elementales derechos humanos: declaró que en sus primeros 100 días dará por terminado el acuerdo con Irán que, negociado por Obama, obtuvo que ese país aceptase no proseguir la construcción de una bomba atómica. También anunció que eliminará la apertura y acuerdos con Cuba. Declaró reiteradamente que permitirá a las fuerzas armadas estadounidenses ejecutar a las familias de los terroristas, aunque fuesen inocentes, y reintroducir la tortura, incluyendo el ahogamiento por inmersión. No le importó hacer bromas sobre el uso del asesinato. Además, anunció que no ayudará a sus aliados de la OTAN si es que estuvieran en peligro, pero a la vez prometió aliarse con Rusia para acabar con el ISIS, sin importarle que eso implique aceptar la anexión de Crimea por parte de Rusia y levantar las sanciones que le impuso Occidente. No se cansó de intercambiar finezas con Valdimir Putin; declaró que era un verdadero líder contrastándolo con Obama, y descartó que la filtración de correos de la campaña de Clinton haya sido obra de Rusia, a pesar de que fue informado en detalle por la CIA.

La verdad es que nadie sabe cómo va a ser la política exterior de Trump, probablemente porque ni él mismo lo sabe. Puede que inicie una guerra comercial o una guerra de verdad; puede que no. ¿Pondrá en el frente externo a conocedores o a lunáticos? Esa misma inconsciencia es lo que ya empieza a desestabilizar al mundo.

4. La igualdad de la mujer: Las palabras de Donald Trump, grabadas en el 2005, de que, al ser una estrella, él puede hacer con las mujeres lo que quiera como agarrarlas por los genitales, era tan repulsiva que parecía ser una bomba que destruiría su campaña, pues ratificaba de una manera obscena la actitud sexista, misógina y de depredador sexual del candidato, comprobada y documentada a lo largo de su vida. A mil expresiones peyorativas contra las mujeres, a las que ha llamado perras, cerdas y otros calificativos, se añaden los testimonios de decenas de mujeres a las que ha acosado; abusando de ellas cual si fueran objetos que solo existen para su placer, y a las que califica regularmente con notas sobre 10 solo por su apariencia física. Si hasta estuvo de acuerdo en que el locutor Howard Stern “alabara” a su propia hija Ivanka con el calificativo de “pedazo de culo”.

Más preocupante aún fue su cínica reacción ante la revelación del video: que esa era una conversación normal entre hombres. A eso añadió, en el segundo debate presidencial, su amenaza de que si llegaba a ser presidente arrojaría a Hillary Clinton a la cárcel. Y no solo eso sino que, con su aliento, sus seguidores convirtieron los “Lock her up!” y “Trump that bitch!” (“Enciérrenla” y “Derrota a esa perra”) en aceptables gritos de campaña. Amenazó con enjuiciar a las mujeres que le han acusado de acoso sexual.

Lo que, después de todo esto, fue una sorpresa abismal es que aquellas despreciables actitudes de Trump fueran aceptadas por cuatro de cada diez mujeres estadounidenses. En efecto, además de ganar de largo el voto masculino (53% de los hombres votaron por él contra 41% que votaron por la señora Clinton), también tuvo un apoyo notable de las mujeres (pues 42% de ellas lo hicieron por Trump contra 54% que lo hicieron por Clinton). ¡42 de cada 100 que votaron por un machista para que las gobierne!

5. La igualdad y no discriminación por razones de raza, religión o posición política: Trump propuso en su campaña una serie de ideas contrarias a la esencia de la democracia y tolerancia en que se fundan no solo EEUU sino la civilización contemporánea. Dijo y repitió que prohibirá a todos los musulmanes entrar en el país. Que expulsará a todos los inmigrantes indocumentados (unos 11 millones de personas, aunque acaba de declarar este domingo 13 a CBS que de inmediato “solo” serán unos 3 millones). Opinó que un juez federal hijo de padres mexicanos no es adecuado para juzgar el caso de la fraudulenta Universidad Trump. Se mofó impunemente de la discapacidad física de un periodista. Se burló de la madre de un soldado estadounidense musulmán muerto en el campo de batalla. Desconoció que John MacCain era un héroe de guerra porque lo habían hecho prisionero. Acusó mil veces de “crooked” (deshonesta) a la señora Clinton. Pidió que fuera vigilada para que no se robara la elección. Prometió que si llegaba a presidente la iba a encarcelar. Empezó su campaña calificando a los mexicanos que ingresan a EEUU de violadores y narcotraficantes. Más tarde dijo que EEUU está “lleno de bad hombres y hay que echarlos del país”.

