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16 de Septiembre del 2020
Ideas
Lectura: 5 minutos
16 de Septiembre del 2020
Carlos Rivera

Economista, catedrático de la Universidad de Cuenca. 

El campo central de batalla de las elecciones del 2021
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En las elecciones del 2021 —si bien configura una pugna entre las diferentes cosmovisiones sobre lo que debe ser todo el modelo económico para Ecuador— el campo central de batalla será el tamaño del Estado y su financiamiento, y en qué o cómo se gasta en el sector público.

El triple shock de demanda (precio del petróleo, Covid-19 y año electoral), y uno de oferta (confinamiento y parálisis de las actividades productivas por la Covid-19), han sumergido a Ecuador en una crisis sin precedentes por la simultaneidad y fuerza de los hechos. La recuperación, por otro lado, se muestra demasiado incierta y lenta por la incapacidad del ejercicio de la política monetaria y fiscal para estimular la demanda, así como por la imposibilidad de afectar las posibilidades de producción de las empresas ante la inevitable continuidad de las restricciones a la actividad hasta que no exista una solución definitiva del problema sanitario, y la propia inflexibilidad de precios y salarios para estimular el crecimiento por el lado de la oferta.

En las elecciones del 2021 —si bien configura una pugna entre las diferentes cosmovisiones sobre lo que debe ser todo el modelo económico para Ecuador— el campo central de batalla será el tamaño del Estado y su financiamiento, y en qué o cómo se gasta en el sector público. El antecedente inmediato de esta discusión es la gran crisis fiscal derivada del salto gigantesco que tuvo el gasto público en Ecuador desde el 2007, fuera de toda escala en nuestra historia y que alcanzó no solamente al gobierno central, sino a los GADs y a todo el resto de instituciones del sector público, y cuyas secuelas negativas la hemos vivido de la peor forma posible desde el 2015.

En las elecciones del 2021 —si bien configura una pugna entre las diferentes cosmovisiones sobre lo que debe ser todo el modelo económico para Ecuador— el campo central de batalla será el tamaño del Estado y su financiamiento, y en qué o cómo se gasta en el sector público

Los debates electorales entonces tendrán que ver con la pertinencia del tamaño del gasto y su grado de eficiencia, su financiabilidad, qué sectores económicos y qué unidades políticas tienen que financiarlo, el impacto supuestamente  positivo del mayor gasto comparado con el efecto negativo de los mayores impuestos o los desequilibrios fiscales y el endeudamiento resultante. Lo único que tenemos claro es que el aumento del gasto público en Ecuador se acomodó a un nivel de ingresos que no era permanente y que por tanto no era financiable de manera sostenida. Esto nos llevó a un endeudamiento público agresivo que nos tuvo al borde del default en los últimos meses y que solamente en los últimos días se encontró una luz al final del túnel con la renegociación de los bonos de deuda, que representa un alivio para la carga fiscal de los siguientes años, pero que para nada implica que se encuentra corregida la situación de las finanzas públicas, lo cual condiciona la eficacia de cualquier política de demanda y, por lo tanto, la velocidad de la recuperación.

Parte del dislate fiscal que tenemos en Ecuador, es esa recurrente tendencia a ajustarnos a través de los impuestos, lo cual no solamente podría  retardar, sino hasta imposibilitar las posibilidades de recuperación, al deprimir la oferta productiva y el consumo, a la vez que deteriorando las expectativas de los agentes con respecto a la credibilidad de las cuentas públicas, provoque una degradación de la confianza, que es el pilar fundamental sobre el que se debe apoyar la recuperación para que el ajuste no sea recesivo; así como  la absoluta resistencia a la baja de los presupuestos de los diferentes entes públicos, sin el menor ejercicio de transparentar sus cuentas, sus estándares de eficiencia y eficacia, cuando los retos de la sostenibilidad de las finanzas públicas en Ecuador pasan por ajustar los niveles de eficiencia del gasto.

Puede ser comprensible que este intenso debate en lo académico haya tenido que posponerse por efecto de la pandemia en el campo de la implementación misma de la política, y hasta pensar en otras alternativas de financiamiento transitoriamente. Pero una vez superada lo peor de ella, creo que ya no podemos desentendernos más y en este nuevo proceso electoral los candidatos tienen la palabra.

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