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27 de Enero del 2016
Ideas
Lectura: 14 minutos
27 de Enero del 2016
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

Ecuador, febrero del 2021*
El retorno triunfal del economista Correa no se forjó en la campaña electoral de fines del 2020 y principios del 20121 sino, paradójicamente, cuatro años antes. A finales del 2016, las fuerzas de la oposición fueron dispersas a la contienda electoral; tan dispersas y desgastadas por las luchas intestinas de las diversas tendencias, que ni siquiera pudieron ejecutar un acuerdo de control electoral, al que habían adherido todas las fuerzas políticas.

IPIALES.- El Consejo Nacional Electoral ha ratificado el triunfo en la primera vuelta del economista Rafael Correa para un cuarto periodo presidencial, del 2021 al 2025, luego de un merecido descanso de cuatro años. Así, el presidente de la República, Ing. Jorge Glas (2017-2021), entregará la banda presidencial a su sucesor.

Luego de una monótona campaña electoral, pues el Ecuador ya sabía quién iba a ganar, Alianza PAIS ratificó, además, su hegemonía política de 15 años sobre la Asamblea, y el control de todas las funciones del Estado.

El retorno triunfal del economista Correa no se forjó en la campaña electoral de fines del 2020 y principios del 2021 sino, paradójicamente, cuatro años antes. A finales del 2016, las fuerzas de la oposición fueron dispersas a la contienda electoral; tan dispersas y desgastadas por las luchas intestinas de las diversas tendencias, que ni siquiera pudieron ejecutar un acuerdo de control electoral, al cual habían adherido todas las fuerzas políticas.

La historia volvió a repetirse. En una genial jugada política, el movimiento oficialista descartó la candidatura presidencial de Lenín Moreno, pero lo puso a encabezar la lista nacional de asambleístas, lo cual derivó en una mayoría para el oficialismo en la Asamblea. La oposición, fragmentada como siempre, puso a sus principales cabezas a disputar los mismos distritos electorales, pues sus preacuerdos para las listas nacionales y provinciales fracasaron apenas empezaron a concretarse los nombres que encabezarían las papeletas. Así, por ejemplo, el movimiento MG, que ahora ha desaparecido del listado de partidos y movimientos políticos, condicionó la unidad a tener todas las cabezas de las listas provinciales, o los partidos de izquierda UP y PK boicotearon rabiosamente un acuerdo prelegislativo  con sectores de centro y centro izquierda pues, para sus dirigentes, solo se podían juntar con sectores de izquierda y solo eran de izquierda los que ellos reconocía como tales. No era novedoso: de ese modo facilitaron la primera elección de Rafael Correa y lo auparon en otras dos contiendas, hasta cuando el presidente y su movimiento emprendieron una cacería de brujas y criminalización de los dirigentes de izquierda. Lo importante, para los partidos de izquierda y los movimientos sociales, fue dejar testimonio histórico de que nunca se unieron a la derecha, aunque al final las dos tendencias hayan desaparecido y la propuesta del Estado Plurinacional haya sido echada al tarro de la basura por el nuevo gobierno.

Mientras tanto, para la contienda por la Presidencia y la Vicepresidencia de la República, en ese 2016, se presentaron nada menos que 15 candidatos presidenciales. Resultaba risible mirar cómo la centro derecha acudió a la cita electoral con cinco candidatos, disputándose el mismo electorado. Lo propio hicieron la izquierda y la centro izquierda.  Todos ellos confiaban en que la crisis económica y los efectos devastadores de El Niño desgastarían de tal modo al gobierno que su candidato, Glas, un hombre de apariencia simple pero sumamente hábil, no tendría la más mínima posibilidad. Sin embargo, la dispersión de las tendencias opositoras en minúsculas candidaturas, hizo que el electorado volviera confiar en  el oficialismo  como la única certidumbre política y económica para la crisis, logrando, con éxito, imponer en la percepción de los electores indecisos que la oposición era mediocre, estaba dividida y  no tenía una solo alternativa concreta para salir de la crisis. A ello se sumó una campaña de miedo: miedo a perder lo logrado, miedo al retorno de la partidocracia, miedo a los despidos en el sector público, miedo al fin de los subsidios, miedo a la salida de la dolarización, en fin…

