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24 de Abril del 2017
Ideas
Lectura: 4 minutos
24 de Abril del 2017
Santiago M. Zarria

Filósofo y catedrático universitario.

El arte de cazar moscas
Estos gobiernos llegan a dominar el arte de cazar críticos que construyen sistemas complejos para introducir la aguja y con ello someter, humillar e inmovilizar al sujeto que lo cuestiona. Así como en la Grecia antigua para mantener la estabilidad de la Polis y la moral ateniense convirtieron a la “incredulidad en lo sobrenatural y la enseñanza de la astronomía” en delitos procesables. Actualmente, parece que cualquier cosa es útil para procesar a alguien.

Después de la Guerra del Peloponeso, mientras los pobres morían de hambre y responsabilizaban a la democracia por la guerra y la crisis en la que habían caído, Lisandro, el general espartano, llegó a Atenas e impuso un gobierno oligarca conformado por treinta hombres que se volvieron tiranos.

Lo primero que hicieron cuando consiguieron el poder fue someter al sistema judicial e insertar cambios en la Constitución bajo la excusa de que esos reajustes eran para restaurar la moral ateniense.

Propio del irracionalismo y la prepotencia que teme a la «sabiduría», aprobaron leyes que prohibían enseñar el arte de la palabra, es decir retórica y filosofía. Reconstruyeron la Pnix, lugar de reunión de la Asamblea, de tal manera que pudieran controlar el ingreso y disminuir la cantidad de asistentes. Manipularon las votaciones que dejaron de ser secretas, prohibieron el ingreso a la ciudad a personas con fines políticos, expulsaron a probables opositores y asesinaron a quienes consideraron enemigos de su programa político.

En pocas semanas los treinta tiranos perfeccionaron el arte de perseguir, reprimir y censurar. Según Aristóteles, tan pronto obtuvieron poder, mataron cerca de mil quinientos atenienses, especialmente a todos los que «sobresalían por su riqueza, estirpe o dignidad» y otros, por no morir, se exiliaron voluntariamente.

Como en la época de los tiranos, cuando un gobierno llega a dominar las técnicas de intimidación, la persecución se vuelve caza y el crítico presa. El control, la censura y la represión se actualiza directamente desde el ejecutivo en países donde el marco institucional ha perdido independencia. Instituciones que deberían ser autónomas se subordinan y se vuelven serviles al caudillo.

Haciendo una analogía con las técnicas que algunos gobiernos han perfeccionado para cazar críticos, El Suplicio de las moscas que Canetti transcribe de las memorias de Misia Sert es perturbadoramente actual:

«Una de mis compañeras de habitación había llegado a dominar el arte de cazar moscas. Tras estudiar pacientemente a estos animales, descubrió el punto exacto en el que había que introducir la aguja para ensartarlas sin que murieran. De este modo confeccionaba collares de moscas vivas y se extasiaba con la celestial sensación que el roce de las desesperadas patitas y las temblorosas alas producía en su piel.»

Los regímenes que se creen destinados a restaurar el espíritu de una nación, sostienen la extraña teoría de que el pueblo debe conservarlos manteniendo la tiranía de su justicia, la persecución a los infames provocadores del régimen y el control de los «sediciosos» opositores, crean trampas institucionales, francotiradores judiciales y censuradores de la palabra. Ellos saben perfectamente lo que hacen, porqué lo hacen y a quienes lo hacen.

Estos gobiernos llegan a dominar el arte de cazar críticos que construyen sistemas complejos para introducir la aguja y con ello someter, humillar e inmovilizar al sujeto que lo cuestiona. Así como en la Grecia antigua para mantener la estabilidad de la Polis y la moral ateniense convirtieron a la “incredulidad en lo sobrenatural y la enseñanza de la astronomía” en delitos procesables. Actualmente, parece que cualquier cosa es útil para procesar a alguien.

De este modo, los gobiernos tiránicos, siguiendo el relato de Canetti, confeccionan collares con los procesados, perseguidos, criminalizados y exiliados. Son los trofeos de un régimen déspota y de una institucionalización atrofiada que se extasía con la celestial sensación de que todo es por el bien de la patria.

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