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14 de Octubre del 2016
Ideas
Lectura: 10 minutos
14 de Octubre del 2016
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

¡Es el correísmo, estúpidos!
La lógica, el sentido común, una cabeza con dos dedos de frente entienden perfectamente que el objetivo central de las oposiciones es sacar al correísmo del poder y mejor si es irreversible. Por tanto, suena elemental, como para que lo entienda cualquiera de la oposición, que el enemigo central de esta coyuntura histórica es el correísmo, su legado nefasto y todos sus representantes.

ESTADOS UNIDOS, 1992. Cito esta frase adaptada a la famosa “Es la economía, estúpido”, que dijera el director de la campaña de Bill Clinton, durante el proceso electoral que disputó y ganó contra George Bush (padre). Lo dijo para definir la estrategia de la campaña demócrata, cuando tenían todas las de perder frente a un presidente en funciones, victorioso además, luego de haber ganado la Guerra Fría y la Guerra del Golfo. Bush tenía el 90% de aceptación  y era casi imbatible, como creían los analistas políticos.

En ese momento, la inflación, el desempleo, la crisis económica golpeaban al pueblo estadounidense, y los republicanos en el poder optaron por llevar el sentido del debate en la campaña electoral a destacar los triunfos militares en el exterior.  Los demócratas apuntaron a  llevar el debate por los temas comunes de los votantes norteamericanos, la economía popular y el sistema de salud. Ganaron. Y ganaron porque supieron leer el contexto político y a través de diagnósticos serios entender lo que pensaba y sentía el pueblo estadounidense. Así pues, se enfocaron en un solo mensaje: ¡la economía, estúpido!

ECUADOR, 2016.  ¡Es el correísmo, estúpidos! Sí, en plural, porque son varios los que no entienden el momento político y el contexto de lo que está en juego en la actual campaña electoral. A mi criterio, el momento político puede leerse como la necesidad histórica y urgente de derrotar al correísmo y sacarlo del poder. Hay mucha indignación en mucha gente, mucho inconformismo, el correísmo está de capa caída y ellos mismo lo admiten: tienen un 30% de promedio en la intención del voto, o sea, el 70% restante, la gran mayoría, no los quieren... El propio presidente Correa lo dice: todos están contra nosotros. No hay que ser un genio para entender que la política es la disputa por el poder y una campaña política es el proceso en el cual, a través de diversas tácticas, grupos de oposición buscan desplazar del poder a los que lo detentan. Y de parte del oficialismo, o sea del poder constituido, del statu quo, se establecen estrategias para conservar el poder. El correísmo tiene el poder quiere conservarlo (a toda costa y de cualquier modo). Y todo el que quiere el poder busca obtenerlo. Hay intereses muy concretos para ello. Intereses económicos, sociales, ideológicos y del simplemente “quítate tú para ponerme yo”. Así mismo es, no hay que sorprenderse ni convertir a la política en un acto moralista de buenos contra malos. Solo a Correa, enceguecido de vanidad, se le puede ocurrir que le quieren desplazar del poder porque lo odian. Como si la tarea de una sociedad y sus representaciones políticas y sociales fuera odiar o amar al presidente de la República.

Aquí viene el problema. El correísmo tiene una estrategia para conservar el poder: reinventarse en Lenin Moreno.  Esto es: todo lo que ha sido lo nefasto del correísmo en estos diez años —con su legado de corrupción, criminalización, abuso del poder, prostitución de la justicia, despilfarro económico, trampas, engaños y manipulaciones, corrupción de la comunicación en todos los sentidos y un largo etcétera— desaparecerlo de un plumazo y taparlo o esconderlo bajo la alfombra con la bonhomía de Lenín Moreno.  Por eso ahora son buenitos: Moreno habla de cambiar lo que está mal, de tener otro estilo, de tender la mano…puro maquillaje electorero. Pero bueno, esa es su principal estrategia y están en su derecho. Otras estrategias —menos en derecho— son, por ejemplo, usar con descaro todo el aparato del Estado, que es financiado por todos nosotros, ustedes, vosotros y ellos, para favorecer a su candidato. No es cualquier cosa. Todo vale para ganar, aunque sea con un voto. Después de la batalla, ya es tarde.  Lo importante es cambiar para que nada cambie y vendernos, de nuevo, gato por liebre.

