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26 de Noviembre del 2020
Ideas
Lectura: 6 minutos
26 de Noviembre del 2020
Carlos Rivera

Economista, catedrático de la Universidad de Cuenca. 

¿Dólares o Dólares y Correas?
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No es el objetivo de este artículo evaluar la propuesta de la renta básica universal como tal, salvo el señalar que no es más que una extensión del bono de desarrollo humano y que en la práctica, es el mayor reconocimiento del fracaso total de la revolución ciudadana.

El candidato presidencial Andrés Arauz ha activado alarmas rojas sobre la sostenibilidad de la  dolarización, con su propuesta de emisión de dinero electrónico para financiar una renta básica universal. Esta modalidad de financiamiento del gasto público en realidad es un viejo y ansiado sueño de los revolucionarios, pero como no se atreven a hacerlo  directamente, lo hacen a través de capciosas propuestas. Esta vez utilizan la carnada de la renta básica universal y presentan al país una situación entre dólares y Correas —por ponerle un nombre a esta nueva moneda en circulación— para financiar este nuevo caramelo, versus aquella de solamente dólares, en la cual obviamente ya no se podrá ofrecer el caramelo, evidenciando una suerte de disyuntiva entre dólares o dólares y Correas.

Para comprender lo nada trivial de esta situación, piense que su pareja le pide un respiro en el matrimonio para salir con otras personas. Su casi segura e incendiaria reacción, exceptuando que sea del tipo “open mind”, es la que se puede anticipar tendrá el mercado y los agentes económicos como consecuencia de esta medida, por más que se hayan buscado un título de antología: “desdolarización buena”.

No es el objetivo de este artículo evaluar la propuesta de la renta básica universal como tal, salvo el señalar que no es más que una extensión del bono de desarrollo humano y que en la práctica, es el mayor reconocimiento del fracaso total de la revolución ciudadana. Más allá de los coletazos propios de la Covid 19, significa que el boom petrolero y las supuestas inteligentes políticas públicas de los últimos trece años, no han servido para superar los problemas de pobreza y nuevamente nos vemos abocados a discutir la posibilidad de generar ayudas y subsidios estatales generalizados. Queda por conocer el valor a entregarse, el tiempo que durará la medida y el tipo de beneficiarios, para evaluar  con mayor criterio esta propuesta.

Está claro que tenemos un problema de liquidez en las arcas fiscales, pero ello se resuelve reestructurando el tamaño del Estado, es decir buscando una convivencia más sana con el dólar. La respuesta no puede ser un nuevo dinero, porque eso sería como darle una cerveza a un alcohólico para que calme su sed.

Por el momento, la única y gran preocupación que tenemos es el financiamiento sugerido de la emisión de dinero electrónico, que tendría una seria afección al balance del Banco Central, puesto que un pasivo, sin un activo que lo respalde, significará que nos comeremos el patrimonio del Central una vez más. Adicionalmente, dejar flotando en el aire la generación de una moneda paralela al dólar, es activar una bomba de tiempo en términos de las expectativas de los agentes, en  tanto si hoy amanecemos con una  nueva moneda para financiar la renta básica universal, quién le asegura a los ecuatorianos que mañana no ocurra lo mismo para financiar el pago de los servidores públicos o a los contratistas del estado.

Para entender la lógica revolucionaria de querer recuperar la soberanía monetaria, me permito asumir una situación en la que no varía el valor del dinero en el tiempo, es decir, la tasa de interés es igual a 0%, y circulan libremente las dos monedas, dólares y Correas, siendo el tipo de cambio 1 Correa igual a 1 dólar y la renta igual a 400 dólares o 400 Correas. ¿Qué pasa si un día, dado que el Banco Central de este país tiene la posibilidad de ejercer política monetaria y cambiaria con la emisión de dinero electrónico, sitúa el tipo de cambio en 4 Correas por 1 dólar para financiar a otros rentistas? Pensemos en alguien que gana la renta básica en Correas y tiene una deuda de 50 dólares, el costo de la deuda se volvería prohibitivo; ya que al nuevo tipo de cambio, sería de 400 Correas. Es decir el beneficio que tendrían los nuevos rentistas, no es gratuito, tiene su costo y están identificados quienes van a pagar ello.

Está claro que tenemos un problema de liquidez en las arcas fiscales, pero ello se resuelve reestructurando el tamaño del Estado, es decir buscando una convivencia más sana con el dólar. La respuesta no puede ser un nuevo dinero, porque eso sería como darle una cerveza a un alcohólico para que calme su sed. Hoy en día, el Ecuador está exento del riesgo cambiario con efectos positivos en la tasa de interés y en las líneas de crédito de largo plazo. Cualquier otra alternativa implicará la reaparición de este riesgo, cuyo impacto, será un alza en las tasas de interés y la restricción del crédito de largo plazo, con sus consiguientes efectos negativos en el consumo y la inversión. Lo que no termino de entender es por qué los revolucionarios insisten tanto en este tipo de aventuras riesgosísimas.

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