Frente a esta campaña, la oposición no logró hacer un frente común. Cada candidato dispersó de tal modo su discurso, ofertas y acusaciones, que todo aparecía manga por hombro y el ciudadano común se vio bombardeado por una verdadera torre de Babel, donde no quedó una sola idea en concreto y reinó el caos, salvo en el discurso del oficialismo, el cual actuó con la coherencia y maestría publicitaria que le ha caracterizado.  Las fuerzas opositoras no lograron, por tanto, crear una sola ilusión movilizadora, pues si bien la gente estaba en contra del gobierno, finalmente votó por mantener cierta estabilidad antes que lo poco o nada que podía ofrecer una oposición tan sectaria, mediocre y mezquina.

Así fue como el ingeniero Jorge Glas, en binomio con Gabriela Rivadeneira, ganó las elecciones y el movimiento PAIS mantuvo la hegemonía en la Asamblea Nacional. No hubo necesidad de segunda vuelta electoral, pues un candidato pequeño y débil sigue siendo fuerte ante decenas de candidatos enanos que se pelean entre sí.

La derrota fue determinante para la disolución de las fuerzas opositoras. Tras un breve tiempo, una evaluación de las fuerzas derrotadas pretendió acercarse a las causas y lo único que se les ocurrió fue culpar al otro. PK se sintió muy satisfecho con el 1% de los votos, pues logró mantener la pureza étnica y la virginidad política. Aún se recuerda los sucesos del miércoles 27 de enero del 2016, cuando ilusamente algunos intelectuales y operadores políticos creyeron que la amenaza de un nuevo gobierno del correísmo era suficiente para lograr la unidad de la oposición. Ese día los dirigentes étnicos impusieron su señorío ideológico y expulsaron de la sala de sesiones a dirigentes que consideraban de derecha, incluso al veterano general y socialdemócrata Paco Moncayo. Gracias a esta bronca, el movimiento, que ya era chico de por sí, terminó por dividirse en tres facciones, y la oposición nunca pudo retomar la idea de la unidad. Ese frustrado intento de unidad fue el inicio de la recomposición del partido de gobierno.

En otro escenario, las broncas públicas entre los líderes regionales de la Costa, Jaime Nebot y Guillermo Lasso, dieron una verdadera muestra de ceguera, odio y vanidad, e impidieron una alianza en la centro derecha, lo cual se replicó en todas las provincias, donde se disputaron el electorado ofendiéndose unos a otros.

Ahora, este febrero del 2021, centenares de periodistas de los medios del gobierno, esperan el pronunciamiento de Rafael Correa desde Bélgica. Tan grande ha sido su presencia virtual que el líder no necesitó ir al Ecuador para presentarse en tarima alguna. Fueron suficientes las cadenas de televisoras y radios, además del internet, para que se trasmitiera su imagen y palabra simultáneamente en pantalla gigante en todos los televisores, pantallas y plazas de la república. De todas maneras, no hubo rival con la más mínima oportunidad, pues la prensa privada, independiente, o como se la llame, desapareció del mercado de noticias apenas seis meses después de posesionado el ingeniero Glas. Algunos viejos radiodifusores, que se había declarado opositores del correísmo, debieron admitir su derrota y prefirieron conservar sus frecuencias sometiéndose a la supervisión de la Cordicom, que intervino todos los medios de comunicación con el argumento legal de que eran un servicio público. Todas las voces disidentes callaron. Los que no aceptaron debieron ir hacia el exilio.

