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19 de Abril del 2021
Ideas
Lectura: 6 minutos
19 de Abril del 2021
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

¿El correísmo ha muerto?
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¿Qué pasará con Rafael Correa? De momento deberá renunciar al liderazgo de su organización política. Debe retirarse, por un tiempo o no volver nunca más. Debe superar su Síndrome de Hubris, curar su egolatría, aceptar los criterios distintos y empezar a mirar con ojos críticos sus propios excesos, abusos, delitos y excentricidades.

Murió el tercer aliancismo. El primer aliancismo elaboró la Constitución de 2008, el segundo consolidó el poder autoritario del correísmo y el tercer aliancismo fue el morenismo. Pero el aliancismo en su manifestación más personalista y prepotente está representado todavía en un voluminoso bloque legisladores, en donde cada uno de estos personajes se siente más legítimo para merecer la herencia ante los ojos del patriarca. ¿Qué pasará, entonces, con el correísmo?

El correísmo murió como lo conocíamos. Pero renacerá y mutará en otra forma de expresión política del populismo autoritario. Hoy ocupan 48 de 137 escaños legislativos en la Asamblea Nacional y el 32% de la representación congresal y electoral. El correísmo tiene un partido fuerte, bien financiado y disciplinado. Sin embargo, el atractivo personalista de Rafael Correa irá perdiendo su brillo y los liderazgos más jóvenes y mejor adaptados a la actual coyuntura reclamarán el trono que todavía permanece ocupado. El correísmo es una organización personalista y son las personas las que se disputarán la titularidad de ese poder. Con una persona golpeada en su vanidad por la derrota electoral del balotaje, alguien más podría sentirse en mayor capacidad para sustituir a Correa.

El aliancismo encumbró a una persona en el poder institucional. Para eso elaboraron una Constitución hiperpresidencialista. Después el hiperpresidente, el autócrata, elevado a los altares de la política como la reencarnación de Eloy Alfaro, prescindió de los leales confeccionistas de la nueva Constitución, los persiguió furiosamente y los estigmatizó públicamente. Luego, ya sin estos escollos, concentró todos los poderes políticos en su persona. Así se inició el segundo aliancismo, el delincuencial. Sin embargo, nadie puede mentir a tiempo completo y salir ileso. O, como decía Abraham Lincoln, “puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo". Entonces, mirando la caída de Correa en las encuestas, y por necesidad, sentaron en el poder a Lenín Moreno en unas elecciones muy cuestionadas. Aquí se inauguró el tercer y último aliancismo, el morenista.

El aliancismo consiguió acaparar el 30% del voto populista y, con el tiempo, le sumó el 20% del voto indigenista, aunque después lo perdiera. Con eso consiguió el apoyo de las clases medias informadas, universitarias, juveniles, idealistas, ideologizadas, burocratizadas, además de amplios sectores populares y ganó las sucesivas elecciones presidenciales de 2006, 2009, 2013 y 2017. Así permaneció 14 años ininterrumpidos en el poder.

¿Qué pasará con Rafael Correa? De momento deberá renunciar al liderazgo de su organización política. Debe retirarse, por un tiempo o no volver nunca más. Debe superar su Síndrome de Hubris, curar su egolatría, aceptar los criterios distintos y empezar a mirar con ojos críticos sus propios excesos, abusos, delitos y excentricidades.

Pero el aliancismo se fracturó con el ascenso al poder de Lenín Moreno y esto dividió en dos el mismo proyecto personalista: en correistas y morenistas. Ahí inició, dentro del mismo marco político, un periodo de luchas intestinas y ajustes gansteriles. La disputa llevó a los altos dirigentes del aliancismo correista a enfrentar cargos penales y a otros a ir a la cárcel. Muchos hoy se encuentran prófugos. Pero esta disputa interna no eliminó el marco institucional o la estructura de privilegios del aliancismo, solo lo cambió de manos, del correísmo al morenismo.  

La fractura tal vez buscaba quedarse con una organización que consiguió concentrar la herencia populista de José María Velasco Ibarra, luego de Carlos Guevara Moreno o más recientemente de Abdalá Bucaram Ortiz y levantar un nuevo partido populista de masas. Pero todo resultó en fiasco cuando las bases abandonaron este proyecto y regresaron al redil de los llamados por Rafael Correa quien lideró la coalición de la Unión por la Esperanza o UNES, compuesta por el Movimiento Fuerza Compromiso Social del sentenciado por lavado de activos, Iván Espinel, y por el Movimiento Centro Democrático del político Jimmy Jairala, encausado por la justicia por contratar con empresas fantasma durante su periodo como Prefecto del Guayas. Así, aliancismo delincuencial se reafirmaba.  

¿Desaparecerá el aliancismo? Sí, tras la derrota del morenismo en las elecciones generales lo que queda del aliancismo es el correísmo. ¿Desaparecerá el correísmo? Sí, tras la derrota en el balotaje presidencial de 2021, alguien con mejor interpretación de las circunstancias querrá desbancar a Rafael Correa e inaugurar una nueva forma de populismo autoritario dentro o fuera de su organización caudillista. ¿Desaparecerá el bloque populista? No. Mientras persistan las inequidades, las injusticias sociales, la ineficiencia pública habrá una oportunidad para que los populistas capitalicen este descontento y lo conviertan en una causa electoral.

¿Qué pasará con Rafael Correa? De momento deberá renunciar al liderazgo de su organización política. Debe retirarse, por un tiempo o no volver nunca más. Debe superar su Síndrome de Hubris, curar su egolatría, aceptar los criterios distintos y empezar a mirar con ojos críticos sus propios excesos, abusos, delitos y excentricidades.

La ausencia de Rafael Correa, que forzarán aún en su presencia, también será motivo de una guerra de sucesión fratricida que podría fracturar lo que quede del aliancismo correista. Ese día podremos decir que el correísmo ha muerto y ese día está cerca.

@ghidalgoandrade

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