¿Las oposiciones tienen una estrategia para sacar del poder al correísmo? Si las oposiciones —porque no todas son lo mismo ni tienen la misma vertiente— dicen y coinciden en que el correísmo ha sido la causa de todos los males de esta década y que para recuperar la democracia hay que sacar al correísmo (aunque el correísmo diga, obviamente, todo lo contrario) la lógica, el sentido común, una cabeza con dos dedos de frente, dictan que la estrategia central de la oposición es derrotar al correísmo. ¿Cómo? Atacando a sus candidatos, denunciando su Gobierno, explicando a la población todos sus males, buscándole la quinta pata a este gato pardo, jodiendo sin descanso, generando acciones políticas para ponerlo contra la pared y causarle altos costos políticos. O sea, poniendo toda la artillería contra el correísmo y su Gobierno.

Repito, la lógica, el sentido común, una cabeza con dos dedos de frente entienden perfectamente que el objetivo central de las oposiciones es sacar al correísmo del poder y mejor si es irreversible. Por tanto, suena elemental, como para que lo entienda cualquiera, que el enemigo central de esta coyuntura histórica es el correísmo.

¿Pero qué hacen las oposiciones? Atacarse entre ellos y ellas: así, los Lassitas atacan a los Moncayistas y a los izquierdosos; los Moncayistas atacan a los socialcristianos, los socialcristianos atacan a Lasso y los suyos.  El correísmo, feliz, no solo que mira este quilombo sino que lo aúpa. Divide y vencerás: haz que se tiren piedras unos a otros y olviden quien es su enemigo principal. Pongo ejemplos: Madera de Guerrero lanza la candidatura de Cynthia Viteri: ¿el objetivo central de Nebot es derrotar al correísmo? No, es destruir a Lasso. Contra él, y no contra Correa-Moreno-Glas, lanzan toda su artillería. Moncayo lanza su candidatura: ¿quienes son los primeros que lo atacan, le ven las costuras y lo quieren destrozar  y desprestigiar en las redes sociales? ¿El correísmo? No, la gente de Lasso y de Viteri.  El enemigo ya no es el correísmo, es Moncayo…o Lasso, o Cynthia, o Dalo.  El correísmo usa declaraciones de unos y otros, las saca de contexto, juega con eso y busca, por ejemplo, que los seguidores de Lasso vean a Moncayo y a Viteri como sus enemigos principales y los ataquen. Y estos caen en la trampa. 

Así, las oposiciones o competidores en la lid electoral gastan sus escasos recursos, sus energías y todo lo demás en atacarse unos a otros, desprestigiarse, descalificarse. ¿Quién les hace creer que pueden ganar las elecciones atacándose entre opositores? Si eso les dijeron los consultores (“tienes que acabar con Moncayo para pasar a la segunda vuelta”) les están robando la plata. ¿No les han dicho que el votante promedio puede hartarse y volver a votar por el correísmo ante ese despelote?

Correa, Moreno y Glas son felices, viendo como las oposiciones los olvidan y se bronquean entre ellas. Y no solo que los olvidan sino que hasta los votantes anticorreístas se vuelven exquisitos y le hacen el juego al discurso del correísmo. Todos los candidatos tienen un pero. Sí, votaría por Lasso, pero… fue banquero, es pelucón, no me gustan sus pantalones caquis. Votaría por Moncayo, pero… es militar, muy viejo, le apoyan los chinos y el Alberto Acosta... Votaría por Cynthia, pero… es mujer, es maquillada, la manda Nebot, fue socialcristiana, tiene un pasado político… Votaría por Dalo, pero…  En fin, como diría un amigo, no hay tusa que les calce. 

Noticias para ustedes:  todos tiene sus peros, sus defectos y virtudes; todos tiene un pasado político, todos tienen intereses, todos representan un sector muy concreto con deseos muy concretos, y ninguno es perita en dulce. Noooo, pero nosotros queremos a la Madre Teresa de Calcuta en la presidencia. ¡Por Dios! Si este país votó por Lucio, por Abdalá, por Jamil …Ahora quieren, mejor dicho, que venga un extraterrestre a gobernar el Ecuador, como si eso fuera posible (o sea, gobernar al Ecuador). Noten, además, que todos los epítetos que se usan para descalificar al otro son los que ha usado el correísmo durante una década. Es decir, los que descalifican a Lasso, a Moncayo, a Cynthia, a Dalo, y a cualquier otro, usan exactamente las mismas palabras que ha usado Correa. Ni para eso son originales…

¿Qué se puede hacer frente a esto? ¿Un pacto de no agresión? Bueno, sabiendo que un defecto de los políticos ecuatorianos es que son ecuatorianos, no queda mucho por hacer. Salvo que alguien les haga caer en cuenta de esto. Y cada vez que el uno ataque al otro, alguien le diga: no, ese no es tu enemigo ¡Es el correísmo, estúpido!

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