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15 de Junio del 2020
Ideas
Lectura: 9 minutos
15 de Junio del 2020
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

El abuelo boxeador y el ladrón
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La masa salarial son personas en las calles, la disminución de la nómina son gente sin empleo: el padre de familia que apenas estaba sobreviviendo con el salario como profesor, luego de que le botaron a su esposa del sector público.

Escuchar a los economistas, en las noticias, me produce erisipela con un prurito insoportable provocado por palabras con demasiado cloro, antisépticas: “disminuir la nómina”, “bajar la masa salarial”, “el problema es técnico no político”.

Una amiga me contaba que su abuelo era un hábil boxeador. En alguna ocasión, un ladrón le amenazó y de inmediato adoptó una postura técnica de defensa, pero el bellaco barrió sobre sus canillas y lo tiró al piso, golpeándolo indefenso.

El asaltante aplicó la técnica de pelea en la calle: artera y menos elegante, pero efectiva porque no jugó bajo las reglas.

El uso de la técnica es una decisión, ninguna técnica es neutral, en primer lugar,  porque su constitución es un producto cultural y en consecuencia resultado de una visión del mundo; en segundo lugar, porque la elección de usarla, como cualquier decisión que afecta la vida de las personas, es política; en tercer lugar, porque la técnica se puede usar con reglas diferentes para las que fueron creadas, como por ejemplo, el uso de la encriptación para desarrollar una moneda virtual.

La masa salarial son personas en las calles, la disminución de la nómina son gente sin empleo: el padre de familia que apenas estaba sobreviviendo con el salario como profesor, luego de que le botaron a su esposa del sector público; la madre soltera que tenía que pelear cada mes por el pago de la pensión del sátrapa de su ex esposo y que ahora se quedó sin empleo en la fábrica que trabajó durante 10 años; el joven que estudia en una universidad privada, con una beca, y trabaja para mantener a su madre debido a  la miserable pensión que recibe; los padres que manejaban un próspero aunque pequeño restaurante en una zona comercial con dos hijos en la universidad y uno de ellos que también perdió el trabajo en el sector público,  y ahora los abuelos mantienen también a la esposa y a su hermosa nieta de dos años.

El equilibrio fiscal son hijos que ven a sus padres morir, padres que ven a sus hijos sin futuro. Casi siempre, el orden del discurso económico es el siguiente: primero la fundamentación técnica; luego, la argumentación de sus efectos de no aplicarse y finalmente la compasión práctica: un bono para los trabajadores esenciales, mientras dure la epidemia.

El equilibrio fiscal son hijos que ven a sus padres morir, padres que ven a sus hijos sin futuro. Casi siempre, el orden del discurso económico es el siguiente: primero la fundamentación técnica; luego, la argumentación de sus efectos de no aplicarse y finalmente la compasión práctica: un bono para los trabajadores esenciales, mientras dure la epidemia. Por supuesto, superado el problema, el bono desaparece y los salarios no suben.

Desconfianza es el sentimiento que provocan cuando políticos y economistas se juntan para decir: es que las circunstancias son tan duras que todos comprendemos que debemos sacrificarnos y aceptar que se tienen que reducir los salarios como en España, Italia y otros países para conservar el empleo.

El problema es que en las circunstancias actuales decir que: “los que más tienen más aporten” es una afirmación que provoca una mezcla de impotencia, ira y tristeza porque los que más tienen son los corruptos y todo el sistema que los protege: jueces, asambleístas y funcionarios públicos.

Para colmo, el descaro es un sistema de gobierno como muestra el poderoso listado de funcionarios denunciados por la prensa y que continúan en sus puestos o maquinando detrás ellos.

Se deja al trabajador en manos de los empresarios para “negociar” como si eso fuera posible ante la posibilidad de quedarse sin nada, eso si el empresario no declara la quiebra y abre el negocio con otro nombre.

Por eso es que el corazón se me arruga como un papel, cuando los argumentos técnicos dejan sin voz a la gente común que no tiene como debatir ecuaciones y cifras, porque sabemos que las decisiones técnicas pasan como orugas de tanque sobre la gente.

A un padre o madre que conserva su empleo que cuida de su hijo discapacitado, de su nuera y su nieto que perdieron sus trabajos y un abuelito en casa, se le pide que comprenda la situación del país; mientras la banca, la siempre fría y calculadora banca, suma intereses durante la pandemia, no apoya con créditos al campo y estimula los préstamos de consumo. Será que “por razones técnicas” no rebajan sus salarios personales en la misma proporción que al resto, pues no, no es comprensible.

Qué tal si la banca rebaja las deudas de las tarjetas de crédito, en el mismo porcentaje que se exige a los salarios; o, por qué no pagar cada dos meses las cuotas de la tarjeta de la misma manera que se disminuye el número de horas de trabajo.

No son los únicos sectores que “comprenden” la situación del país. Por ejemplo, la cicatera tarifa social que empresas como Tv Cable aplican para los que “no pueden mantener el pago de internet”; luego de años de ganancias, no alcanza para que una persona, no se diga para una familia, trabaje y estudie.

Internet es ahora como el pan y la leche: pan duro y leche con agua no es alimento, sino egoísmo social.

Si alguien se queda sin trabajo, internet gratuito. Tanto tiempo cobraron y ahora cabe algo como un seguro para clientes que perdieron el empleo.

Además, si se quiere fomentar el emprendimiento es ineludible tener acceso a la red.

Desaparecer el estúpido impuesto a la patente, mantener una conexión de calidad en la tarifa solidaria, disminuir las tasas de interés de las tarjetas, estimular la economía con una economía del conocimiento mediante becas de estudios y manutención así la gente en cuarentena o sin empleo pueda estudiar y prepararse para emprender en los nuevos campos de la economía de datos, en general, producir ideas nuevas y aplicarlas.

Exigir a la sociedad siempre que exista honorabilidad y honestidad en la gestión pública. De lo contrario, las personas se tomarán las calles, no por que “no comprendan la situación” sino porque la viven.

Entiendo que se debe disminuir “la masa salarial”, de hecho, la burocracia en los hospitales públicos son fuente de dolor y angustia. Sin embargo, no es verdad que la clase media tiene más que los sectores populares, al contrario, contribuye a sostener a los sectores populares, no lo hace únicamente la empresa. La “masa salarial” de consumo es quien le genera empleo al señor que arregla los computadores dañados, al que vende repuestos, al que repara la tubería de la casa, a los que distribuyen el gas, a los profesores de sus hijos.

Un economista decía: no hay nada nuevo en economía. Y ese es el problema, los que pensaron de otra manera desarrollaron nuevas técnicas, como el truhán en la pelea de box.

Para sobrevivir y crecer  urgen grandes acuerdos sociales y para crecer económicamente: ni engordar el estado, ni tampoco dejarlo con anemia. También sería bueno que se publique el monto de disminución de la masa salarial de los grandes grupos económicos, estoy seguro que también “sabrán comprender la situación del país”.

[PANAL DE IDEAS]

Fanny Zamudio
Alfredo Espinosa Rodríguez
Carlos Arcos Cabrera
Iván Flores Poveda
Oswaldo Toscano
Mauricio Alarcón Salvador
Carlos Rivera
Fernando López Milán
Patricio Moncayo
Mariana Neira
Patricio Crespo Coello

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