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2 de Mayo del 2017
Ideas
Lectura: 7 minutos
2 de Mayo del 2017
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Ejército civil: locura política
En países, cultural, social, económicamente desarrollados ¿se arman acaso grupos de civiles para supuestamente proteger a las altas autoridades del Estado? ¿A la reina Isabel? ¿Al presidente de los Estados Unidos, al de Francia, al de Rusia? ¡Qué absurdo! Pero el absurdo no radica únicamente en la propuesta sino en la lógica con la que se pretende convencer al país. Sencillamente, debemos creer porque es absurdo.

El presidente Correa posee la habilidad de hacer claro lo oscuro, que lo absurdo devenga lógica irrefutable y que el plomo se convierta en plata de buena ley. Como si fuésemos niños de jardín de infantes. Como si no supiésemos nada de la historia de la humanidad, de la historia de nuestro país, como si no hubiésemos visto ni escuchado nada de lo que acontece en Venezuela, nuestro hermano país atravesado y sostenido por lo absurdo de la violencia. De esa asesina violencia en la que también son actores directos quienes conforman esa guardia de civiles organizada para atacar y matar conciudadanos desarmados. Esa guardia de civiles que sirve para apoyar al ejército o incluso para sustituirlo cuando las fuerzas armadas se conviertan en defensoras de los órdenes constitucionales, jurídicos y éticos del país.

Tan solo es para proteger a las altas autoridades del Estado, dice salomónicamente el presidente Correa. ¿Civiles armados a proteger a las altas autoridades del país? ¿Es que se nos considera débiles mentales o más ignorantes que la ignorancia?

En países, cultural, social, económicamente desarrollados ¿se arman acaso grupos de civiles para supuestamente proteger a las altas autoridades del Estado? ¿A la reina Isabel? ¿Al presidente de los Estados Unidos, al de Francia, al de Rusia? ¡Qué absurdo! Pero el absurdo no radica únicamente en la propuesta sino en la lógica con la que se pretende convencer al país. Sencillamente, debemos creer porque es absurdo. Pero creer no es suficiente, es indispensable aceptarlo, alabarlo y fomentarlo.

Sobre todo en los últimos años, los ministros de Defensa han hecho lo posible e imposible para desprestigiar a la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas. A los generales se los ha tratado con la punta del zapato. En el discurso propio de las Fuerzas Armadas se introdujeron directa y subrepticiamente conceptos, creencias y actitudes destinadas a socavar los principios que desde siempre han regido a las Fuerzas Armadas. Casi como si se tratase de un discurso carnavalesco, se ha lanzado toda clase de diatribas en contra de su organización jerárquica. Desde un socialismo fofo pero fortalecido por el poder, la diatriba y la amenaza se ha pretendido que la normativa y la vida cotidiana de soldados de todas las jerarquías pasen por el cedazo ideológico de un socialismo con el que tan solo están de acuerdo el presidente Correa y algunos de sus adláteres pero del que el país entero no sabe nada, incluido el movimiento AP.

Ahora aparece con claridad la lógica que ha sostenido este largo proceso de desprestigio de las fuerzas armadas nacionales. Debilitarlas hasta tal punto que la creación de fuerzas armadas civiles no solo aparezca como una alternativa social sino como una lógica estrategia política para mantener el dominio del poder de una ideología fundamentalmente extremista.

Con frecuencia, el presidente Correa nos habla como si todos nosotros fuésemos una sarta de ignorantes respecto a la historia mundial. Las fuerzas civiles armadas tienen como objetivo convertirse en la espina dorsal del sistema político centrado en una persona. En efecto, esas fuerzas están llamadas a realizar el control de las ideas del pueblo que ya no puede pensar por sí mismo y menos aun actuar de conformidad a sus deseos. Con el poder absoluto en manos de un líder aprovechador, a la ciudadanía le corresponde tan solo la repetición de las consignas sin derecho alguno ni al análisis ni a la crítica de un discurso convertido en dogma. Además, estas fuerzas civiles armadas se encargan de adoctrinar a la población. Pero ciertamente su tarea primordial consiste en la permanente vigilancia policíaca de tal manera que nadie se atreva ni a criticar la ideología y menos aun a revelarse contra ella.

En la historia, este tipo de policía militar ha sido indispensable para el sostenimiento de los más atroces regímenes totalitarios. Stalin, Mao, Hitler, Pinochet, Videla: horrorosos ejemplos de tiranos que armaron policías particulares para sembrar el terror con el que se alimentaron copiosamente para sostener su tiranía.

 ¿Anacronismo? Por supuesto. Pero el diablo apareció de cuerpo entero en Venezuela. Mujeres y hombres civiles bien armados para hacer frente a sus conciudadanos que protestan legítimamente contra un régimen que desconoce la democracia y sus reglas de juego. Un ejército de civiles armados para disparar y asesinar a sus conciudadanos: parientes cercanos y lejanos, amigos, compañeros de aula. Civiles armados para proteger caprichos e ilegalidades de un régimen autorefencial, que se sostiene en sí mismo, en sus deseos y caprichos, en sus ansias de poder y no en la ley.

Con esto sueña el presidente Correa. Es lo que ha querido siempre, desde el inicio mismo de su larguísimo mandato. En estos años se ha apoderado de todo el sistema institucional del país, incluidas las fuerzas armadas. Nada, absolutamente nada se halla al margen de su movimiento político que le sirve de parapeto para su espíritu dictatorial, nada, en especial el sistema judicial. Y ahora que se va de vacaciones, vuelve al tema de las fuerzas armadas civiles que protejan a su sucesor al que ya considera débil y al que pretenderá sustituir lo antes posible.

Así adquiere sentido el metódico desmantelamiento que se ha realizado en las fuerzas armadas sacando de raíces la tradición, la legitimidad del mando y de la jerarquía. De hecho, se ha seguido todo un libreto destinado a sustituir la tradición de las fuerzas armas para sustituirla por el pensamiento y la supuesta ideología del socialismo del siglo 21, esa ideología que no aparece en ninguna parte y que, en el fondo, tan solo tiene que ver con el apoderamiento de los poderes absolutos y con la exaltación y veneración de la persona del líder. La verdad es que sin ídolos no es posible ninguna sociedad ni ninguna tiranía.

[PANAL DE IDEAS]

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