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21 de Junio del 2016
Ideas
Lectura: 13 minutos
21 de Junio del 2016
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

El brexit, el populismo y el futuro de Europa
Este jueves los votantes van a decidir si Gran Bretaña sale de la Unión Europea (UE) o sigue en ella. Como muchos de los habitantes de Occidente, creo que la opción de abandonar Europa ––cosa que las encuestas muestran que es posible––, sería muy mala para Gran Bretaña, Europa y el mundo.

Que los argumentos dieron paso a la sangre se mostró el sábado 18 de junio con el asesinato de Jo Cox, diputada laborista y mujer muy destacada, en la plenitud de la vida (41 años, dos hijos), que antes había sido responsable de políticas y campañas humanitarias de Oxfam, una de las ONG más importantes del mundo. Nacida en la clase trabajadora había llegado, y sobrevivido, como ella misma lo decía, a Cambridge. Tres tiros y varias cuchilladas acabaron con la vida de esta brillante mujer, esperanza de los laboristas. Murió a manos de un fanático, que cree en la supremacía de Gran Bretaña sobre todas las naciones y considera traicioneros a quienes defienden la opción de permanecer en la UE, y del que se dice tiene vínculos con la extrema derecha.

A todos nos asombra el comportamiento primitivo y salvaje de los hooligans, a quienes se ha logrado controlar en los estadios de Inglaterra, pero no en los de Europa, como lo hemos visto en estos días de la copa europea de fútbol que se disputa en Francia. Ni ese comportamiento ni el de un desquiciado que asesina puede achacarse a toda una nación, pero como dice Henry Kamen, historiador británico que escribe en diarios españoles, estamos ante una “pavorosa histeria pública”.

¿Cómo se llegó a esta brutalidad? Por acción de populistas como Boris Johnson y Nigel Farage, que han sido totalmente irresponsables en su afán de excitar la opinión pública a favor del llamado brexit (palabra que viene de Britain y exit). Su campaña ha sido incesante y, como lo dijo la semana pasada el líder de los laboristas, Jeremy Corbin, son “lobos en piel de oveja” pues, por ejemplo, posan como defensores del sistema de salud de Gran Bretaña (NHS, por su sigla en inglés), pretextando que dejar la UE permitiría salvarlo.

Esta tesis ha sido un argumento central para los partidarios de abandonar (“Leave”) la UE. Incluso, según he visto en las fotos de los medios británicos, el lema está pintado en el bus de su campaña. Los partidarios del “Leave” vociferan que Gran Bretaña podría gastar el dinero que manda a Bruselas en prioridades nacionales, como el servicio de salud. Sin embargo, el principal ejecutivo del NHS, Simon Stevens, ha dicho que él se toma muy en serio las advertencias del Banco de Inglaterra sobre el impacto económico negativo que tendría el brexit y opina que de salirse de la UE la economía del Reino Unido entraría en tal caída en espiral que el propio NHS podría verse afectado.

La exageración de los argumentos y el engaño deliberado al público, armas recurrentes de los populistas, han llegado a fanatizar en gran medida la discusión, y los partidarios del quedarse (“Remain”) han debido empeñarse a fondo para contrarrestar tanta mentira.

Obviamente el trapo que más se ha agitado es el de la inmigración. Igual que otro populista y supremacista, el presunto candidato republicano a la presidencia de EEUU, Donald Trump, y al igual que la extrema derecha de toda Europa, la inmigración descontrolada es el mayor fantasma que levantan. El brexit, dicen, permitiría abroquelarse, cerrar los accesos o limitar severamente la inmigración. Sobre esto, los partidarios de quedarse no tienen una respuesta apropiada, y se han mostrado flojos ante los argumentos xenófobos.

Si hay gente que no tiene simpatía por ninguno de los dos partidos tradicionales, hay conservadores que encabezan una revuelta contra el primer ministro Cameron por mostrarse favorable al “Remain”, posición con la que están prácticamente todos los empresarios, y también el mundo académico, los economistas y The Economist.

También los científicos. En marzo, más de 150 miembros de la legendaria Royal Society, entre ellos el más famoso físico del mundo, Stephen Hawkins, advirtieron que dejar la UE sería “un desastre para la ciencia del Reino Unido”.

El manifiesto, que apareció como una carta al Times de Londres, estaba firmado por matemáticos, ingenieros, químicos y científicos de todas las ramas. Argumentaron que la pertenencia a la UE era crucial por dos razones: primera, el mayor financiamiento ha elevado en gran medida el nivel de la ciencia europea como un todo y del Reino Unido en particular por la ventaja competitiva que este tiene. Y, segundo, “ahora podemos reclutar a muchos de nuestros mejores investigadores desde Europa continental”, incluyendo jóvenes que “han obtenido ayudas financieras de la UE y han decidido mudarse aquí con ellas”. El poder atraer y financiar a los europeos más talentosos asegura el futuro de la ciencia en Gran Bretaña y también anima a que migren al Reino Unido los mejores científicos de otras partes, reiteraban.

La carta ponía el ejemplo de Suiza, que no es miembro de la UE y ha restringido el movimiento de los trabajadores de ese bloque de 28 países, por lo que hoy está buscado “desesperadamente” la forma de atraer a científicos jóvenes con talento.

Pero no todos los científicos tienen esta posición. Angus Dalgleish, portavoz de un grupo de científicos favorables al brexit dijo en marzo al diario The Independent, que “el balance es que ponemos mucho más en Europa que lo que esta nos da. Cualquier diferencia que haya por dejar la UE podremos resolver con el dinero que vamos a ahorrar”.

