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27 de Julio del 2016
Ideas
Lectura: 7 minutos
27 de Julio del 2016
Marcelo Larrea Cabrera

Ex presidente de la Federación Nacional de Periodistas y activista político. 

Ecuador, otra vez con la soga al cuello
La deuda sobre 35.000 millones de dólares supera los niveles de la larga noche neoliberal . La "década ganada", revela su verdadero rostro en la acumulación sin precedentes de la deuda externa: pura pérdida.

La deuda externa ecuatoriana creció esta semana, con la cuarta emisión de los bonos soberanos por $1.000 millones de dólares, ratificada por el Ministerio de Finanzas. La negociación condena al país a pagar en un plazo de menos de seis años una tasa de 10,75%, la más alta de todas las registradas en la historia y la más alta del mundo para países con calificación (B) como Ecuador. 

Las emisiones realizadas por este gobierno en 2014 y 2015 se realizaron al 7,95% y 10,5%, lo que revela que la posición del Ecuador en el mercado financiero internacional no se recupera, por el contrario, se deteriora.

Ghana ha realizado operaciones al 10,75% en papeles de mayor plazo que vencen en 2030; Camerún ha emitido deuda al 9,5% con plazos hasta el 2025; Zambia al 8,97% hasta el 2027, según un ranking de Bloomberg citado por Jaime Carrera, quien ha declarado al diario El Universo que, es una “irresponsabilidad” emitir deuda tan cara, “es complicar el futuro económico del país”.

El destino de estos fondos será el financiamiento del Presupuesto General del Estado del 2016. Se entiende que se trata de recursos de libre disponibilidad, aunque el ministerio señala que se destinarán al Plan Anual de Inversiones. Si fuese así, los bonos habrían sido emitidos para el financiamiento de inversiones específicas. La reciente experiencia del uso de 120 millones de dólares captados por la Ley Solidaria, expedida para levantar recursos dirigidos a la reconstrucción de las provincias de Manabí y Esmeraldas, afectadas por el terremoto de abril, usados para el pago de obligaciones con proveedores, advierten el riesgo del uso de esos dineros en gasto corriente o en el pago de obligaciones vencidas.

La deuda motor de la década perdida

Una causa de la década pérdida de América Latina, como se calificó al desempeño negativo y regresivo de su economía en la década de los 80, fue la acumulación de la deuda externa.

Flujos masivos de recursos invadieron nuestros países desde los 70 y subordinaron su producción de riqueza al pago de la deuda. Las remesas sacrificaron el crecimiento de sus aparatos productivos. Asfixiaron su capacidad de acumulación interna. Quebraron a miles de industrias construidas con el boom de la segunda posguerra y las estrategias de fomento productivo. Reprimarizaron sus economías. Impusieron dolorosas terapias de shock.

Devastaron las condiciones de vida y los derechos sociales de millones, decenas y cientos de millones de personas. Restringieron la demanda interna. Condujeron a la privatización de los activos productivos de los patrimonios nacionales, generalmente vendidos a precio de gallina flaca, etc.

La devaluación monetaria introducida para el fomento de las exportaciones por medio del abaratamiento de la producción interna, la desvalorización del trabajo, del valor agregado, condenó a las economías nacionales a perder, perder y perder. Su consecuencia internacional fue la caída del precio de las materias primas al más bajo nivel de la historia. Y la nacional, la pauperización de la economía local.

Fue además, lo que no es menos, un mecanismo de asalto permanente al bolsillo de los ciudadanos, de sus condiciones de vida, de desvalorización de sus ahorros, de sus fondos previsionales y del ahorro nacional.
La crisis fue tan grave que tuvieron que desmontar el modelo tributario progresivo keynesiano (el que más gana más paga), promovido particularmente en la segunda posguerra, por un modelo regresivo friedmaniano (más pagan los que menos ganan porque son infinitamente más que los que más ganan). En tanto privatizaron las excenciones, socializaron las cargas con impuestos como el IVA o el ICE, hoy por hoy, las principales fuentes de ingresos tributarios del Estado ecuatoriano.

Otra de sus medidas, la desregulación financiera, habilitó la especulación monetaria que, desembocó en modelos de convertibilidad y dolarización como los que se aplicaron en Argentina o Ecuador. Y procesos conexos como el "salvataje bancario" en Ecuador o el "corralito" en Argentina, que congelaron los depósitos de la ciudadanía en los bancos, para asegurar su extorsión con su devaluación masiva.

La década perdida de los 80 se proyectó en los 90 y en el 2000, probó en forma incontestable que el endeudamiento, no es la vía para la solución de los problemas estructurales de las economías latinoamericanas y en general de ningún país del mundo y de ningún hogar del mundo. 

La deuda se dirige habitualmente al financiamiento de los déficits fiscales y en consecuencia hipoteca el patrimonio y los ingresos futuros del conjunto de la economía que, los aparatos estatales suelen absorverlos a través medidas tributarias extorsivas, incremento de tarifas, entre otras, para transferirlos a los acreedores. Su resultado invariablemente es la enajenación del patrimonio de la nación, la descapitalización, la caída de las tasas de crecimiento, el decremento, la precarización económica, social y nacional.

Deuda y crédito son dos conceptos distintos. El crédito se invierte en la producción y en consecuencia crea su propia fuente de repago. La calidad, pertinencia y proyección en el tiempo de la inversión, puede garantizar un resultado exitoso que no hipoteque el futuro ni el patrimonio de la nación, que la enriquezca.

Pura pérdida

Las amargas lecciones de la década perdida no han servido al gobierno de Correa. En su década "ganada", a pesar de haberse beneficiado del mayor boom económico de toda la historia del país -que por lo menos debió haber fortalecido la capacidad de acumulación local y liberado a Ecuador de la dependencia del endeudamiento externo-,  la deuda ha superado todos los niveles precedentes y se ubica sobre los 35.000 millones de dólares.

La cifra astronómica para un país como Ecuador, no incluye la desconocida deuda a la seguridad social, las obligaciones con los proveedores impagos por la actual crisis fiscal. Además no es claro si incluye la pre-venta petrolera que paga altas tasas de interés y la entrega del rico campo petrolero de Shushufindi a Schlumberger.

En todo caso, la acumulación de la deuda denuncia que Ecuador está otra vez con la soga al cuello. La reproducción del círculo vicioso de la dependencia financiera, muestra que el verdadero rostro de "la década ganada", es el retorno al pasado usurero, es pura pérdida.

[PANAL DE IDEAS]

Carlos Rivera
Giovanni Carrión Cevallos
Mauricio Alarcón Salvador
Gabriel Hidalgo Andrade
Mariana Neira
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Gonzalo Ordóñez
Xavier Villacís Vásquez
Alexis Oviedo

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