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27 de Octubre del 2015
Ideas
Lectura: 7 minutos
27 de Octubre del 2015
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

El costo político del ajuste “correísta”
La salida a la crisis, por tanto, no parecería ir por el lado de retroceder a ese modelo, sino de encarar la crisis con seriedad y responsabilidad, pero sin olvidar que ello debe darse en el marco de un acuerdo social no solo entre gobierno y empresarios, sino entre Estado y sociedad civil.

Según el ex vicepresidente Alberto Dahik la baja del petróleo no es la causa de la actual crisis, sino el modelo económico adoptado por el gobierno de Correa; un modelo basado, dice, en un elevado gasto público que, si bien, trajo beneficios a amplios sectores populares, no midió sus efectos a mediano y largo plazos.

El gobierno, sostiene, tomó medidas equivocadas ya antes de la baja del precio del petróleo; no cuidó la reserva monetaria, la liquidez de la economía, la balanza de pagos. La reserva monetaria, advierte, tiene que quedar fuera de la política; no cabe politizar las decisiones económicas; en Estados Unidos los demócratas y los republicanos tienen muchas diferencias pero no se atreven a meterse con la reserva federal, acota.

A su juicio, el FMI  puede socorrer al gobierno en forma que ningún otro organismo del mundo puede hacerlo; si no que le digan cuál es la alternativa.

Ni en Pekín, ni en Moscú, ni en Hong Kong,  puede el gobierno encontrar otra fuente de crédito que le ayude a salir del bache, en las condiciones que le ofrece el FMI. 

La “focalización” de los subsidios lo ve como una alternativa; los subsidios generales benefician a los que mayores rentas tienen, por ello se debe focalizar los subsidios. ¿Cómo ha financiado esos subsidios? Dahik responde: con la tributación a los empresarios.

Para Dahik, así como para otros analistas y expertos, la economía no admite interferencias de la política; la proximidad de las elecciones del 2017, la ven como un inconveniente. “El sector empresarial considera que es momento de dejar de confrontar y de atender las urgencias de la economía del país” reza una crónica de “Líderes”, suplemento de diario El Comercio.

No se trata propiamente de un “modelo” económico, derivado de determinada postura teórica e ideológica, sino de una manera de gobernar que privilegia el corto plazo, la acción rápida, efectos tangibles. El país no estuvo preparado para el desplome del precio del petróleo; eso nada tiene que ver con la ideología.

El ajuste del presupuesto estatal tomó de sorpresa no solo al Estado sino a los empresarios. Hay sectores que por su alta dependencia del gasto público sufrirán más por ese ajuste. Otros empresarios que se apoyaron en sus propias capacidades y recursos sufrirán menos.

¿En que medida los empresarios han podido apoyarse en sus propios pies? pregunta con razón el historiador Juan Paz y Miño. En los esfuerzos de industrialización emprendidos por el Estado, los empresarios recibieron el auxilio del Estado, pero si bien algunos aprovecharon esos estímulos y avanzaron, otros siguieron siendo “rentistas” y muy dependientes de la protección estatal.

O sea aquí hay una corresponsabilidad; no es solo el Estado el que tiene que cargar con la culpa de que sigamos padeciendo “el mal holandés”, esto es, la dependencia de la economía de las exportaciones, en especial del petróleo.   

Echar mano de los recursos del petróleo como pivote de la economía no es algo que requiera de mayor esfuerzo técnico ni administrativo; Correa incurrió en una suerte de “facilismo”; inició obras que o no concluyeron o no fueron debidamente diseñadas, lo cual implicó un despilfarro de recursos. Tareas que exigían mayor preparación como la economía popular y solidaria fueron apenas ejecutadas. Estas tareas requerían de mayor preparación, eran obras que no daban réditos inmediatos, cuando Correa lo que buscaba era mostrar obras con las que pudiera obtener réditos políticos y electorales.

Por eso se le ha calificado a Correa de “populista”; por subordinar sus políticas a objetivos político-electorales. El populismo no es un “modelo” económico, tampoco un “modelo” político. El populismo no es ideológico, es un estilo de gobierno basado en la “receptividad” y no en la “responsabilidad”. El gobernante busca complacer a sus electores; y si para ello debe elevar el gasto público, lo hace sin reparos, aun a costa de hipotecar el futuro.

El populismo de Correa rindió sus frutos porque la presencia de masas en la escena política no puede manejarse solo desde la técnica, como se pensó hacerlo con el otro “modelo”. Lo contrario al populismo es la creencia en el manejo eficiente de la economía, en alejar la política del gobierno, en privilegiar la responsabilidad sobre la receptividad.   

Correa ha durado en el gobierno casi una década; siguiendo el argumento de Dahik tampoco ello se debe solo al alto costo del petróleo, hay algo más que eso. Y si bien no se puede hablar de un “modelo” económico, sí es posible advertir que en la alta aceptación popular que ha tenido Correa no solo están los subsidios, la obra pública, sino la esperanza que supo transmitir a través de la propaganda de un Ecuador más justo y menos sometido a la dominación externa.

Aprovechando de los errores del gobierno, determinados sectores cercanos al neoliberalismo, quieren ajustar cuentas, más que con Correa, con un modelo que le da al Estado alto protagonismo en la dirección de la economía. Así matan dos pájaros de un tiro: a un gobernante que les ha maltratado y a un modelo que representa una amenaza a sus intereses.

Por otro lado, no se puede sostener que el “otro” modelo económico, haya sido exitoso. La supresión de las facultades de regulación y control del Estado sobre la banca privada fue una de las causas para el feriado bancario. Los ajustes económicos aplicados por Bucaram, Mahuad, Gutiérrez al dejar lo político en segundo plano provocaron desajustes en el campo político que condujeron a sus respectivos derrocamientos.

La salida a la crisis, por tanto, no parecería ir por el lado de retroceder a ese modelo, sino de encarar la crisis con seriedad y responsabilidad, pero sin olvidar que ello debe darse en el marco de un acuerdo social no solo entre gobierno y empresarios, sino entre Estado y sociedad civil.

La crisis no puede resolverse a costa de la democracia.

[PANAL DE IDEAS]

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