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15 de Enero del 2016
Ideas
Lectura: 5 minutos
15 de Enero del 2016
Consuelo Albornoz Tinajero

Profesora universitaria, investigadora y periodista, con un doctorado por la Universidad Nacional del Cuyo, de Argentina.

El comienzo del décimo año
La derrota electoral de 2014, se deduce a partir de los datos, no respondió a la menor capacidad económica del fisco. ¿Qué la motivó? Es una pregunta sobre la que solo puedo establecer conjeturas.

Un régimen debilitado, deslucido y desacreditado, que ha empobrecido a muchos de sus mandantes es el que ¿festeja? su décimo aniversario de acceso al poder político ecuatoriano.

Debilitado, digo, porque su fortaleza electoral mostró sus primeros menguas en febrero de 2014, cuando el partido de gobierno no pudo conservar la alcaldía de Quito ni llegar a la de Guayaquil; tampoco conquistar otras ciudades de singular importancia.

Debilitado, apenas a un año del triunfo presidencial en una sola vuelta, en febrero de 2013. ¿Qué sucedió en un lapso tan corto para que las preferencias ciudadanas se modificaran? En el 2013 todavía no se desplegaba la crisis que hoy, luego de casi tres años, es una realidad preocupante para la mayoría de ecuatorianos. En enero de 2013 el crudo WTI estaba en los 102,3 dólares por barril. Un informe oficial indicaba que el precio promedio del petróleo WTI en diciembre de 2013 fue de 97,6 dólares por barril.

Uno de los diarios oficiales informaba en setiembre de 2014 que la baja del precio del petróleo todavía no afectaba a la economía nacional. Una información de El Universo divulgaba que el precio del crudo ecuatoriano fue de 91,4 dólares por barril en enero de 2014. Tal precio subió a 98,9 dólares por barril en junio de ese año. No hubo crisis el año anterior a las elecciones, pero el correísmo perdió en el escenario que más valora y teme: el de las votaciones.

La derrota electoral de 2014, se deduce a partir de los datos, no respondió a la menor capacidad económica del fisco. ¿Qué la motivó? Es una pregunta sobre la que solo puedo establecer conjeturas. A modo de apunte puedo anotar que el 15 de agosto de 2013 el gobierno ecuatoriano dio por finalizado el plan A del Yasuní y anunció que emprendería en el plan B: su explotación. En abril de 2014 venció el plazo para entregar las 600 mil firmas para consultar a la ciudadanía sobre la extracción de crudo en esta reserva natural de la biodiversidad y de la biosfera. A pesar de haber recolectado más firmas de las necesarias, un gran número de ellas fue eliminado y las autoridades no dieron paso a este anhelo ciudadano.

Deslucida, ajada, incluso arrugada y con ciertas costuras al descubierto es la situación actual del movimiento AP. Las expresiones de cansancio social y de fastidio ciudadano comenzaron a exteriorizarse desde setiembre de 2014 cuando se produjo la primera manifestación contra el régimen. La protesta se repitió en noviembre de tal año y una tercera marcha se verificó en marzo de 2015. Tales muestras fueron el antecedente de los plantones, caminatas y otras acciones en junio, julio y agosto del año pasado, a las que siguieron otras hasta la aprobación de las denominadas enmiendas, por parte de la legislatura.

Lo antedicho se nutrió de la insensibilidad desplegada por el gobierno ante las demandas sociales. Esto lo dibujó como una administración incapaz de empatía y de escuchar y comprender los reclamos de los gobernados. Proclive, al contrario, a castigar a quien lo critique.

Como consecuencia de lo anterior este enero encuentra a una RC (Restauración Conservadora correista) con una credibilidad disminuida y una confianza socavada.

Con una población empobrecida y con incertidumbre frente al presente y al futuro.

Celebrar, entonces, qué? ¿Los retrasos en las remuneraciones a los maestros? ¿Las deudas impagas a tanto proveedor? ¿Los despidos a los funcionarios contratados? ¿La falta de pago a los profesores jubilados de la Universidad Central?

En lugar de parrandear, el gobierno debería trabajar por resolver con efectividad los problemas que afectan a millones de ecuatorianos, en especial a quienes han entregado sus años de trabajo a la patria. Y no responder, por ejemplo, con aquella frase de que “el IESS nunca estuvo mejor que ahora”, y prometer que desde el 15 de enero las pensiones jubilares se elevarán en el 3,4%. Excelente, pero que primero se ponga al día con los desembolsos correspondientes a diciembre que afligen a ecuatorianos que trabajaron con denuedo por varias décadas.Y que enfrente cómo recuperar la solvencia del IESS que, conforme la denuncia del dirigente Miguel García, se generaron por el “déficit de 1.100 millones de dólares”.

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El comienzo del décimo año
 
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