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28 de Noviembre del 2023
Ideas
Lectura: 6 minutos
28 de Noviembre del 2023
Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

Don Roger
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Si pueden ir al Estadio Atahualpa el 9 de diciembre, no dejen de hacerlo. Vale la pena. Si son espíritus sensibles y al mismo tiempo no se enteran de la geopolítica, si confunden semitismo con sionismo, evítense sentirse ofendidos, pues cargará contra Israel y a favor de Gaza.

El primer día de la clase de Apreciación al Arte, el licenciado Guido Flaschier girando las puntas de sus anchos bigotes castaños, que le asemejaban a un general prusiano, pidió que le demos nombres de cantantes. Alguien dijo “Menudo” y recibió una elegante y dura respuesta que puso al condiscípulo como el máximo representante del mal gusto. Luego, Granizo dijo: Enrico Caruso. ¡Muy bien! ¡Bien! respondió el docente ¿Eres repetidor, verdad? Y en efecto, lo era.

Para conocer quién era ese cantante alabado por el profesor, fui a la hemeroteca del Banco Central, sitio cuasi mágico de los años 80, ubicado en la intersección de las calles 10 de Agosto y Checa. Ahí te acercabas con el carnet de estudiante secundario y un John Lennon quiteño te ponía con tus audífonos frente a la pantalla o junto a la grabadora para disfrutar el cassette que escogías dentro de un catálogo. Desde esa vez, en que escuché el “O sole mío” y otras del tenor italiano, me hice asiduo visitante (asiduidad trasladada luego a los juegos electrónicos que arribaron media cuadra más arriba) y en una de esas ocasiones elegí un videocasete con unos extraños dibujos en la portada, era la película Pink Floyd The Wall.

Me impresioné con los alucinantes dibujos que evolucionan, quedé anonadado con Míster Floyd (Bob Geldorf) afeitándose las cejas y el pecho, triste con la llamada telefónica que este recibe, solidario con Pinky al ser castigado por escribir poemas. Gocé a tope con la destrucción de la escuela y de la pared y durante varios días rondaron en mi cabeza las imágenes y la música. Luego de comentar sobre esto en el patio del recreo, mi amigo Fernando, maestro rockero de 15 años, me mostró un disco de Pink Floyd. ¿Un disco de rock con una vaca de portada? me pregunté... ah, es que son los mismos locos que hicieron caminar martillos en la película.

Con la ayuda del diccionario español-inglés, descubríamos las rebeldes letras que invitaban a los docentes a dejar a sus alumnos en paz, pero Black Sabbath, Led Zeppelin y el reciente Back in Black de AC DC eran los que nos hacían mover el esqueleto. Wish you were here y Cymbaline conmovían nuestra adolescencia en flor y el “Dark Side...” acompañaba las cavilaciones púberes. En los programas de video de moda (muchos años antes de Mtv) apareció el “Fletcher memorial…”, años después mi novia, la Srta Díaz, me explicaba los sentidos del Final Cut y entre tragos, con mi amigo Pablo, comenzábamos las bizantinas discusiones sobre el liderazgo de nuestra banda ícono. Syd Barret decía él, yo replicaba que sin duda era Roger Waters.

Casi treinta años después de esos debates, Roger Waters viene a dar su concierto en Quito. Como pensé que nunca vendría a esta franciscana ciudad, como no lo han hecho (ni lo harán) Angus Young y Brian Johnson, fui a verlo en Lima el año 2018.

Pero, para gozo de mis conciudadanos, el viejo rockero político se presentará en el estadio Olímpico en pocos días. Por suerte no “ ha recapacitado” y sigue incomodando a las multinacionales al ponerse a lado de los activistas, como ocurrió ese mismo 2018 en Lago Agrio. Waters, que llama cerdos a los ex presidentes norteamericanos, sigue desagradando también a cándidos periodistas y a lambones escritores. Ha sido acusado de antisemita por su defensa de Palestina, no solo por el lobby pro israelí alrededor del mundo, sino también por su excompañero Gilmour quien hace eco del acre tuit de su esposa. Gilmour es un fantástico guitarrista, pero eso no basta. De seguro esa noche se mandará algo contra las élites (espero que contra el banquero). Si élites, corporaciones y sionistas se molestan con Don Roger Waters, para mi modo de ver, es que él está en la orilla correcta, donde también me ubico.

El concierto de Roger Waters “Us and Them”, que vi en Lima, tuvo coros e instrumentación impecables, hologramas y proyección de imágenes psicodélicas que recuerdan portadas de discos, escenas de la película, pero también nuevas y alucinantes animaciones. Hubo gigantescos cerdos volando sobre los espectadores, evocando al genial disco Animals. El compromiso político del viejo músico nunca sonó impostado.

Si pueden ir al Estadio Atahualpa el 9 de diciembre, no dejen de hacerlo. Vale la pena. Si son espíritus sensibles y al mismo tiempo no se enteran de la geopolítica, si confunden semitismo con sionismo, evítense sentirse ofendidos, pues cargará contra Israel y a favor de Gaza. Si se denominan apolíticos o creen que hay que separar el arte de la política, no se sentirán cómodos, pues escucharán y verán cosas que lastimarán su susceptibilidad. Pero…, ¡Igual, les recomiendo que vayan! Capaz que algunos se cuestionan muchas cosas y eso siempre será bueno. Debo advertir, sin embargo, que cada “This is not a drill” show ha empezado con Waters leyendo un texto que dice: Si eres uno de los “Amo Pink Floyd, pero no aguanto la politización de Roger”, lo mejor que puedes hacer es largarte a un bar, ahora mismo”. Están advertidos, a una cuadra, en el Quicentro pueden encontrar ese antro elegante.
Larga vida a Don Roger. Larga vida al Rock.

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Don Roger
 
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