Así, el gobierno del ingeniero Glas fue un gobierno de paz. Todos los dirigentes que el correísmo habían luchado por el agua y la tierra, todos los defensores de derechos humanos, fueron expulsados del país o detenidos. Muchos, ante la evidencia de la derrota electoral, ofrecieron disculpas públicas y fueron compensados con cargos en la administración del Estado. La burocracia reguladora, que se había consolidado en el periodo de Correa, en el gobierno de Glas aumentó su poder despótico. Así, el SRI, el IESS, las agencias de control, las superintendencias, manejaron un ejército de fedatarios, con el apoyo de la fuerza pública, que hacían visitas simultáneas y continuas a las personas y empresas de toda laya que no se pusieran en horma. Usaron el mismo método que a principios del 2016 aplicaron con la Universidad Andina, ahora una extensión de la universidad del Estado, IAEN. El ex rector, Enrique Ayala Mora, fue enviado al exilio y a César Montaño se le condenó a trabajos comunitarios de por vida por la osadía de no renunciar al rectorado cuando el entonces canciller Ricardo Patiño se lo exigió.

Durante los cuatro años del nuevo gobierno de PAIS, el Ecuador fue reducido al silencio total y por lo tanto se vivió una época de fructífera paz. Ese ambiente facilitó la inversión extranjera, sobre todo de los capitales chinos y de origen desconocido, lo cual permitió revertir exitosamente la caída del precio del crudo. China se consolidó como el primer acreedor y socio del Ecuador, pues el país, al no poder pagarle la deuda de las hidroeléctricas le entregó la gestión y de todas las empresas, las carreteras y los hospitales públicos.

Además, la potencia oriental financió el abultado presupuesto estatal con la compra de los recursos del subsuelo ecuatoriano, las minas, y la explotación exclusiva del agua potable y de las fuentes de agua. A ello ayudó, que cicateados por el triunfo del 2017, en las elecciones seccionales del 2019, el médico Augusto Barrera recuperara la Alcaldía de Quito, mientras que Rolando Panchana arrebatara la Alcaldía de Guayaquil al candidato socialcristiano. Terminaron de ese modo 20 años de hegemonía de la derecha en el Puerto Principal. La primera medida que tomó el flamante alcalde fue ponerle peaje a la salida y entrada a Samborondón, salvo para los afiliados al partido que presenten salvoconducto. De este modo, el partido oficialista recuperó las alcaldías de todas las capitales de provincia, pues no hubo opositor que osara presentarse en esa campaña. Los partidos y movimientos de oposición que sobrevivieron a la catástrofe electoral se unieron al  Frente Unido Revolucionario, embrión de lo que será el partido único, una vez que Rafael Correa se posesione en mayo del 2021. 

Este reporte, que lo hago desde Ipiales, Colombia, por un impedimento de ejercer el periodismo en el Ecuador a menos que pida perdón a Correa, no olvida el destino que tuvo Lenín Moreno. No fue muy largo: como arrasó en las legislativas, fue posesionado como presidente de la Asamblea Nacional,  cargo al que renunció tres meses después aduciendo problemas de salud. De inmediato se trasladó a Suiza, Ginebra, donde permanece aún con un cargo nominativo de las Naciones Unidas, pero con un estipendio generoso del Estado ecuatoriano por sus servicios al partido de gobierno, el cual le permite mantener con solvencia sus gastos y los de sus 20 colaboradores.

Debemos informar, finalmente, que es muy probable que el día de su posesión, el presidente Correa presente una enmienda a la Constitución para declarar su presidencia como Vitalicia, lo mismo que para los asambleístas y alcaldes electos de su partido. La enmienda tendría una transitoria que obligaría a presentarse a elecciones únicamente a los partidos y movimientos que se declaren en la oposición.  Otra enmienda también dispondría que todo aspirante a juez o fiscal deberá tener como principal requisito ser afiliado al partido de gobierno.

Cabe destacar que el buró de PAIS, en una carta pública, una vez conocidos los resultados electorales, reconoció los méritos de personajes como Lasso, Nebot, los dirigentes de la Conaie y de la izquierda ecuatoriana y agradeció a toda la clase política ecuatoriana, "sin cuya ceguera política, ambición personalista y falta de generosidad", la elección de Glas en el 2017 y la reelección indefinida de Rafael Correa a partir del 2021, no hubieran sido posibles.

*Este es un artículo literario y un ejercicio de política ficción, ningún nombre tiene que ver con la realidad. Si aparece alguno es pura coincidencia.

[PANAL DE IDEAS]

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