Pero, claro, el libre flujo de las ideas y de los científicos es lo que ha hecho el mundo moderno, mientras la posición aislacionista creará una Gran Bretaña ermitaña. La ciencia aplicada, con los avances que produce en la infraestructura, la informática, la agricultura y la industria, es la que a largo plazo permite la prosperidad y seguridad, y es increíble que, en esta era digital y de las comunicaciones, en plena globalización, los populistas quieran aislar a Gran Bretaña.

Recuerdo el titular que puso el Daily Mirror un día de 1975, tras una semana de brutales tormentas en el Mar del Norte: The Continent is Isolated. Los británicos siempre han hecho bromas de esto, con su típico humor en que se ríen de ellos mismos. Pero Hawking no hacía bromas cuando declaró en una entrevista: “Los días en que podíamos valernos por nosotros mismos contra el mundo ya no existen. Hoy necesitamos ser parte de un grupo más grande de naciones, tanto para nuestra seguridad como para nuestro comercio”.

También los historiadores se han manifestado a favor del “Remain”. En un manifiesto publicado hace tres semanas, más de 300 destacados historiadores, entre ellos Simon Schama y Niall Ferguson, advirtieron a los votantes que si escogen dejar la UE estarían condenando a la Gran Bretaña “a la irrelevancia”.

En una carta a The Guardian, los historiadores argumentaron que el referéndum ofrece la posibilidad de subrayar el “rol irremplazable” que Gran Bretaña ha jugado, y debe seguir jugando, en la historia europea.

“El 23 de junio enfrentamos una alternativa: nos vamos a la deriva, condenándonos [a los británicos] a la irrelevancia y a Europa a la división y a la debilidad; o reafirmamos nuestro compromiso con la UE y fortalecemos la cohesión de nuestro continente en un mundo peligroso”.

Además de Schama y Ferguson, ambos figuras familiares en las casas de los británicos y en muchas otras partes del mundo por sus documentales de televisión y sus libros superventas, estaban entre los firmantes Sir Ian Kershaw, experto en la historia social de la Alemania del siglo XX; Juliet Gardiner, historiadora de la Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial y Kathleen Burk, profesora emérita de historia moderna y contemporánea del University College de Londres.

El equivalente a ministro de Finanzas, que en Gran Bretaña se llama Chancellor of the Exchequer, George Osborne, que estudió historia en Oxford, ha tenido un papel destacado en coordinar la campaña a favor de permanecer en la UE, y dijo sobre la carta abierta: “Puede que yo no haya escrito historia, pero soy un ferviente estudiante de ella. [Los firmantes] son personas que, desde muy distintas perspectivas, han estudiado y escrito sobre cómo ha influido la rica y variada historia de Gran Bretaña cada esquina del globo, pudiéndose argumentar que lo ha hecho más que cualquier otra nación”.

“Sea por la difusión de la democracia, el idioma inglés o el impacto de nuestros lazos comerciales y de nuestro antiguo imperio colonial en el mundo, estas personas nos hay ayudado a entender esa influencia. Todos argumentan que como nación somos más fuertes cuando estamos abiertos y comprometidos con el mundo”.

Los argumentos del otro lado son bastante nostálgicos, y sugieren que Gran Bretaña puede resistir sola, pero, como dice Naill Ferguson, “la lección de la historia es que el aislacionismo británico ha estado asociado a menudo con la desintegración continental”.

Tanto el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, como la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, han expresado su preocupación de que la salida de Gran Bretaña de Europa podría precipitarla en una recesión.

De acuerdo con un análisis de la firma PwC, el brexit podría causar que 950.000 personas pierdan su trabajo en Gran Bretaña. El efecto del brexit es distinto según el sector de la economía, pero los sectores que se verán más afectados son las industrias que apuntan al mercado europeo, o quienes se benefician del libre movimiento de la fuerza de trabajo, los servicios financieros, el turismo y la industria automotriz.

El propio presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al argumentar a favor de la permanencia de Gran Bretaña en la UE, destacó el papel que aquella ha jugado en Europa y lo mal que le iría si es que decide salir, entre otras cosas porque tendría que ponerse “en la parte de atrás de la cola” si quiere un acuerdo comercial con EEUU.

Es que los proponentes del brexit han dicho que para Gran Bretaña sería muy fácil negociar sola un acuerdo comercial con ese país. Por supuesto el discurso de Obama cayó muy mal a los propagandistas del brexit y Boris Johnson cayó en el puro racismo al decir que las palabras de Obama nacían de la anglofobia de su padre keniano.

Si los científicos y los historiadores se oponen a la salida, los partidarios del “Leave” han recibido el apoyo de varios altos militares, que creen que las leyes europeas han minado la capacidad militar de Gran Bretaña. Quedarse en la UE es escoger obedecer a personas que no hemos elegido y que dictan muchas de las leyes que nos gobiernan, dicen estos militares, que favorecen “retomar el control y regresar a lo que éramos: un país independiente en que nuestro parlamento es elegido por nosotros y responde ante nosotros como legislatura”.

Otro historiador británico, Timothy Garton Ash, se muestra muy pesimista por el impacto que tendría el brexit sobre el Reino Unido y la Unión Europea. “Si los ingleses votan por salir de la UE, los escoceses votarán por abandonar el Reino Unido. Así que Gran Bretaña dejará de existir. Mientras tanto, el choque del brexit en un continente ya tambaleándose bajo muchas crisis podría significar el principio del fin de la Unión Europea”.

El jueves sabremos quién gana: si el populismo exacerbado, con su visión nacionalista limitada, o la posición de quienes ven la historia pasada y prevén una Gran Bretaña comprometida con Europa.

[PANAL DE IDEAS]

Fernando López Milán
Gonzalo Ordóñez
Natalia Sierra
Carlos Rivera
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Francisco Chamorro
Hugo Cahueñas Muñoz
Alexis Oviedo
Consuelo Albornoz Tinajero

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