Al lado de eso, ya parece poca cosa la delirante promesa de construir un muro en la frontera con México y hacer que ese país lo pague. ¡Y el plan de que, si México se niega a pagar, lo cobrará reteniendo las remesas que los migrantes mexicanos envían a sus familias!

6.  La libertad de prensa: Trump ha tenido con la prensa de su país la misma actitud de los gobernantes autoritarios del Tercer Mundo. La ha acusado una y otra vez de corrupta y de conspirar contra él. Impidió que cubrieran su campaña los reporteros de los diarios más importantes y de la cadena CNN. Acusó a Megyn Kelly, periodista de Fox, cadena por lo demás entregada a su servicio, de haberle hecho preguntas difíciles porque estaba menstruando.

Esta forma de atacar a la prensa no es nueva; lo vemos todos los días en un país como el nuestro (desde las multas de la Supercom a las diatribas contra la calificada prensa corrupta y deshonesta; desde acusaciones a los canales de ser “cloacas con antenas” hasta los calificativos a mujeres periodistas concretas de “gordita horrorosa”, “coloradita” o falta de inteligencia). Lo asombroso es que hoy llegue al poder en EEUU un populista de estos y que se normalice esta intolerancia, opuesta a los principios que hacen a la esencia misma de ese país, que se ha enorgullecido de ser modelo de la libertad de prensa para el mundo.

Ningún populista puede llegar al poder sin ayuda de la prensa. Igual que pasó con Rafael Correa o Hugo Chávez o Rodrigo Duterte en Ecuador, Venezuela o Filipinas, la prensa, en especial la TV estadounidense, fue extremadamente complaciente con Trump y le dio todas las oportunidades, en una proporción de siete a uno frente a la cobertura de Hillary Clinton. Por el “ciclo de las noticias” cubría durante tres días cualquier estupidez que soltaba Trump. Primero difundiéndola repetidamente en los noticieros, luego analizándola machaconamente al segundo día con expertos y, al tercero, permitiendo, las réplicas, aclaraciones o las típicas rectificaciones a medias del propio Trump. Además, una y otra vez puso al mismo nivel cualquier pachotada incendiaria de Trump con los emails de Clinton. Todo era cuestión de rating. Como dijo el ejecutivo Les Mooves, “Puede que Donald Trump no sea bueno para EEUU, pero es condenadamente bueno para CBS”.

7. Una economía abierta al comercio y la innovación:  Con el triunfo de Trump, los republicanos, que también barrieron en las elecciones a la Cámara de Representantes, el Senado y las gobernaciones y legislativos estaduales, tendrán que responder a las expectativas creadas por Trump, que ––ante los efectos que indudablemente ha tenido la globalización, en especial entre la población blanca poco educada y rural (Trump no ganó en ninguna ciudad de más de un millón de habitantes)–– levantó la simplona bandera del proteccionismo.

Trump prometió calificar a China de manipuladora del tipo de cambio y aplicarle sanciones, además de imponer un arancel de 45% a sus importaciones. Igualmente dijo que impondrá aranceles de 35% a los autos y otros productos de empresas estadounidenses que los fabriquen en México. Prometió acabar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (en vigor desde 1994) y todos los demás tratados comerciales inconvenientes y, en general, elevar las barreras proteccionistas. Malo para China, malo para Europa, malo para América Latina. Lo peor es que, con el dominio total de los republicanos en el Congreso, y a cortísimo plazo, la Corte Suprema, no habrá límites a las pasiones y venganzas de Trump.

Ya con el triunfo, el peso mexicano cayó en barrena, las bolsas saltaron aunque luego se tranquilizaron ante los primeros discursos conciliadores del presidente electo. Pero la visión trumpiana profundamente pesimista de que el país más poderoso y rico del siglo XXI se halla en una situación desastrosa, que no podría ser peor, difícilmente generará políticas que lo resuelvan porque lo que planteó en campaña es que el propio sistema está dañado y que solo él, Trump (cuyo narcisismo sería cómico si no fuese trágico) podrá arreglarlo.

Se trata del típico populista: soluciones fáciles para problemas complejos. El candidato de la ingeniería capilar se hizo creíble porque era un personaje de reality de televisión (donde se atrae la atención por la exageración y el drama), pero otra cosa será estar al frente de la economía más grande del planeta. Su pasado de empresario inmobiliario no es ninguna garantía, pues se sabe que construyó su fortuna de declaración en quiebra a declaración en quiebra, aprovechando los resquicios del sistema para no pagar impuestos, además de estafar a sus contratistas y obreros y lograr ventajas regulatorias de los municipios. Es el primer presidente en 40 años que no ha revelado sus declaraciones de impuestos, por lo que no se sabe los conflictos de interés que tendrá como gobernante ni los compromisos que pueda tener con el exterior.

