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6 de Julio del 2020
Ideas
Lectura: 5 minutos
6 de Julio del 2020
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Discapacitados morales
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La ética no se aprende por decreto ni mediante hueros discursos. ¿Acaso el país no vivió por diez años la perversa cantaleta de las manos limpias y los corazones ardientes de dinero mal habido? El discurso político está empedrado de buenas intenciones y de predicadores que se rasgan las vestiduras ante el mal de los otros para ocultar el suyo propio.

Ellos saben que han llegado a tal nivel de corrupción y de ignominia, que un escándalo más no va a cambiar en nada las condiciones éticas del país. Al revés, se han convencido de que es indispensable que de vez en cuando se destape la cloaca para auto ventilarse. No puede ser de otra manera en un Estado sostenido por un espíritu corrupto. 

¿Acaso no se sabía desde un comienzo que los vivos e inteligentes de siempre usaban los derechos de los discapacitados para su provecho personal? Desde el día en que le quitaron al CONADIS sus facultades y se las pasó al Ministerio de Salud. Desde que al frente de Salud se colocó a autoridades absolutamente incondicionales, no con el país, sino con la corrupción. 

Desde entonces se sabía que los legítimos privilegios de los discapacitados se convertirían en fuente de enriquecimiento de los vivarachos. Y es que no puede ser de otra manera cuando parte de quienes gobiernan el país se hallan directa e indirectamente relaciones con la corrupción. 

¿Cómo es posible que los carnets de incapacidad hayan sido utilizados de manera perversa por personas sanas o casi físicamente sanas, pero moralmente incapacitados hasta para ser nuestros conciudadanos? La pregunta debería ir primero al mismo presidente que, siendo él mismo un discapacitado, ni fortaleció el CONADIS, devolviéndole sus competencias retiradas por la corrupción, ni se enteró de lo que en verdad acontecía en el Ministerio de Salud. ¿No han sido sus ministros de salud personas de su confianza? 

¡Y qué decir de la Asamblea Nacional en la que hay cabida suficiente para toda clase de desórdenes! ¿Qué gana el país con disculpas que no provienen sino de la misma corrupción? En la Asamblea deberían darse discusiones ideológicas y políticas sobre los problemas del país. En su lugar está la retahíla de farisaicas lavamanos. 

En la Asamblea deberían darse discusiones ideológicas y políticas sobre los problemas del país. En su lugar está la retahíla de farisaicas lavamanos.

Tal vez el presidente Moreno no estuvo informado. Es probable que quienes lo rodean y aconsejan se hayan cuidado sabiamente de comunicarle lo que acontecía con el tema de las discapacidades y los autos. O quizás conociéndolo bien, no le haya dado importancia. Posiblemente pensó que hay cosas más importantes en el país que lo que hacen los vivarachos para sacar provecho den sus reales o ficticias discapacidades.

Se ha corrido el telón y han aparecido en todo su esplendor, no solo los hermosos autos de lujo, sino también los rostros de los corruptos algunos de los cuales incluso ejercen cargos de elección popular, como asambleístas, y otros que han sido nombrados por el gobierno.

Una raya más no le hace al tigre. Ecuador es un país en el que la corrupción se halla perfectamente bien institucionalizada: forma parte de sus activos fijos. Esto nos apena y avergüenza sobremanera.

Se ha corrido el velo de estos crímenes sociales audaz y estratégicamente ejecutados por los sabios y vivos de siempre. ¿Qué pasará después? Nada, absolutamente nada. Nadie devolverá los autos, nadie irá a la cárcel por estafador y mentiroso. Todos cuentan con sus coartadas. Y en el Ministerio de Salud, los involucrados poseen aureola de santidad. ¿Acaso Moreno no sostuvo sostenidamente a una cuestionada ministra que vino del correato? Por desgracia, no pocos fiscales y jueces duermen en paz mientras en el ejecutivo, obsesivamente siguen rasgándose de las vestiduras. 

Sí, ya saldrá el presidente a lamentarse, a hablar de la honorabilidad y a amenazar con la justicia eterna a los culpables. Palos de ciego. Palabras para los oídos sordos de sus propios funcionarios. 

Se vira la página. El país sigue adelante empujado por esas mismas manos corruptas. No pocos funcionarios públicos tienen precio: difícil conseguir certificados de discapacidad que justifiquen el baile de la ignominia sin enaceitar adecuadamente ciertas conciencias de administradores especializados en esos menesteres. 

La ética no se aprende por decreto ni mediante hueros discursos. ¿Acaso el país no vivió por diez años la perversa cantaleta de las manos limpias y los corazones ardientes de dinero mal habido? El discurso político está empedrado de buenas intenciones y de predicadores que se rasgan las vestiduras ante el mal de los otros para ocultar el suyo propio.

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