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14 de Junio del 2021
Ideas
Lectura: 5 minutos
14 de Junio del 2021
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

El callejero fantasma de la muerte
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¿Cómo es posible que los hospitales del Estado carezcan de medicamentos para las enfermedades de los pacientes? ¿Desde qué ética, los poderes políticos pueden sostenerse como tales cuando los ciudadanos no pueden acceder a los servicios de salud y ser atendidos oportuna y eficazmente?

Es como si se hubiese producido una suerte de continuum desde el inicio de la pandemia, hace año y medio, y lo que ahora acontece en los hospitales del país. Pero ya no solamente por el Covid19 sino por las dolencias, enfermedades y toda clase de males que aquejan a los habitantes de este país que tiene de todo, incluida una corrupción sin límites. 

Los hospitales no se hallan precisamente llenos de pacientes sino vacíos de insumos médicos de todo orden, incluidos, desde luego, los medicamentos. 

No, no es Macondo. Es Ecuador en pleno siglo XXI. Es nuestro país en el que todo es posible para una corrupción que no posee límite alguno.

El personal de salud no tiene con qué atender a los pacientes que, con toda razón, llegan seguros de que recibirán atención oportuna y adecuada, una atención de calidad y hasta de calidez, como decía el slogan de la corrupción correísta. Seguros de que saldrán sanos y no en una caja mortuoria.

Resulta no solamente trágica sino inhumana la escena de los demandantes de atención esperando un turno para ser atendidos. Llenan las salas de espera, y, como si fuera poco, llenan por cuadras las calles aledañas. 

Mujeres y hombres, jóvenes y ancianos. A todos los acompaña una gran tristeza y un pesado sentimiento de abandono, de soledad y de frustración. A todos los invade el sentimiento de ser horriblemente maltratados, ofendidos, vilipendiados. Las promesas políticas y las esperanzas sociales se hacen añicos.

¿Cómo es posible que los hospitales del Estado carezcan de medicamentos para las enfermedades de los pacientes? ¿Desde qué ética, los poderes políticos pueden sostenerse como tales cuando los ciudadanos no pueden acceder a los servicios de salud y ser atendidos oportuna y eficazmente?

 Y no precisamente porque no existan suficiente personal de salud y suficientes camas hospitalarias. Sino porque no hay medicinas para nadie ni para nada. Entonces se ha producido lo que en filosofía se denomina contradicción en los términos. ¿Cómo es posible que los hospitales del Estado carezcan de medicamentos para las enfermedades de los pacientes? ¿Desde qué ética, los poderes políticos pueden sostenerse como tales cuando los ciudadanos no pueden acceder a los servicios de salud y ser atendidos oportuna y eficazmente?

Ya sabemos lo que ha acontecido con los medicamentos para atender al Covid19. Ya se develaron los corruptos procesos de compra y venta de medicamentos por alcaldes, administradores de hospitales, ministros de salud y más. 

Parecería que. desde que se puso la administración hospitalaria en manos de no profesionales de salud (obra sublime del perverso correato), la corrupción se instaló, creció e invadió los centros hospitalarios del país. El escándalo comenzó en Guayaquil y otras ciudades. También llegó a la capital. Pero los culpables se pasean orondos por sus ciudades, y los que han sido juzgados, siguen en sus alcaldías ostentando perversamente su corona de santidad. 

Los hospitales no están en crisis porque se hallen llenos de enfermos sino porque son administrados por corruptos. Solo así se explica que todavía haya enfermos que perecen en las aceras de las calles, en las puertas de los hospitales. Tan solo así se entienda que tan solo quienes que poseen buena estrella puedan recibir atención oportuna y adecuada en no pocos centros hospitalarios de las grandes ciudades. 

Parecería que el sistema hospitalario se halla gravemente enfermo. Y la única medicina que lo podría curar sería una nueva política de salud que deje de lado un sistema corrupto inventado por el correísmo y cuyo objetivo no fue precisamente mejorarlo sino hacer que dependa totalmente y exclusivamente de un poder central que no necesariamente busca satisfacer los intereses colectivos. 

Es casi absurdo que los servicios de salud no respondan a las exigencias tecnológicas de la contemporaneidad. Existiría una seria dicotomía entre la capacitación y preparación de los nuevos profesionales de la salud y un sistema que, en no poco, resultaría totalmente obsoleto.

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