Y si la primera regla de la economía es crear estabilidad, lo que ya ha logrado Trump es una fuerte inestabilidad, ahondada por sus propias declaraciones de que él es “imprevisible”.

8. El avance de la ciencia y la objetividad: Trump es muy dado a las teorías conspirativas. Y al nombrar a Stephen Bannon estratega principal, como lo hizo este domingo 13, ha puesto al loco a cuidar el manicomio. Bannon tiene un odio visceral a Obama, a Clinton y a todo lo que él considera “la izquierda” (la forma en que en EEUU se califica a los progresistas); admira a la cabeza hueca de Sarah Palin (sobre la que hizo una película al estilo bioepic); pero sobre todo es una fuente desbocada de teorías conspirativas, como lo demostró en su sitio web Breibart.com, que abandonó temporalmente para convertirse en jefe de campaña de Trump.

Claro que el propio Trump, y su vicepresidente están contra la ciencia. No solo en el asunto del cambio climático sino en otros temas. Por ejemplo, en salud, este tuit de 2014: “Un niño sano va al médico, le meten un montón de vacunas, no se siente bien y cambia. AUTISMO. ¡Hay muchos casos!”, cuando no hay la menor evidencia de tan descabellada tesis. O que las instalaciones eólicas hacen daño a la salud.

Como dijo un editorial el New York Times el 8 de noviembre, no se sabe cómo se conducirá, pero “lo que sí sabemos es que el señor Trump es el presidente electo más impreparado de la historia moderna. Sabemos que, por sus palabras y acciones, ha demostrado ser temperamentalmente inadecuado para liderar una nación diversa de 320 millones de personas. Sabemos que ha amenazado perseguir y encarcelar a sus opositores políticos y que ha dicho que cercenará la libertad de prensa. Sabemos que miente sin remordimiento”.

9. La lucha contra el tabaco: El vicepresidente electo, Pence, se ha opuesto consistentemente a lo largo de su vida a cualquier medida que sirva para regular el tabaquismo. Como lo investigó el sitio Buzzfeed, en un artículo del 2001 llegó a negar que fumar cause cáncer. “A pesar de la histeria de la clase política y los medios, fumar no mata”, dijo tan suelto de huesos.

10. La lucha contra las armas personales en EEUU: Cada vida que se pierde en cualquier parte del mundo es valiosa. Y EEUU tiene una guerra interna que produce masacres cada pocas semanas, además de cientos de muertos individuales. Una de las causas es el fácil acceso a armas, y no solo a pequeñas pistolas sino a rifles de asalto. Durante la campaña, Dondald Trump fue respaldado por la Asociación Nacional de Armas (NRA por sus siglas en inglés), y atacó repetidamente a Clinton porque dijo que quería abolir la Segunda Enmienda de la Constitución, la que permite portar armas. Clinton lo negó pero pidió más controles de antecedentes, mientras acusaba a Trump de estar “en el bolsillo” de los fabricantes de armas y de que eventual presidencia significaría que “más niños estarán en riesgo de ser víctimas de la violencia y el odio”.

Lo cierto es que ahora que fue elegido, la NRA espera que Trump cumpla su promesa de eliminar todas las restricciones a la compra de armas que Obama dictó por decreto e, incluso, eliminar las zonas donde está prohibido portar armas, como las escolares.

Los EEUU de Trump verán más violencia y más masacres. Aunque no en todas partes. Justamente el 8 de noviembre en algunos sitios, como en California, hubo referendos en que ganó la propuesta de mayor control en la venta de armas y municiones.

Tan descabellada es la concepción trumpiana del uso de las armas, que propuso que los profesores de las escuelas vayan armados a sus clases y que se entrene a los profesores a utilizarlas. Cuando Clinton lo denunció y aclaró que jamás el lobby de las armas la iba a intimidar, Trump llegó a uno de los momentos más bajos de esta horrible campaña: amenazar de muerte a Clinton, de forma velada, diciendo que las personas que defienden el derecho a portar armas podrían tomarse la justicia por sus propias manos.

Recuérdese que Clinton ganó el voto popular (con 63 millones de votantes sobre 62,4 de Trump) pero perdió en los estados clave. Estas son 10 razones por las que todos perdimos con el inesperado e inconcebible triunfo de Trump. Un populista enamorado de sí mismo es la peor clase de gobernante, como bien sabemos.

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