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6 de Septiembre del 2021
Ideas
Lectura: 5 minutos
6 de Septiembre del 2021
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Drogas: el usador no es el culpable
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El país funciona sin datos confiables puesto que no se ha realizado investigación alguna respecto a los usos de drogas, ni de carácter cuantitativo y menos todavía sociocultural. Por ende, mal se puede juzgar y planificar tan solo sobre presunciones que hacen el alma de los escándalos.

Como nunca antes, por el país atraviesan miles de toneladas de drogas, especialmente de clorhidrato de cocaína, que luego son exportadas a otros continentes. "País de tránsito", un hermoso apelativo con el que no pocos iluminan sus oscuras conciencias. Desde luego que hay un porcentaje que queda para el uso doméstico. ¿Que los usos se han incrementado? Seguramente y lógico si se piensa que la población nacional aumenta día a día.

Pero si pensásemos que los usos de drogas constituyen el mayor y más maligno de nuestros males, estaríamos absolutamente equivocados. Es un mal, sin duda. Pero se halla a mil leguas de otros que nos afectan de forma terrorífica. Uno de ellos es la corrupción de políticos, dirigentes sociales, religiosos.

Es un mal mayor la perversa posición de no pocos que rechazan la vacuna contra el COVID-19. Si un grupo de muchachos comparte un porro, nos rasgamos las vestiduras. Los consideramos enfermos y hasta los encerramos en falsas clínicas en las que reina el oprobio. Pero no hacemos nada cuando nos enteramos que presidentes, ministros y más nos han robado millones de millones de dólares. 

El país funciona sin datos confiables puesto que no se ha realizado investigación alguna respecto a los usos de drogas, ni de carácter cuantitativo y menos todavía sociocultural. Por ende, mal se puede juzgar y planificar tan solo sobre presunciones que hacen el alma de los escándalos.

Una de las características del tercermundismo es justamente juzgar y planificar lo social desde la acera de la presunción. Y así se pretende ser eficientes y vivir con la conciencia política en paz.

Pese a esta total ausencia de una información producida por investigaciones confiables, las autoridades gubernamentales no cesan de juzgar e inclusive se permiten crear políticas públicas antidrogas. Lo cual no deja de ser absurdo y contrario a cualquier ética.

Una de las características del tercermundismo es justamente juzgar y planificar lo social desde la acera de la presunción. Y así se pretende ser eficientes y vivir con la conciencia política en paz.

El país carece de una auténtica política de drogas. De hecho, una vez suprimido el Consep, se quedó aislado de la política internacional de drogas y, al mismo tiempo, huérfano de fuentes de información veraces y oportunas. La desaparición del Consep siempre estuvo bajo sospecha.

Si tanto le quita el sueño al gobierno el tema de los usos de drogas, es hora que nos diga a todos cuál es la verdadera situación de los usos y consumos de drogas en el país. No con presunciones, sino con datos y testimonios logrados mediante informantes calificados. Y no con criterios moralistas ni con datos de investigaciones que nunca se han realizado.

Por ende, no es bueno que el gobierno se rasgue las vestiduras porque, al hacerlo, lo único que deja ver es la equívoca posición de ciertos poderes con el tema del macrotráfico. Que alguien del gobierno investigue las razones por las que se suprimió el Consep. Y que nos comunique. Porque no somos ingenuos.

El tema de los usos de drogas es demasiado serio como para contentarnos con meras presunciones o graves declaraciones. El ministerio de salud no puede hablar sosteniéndose en fuentes e investigaciones aun no realizadas. 

Por otra parte, nada o casi nada se dice de la verdad de los usadores. Enmarcados en el perverso calificativo de adictos, ellos constituyen el punto más débil de un sistema que se afana en desconocerlos más allá de esa inmensa culpa en la que se los introduce, sin salida alguna.

Para el discurso del sistema, incluido el del ministerio de salud, no existe el don de ubicar y respetar las diferencias. El término drogadicto ha resultado excelente para ahorrar distinciones y especificaciones de las que se carece. Para el poder, las generalizaciones resultan sumamente útiles: así se confunde mejor.

Ni la sumatoria de todas las prohibiciones posibles ni ninguna moralina será capaz de controlar y peor aún de suprimir la realidad de las drogas en la sociedad. Llegaron, se instalaron y nadie las va a erradicar. ¿Que esto es duro y pesimista? No. Simplemente es real. Tan solo un serio proceso educativo e informativo ayudará a controlarlas.

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