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24 de Octubre del 2016
Ideas
Lectura: 12 minutos
24 de Octubre del 2016
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

El derrumbe de Trump y el triunfo de una mujer
Primero divertido, luego preocupado y por fin horrorizado el mundo entero ha visto lo lejos que ha llegado Donald Trump en la carrera presidencial de los Estados Unidos. Pero hoy debe respirar aliviado al ver que casi con certeza perderá las elecciones, después de los ingredientes de ignorancia, egolatría, machismo y racismo que ha puesto en la campaña y que se ha empeñado en profundizar en las últimas semanas.

No es que Hillary Clinton esté dando la paliza que Donald Trump se merece en las encuestas, pero el margen se agranda: el domingo 23 por la mañana una encuesta nacional mostraba a Clinton por primera vez con una ventaja de dos dígitos. Fue la de ABC News, que reflejó que Clinton tiene 50% de las preferencias frente a 38% de Trump, siendo la primera encuesta nacional mediante llamadas telefónicas en vivo (las hay también realizadas por robots) hecha en su totalidad después del tercer y último debate de los dos candidatos, que se escenificó el miércoles 20 en Las Vegas. En los próximos días aparecerán nuevas encuestas post-debate final que permitirán ver cómo se decanta la población antes de las elecciones, para las que apenas faltan, para alivio de todos, 15 días.

La ventaja de 12 puntos es la más amplia registrada en las encuestas de las últimas semanas, las que muestran variedad de resultados, con ventajas para Clinton de siete, ocho o nueve puntos. Esta encuesta de ABC News es importante, como lo destaca Nate Silver, el respetado experto que maneja el sitio de estadísticas electorales FiveThirtyEight, no solo por ser la más reciente sino por explicar por qué Clinton ha ampliado tanto su ventaja: una proporción cada vez mayor de republicanos ha perdido entusiasmo por su candidato y podría no salir a votar.

Encuestas anteriores ya mostraba una caída de 12% en el entusiasmo por Trump entre los republicanos que habían preferido a otro precandidato en las primarias. Pero ahora la disminución se da incluso entre quienes prefirieron a Trump desde el inicio. Eso es tan grave que entre los republicanos registrados como tales, la decisión de ir a votar ha caído en 7% en cosa de diez días. Un derrumbe en toda la regla para Trump, aunque, como advierte muy cauto el propio Silver, hay que ser cuidadosos porque las variaciones del entusiasmo pueden ser pasajeras.

Pero, así y todo, el modelo estadístico de Silver, cuya solidez es reconocida porque los publica luego de simular 10.000 veces las votaciones con el insumo de todas las encuestas nacionales válidas científicamente, da a la señora Clinton una ventaja de 7 puntos (más conservador que los 12 puntos de la última encuesta de ABC News).

Por eso la posibilidad de que Clinton gane las elecciones es de 87% según Silver y de 93% según el diario The New York Times, lo que implica que a Trump solo le asignan, respectivamente, 13 y 7 posibilidades de triunfo entre 100. Estas son, como lo destacaba El País, mucho menores que las que tienen Messi o Ronaldo de fallar un penal, ya que el argentino falla 22% de las veces que los cobra (como en la Copa América de junio pasado, aunque este fin de semana convirtió uno muy polémico contra el Valencia en el último suspiro del partido). El portugués, más certero, falla 17% de las veces que cobra una pena máxima. Atención, no quiere decir que ese sea el margen de preferencias de los votantes, sino la posibilidad estadística de que gane uno de los dos candidatos. Por eso, en las casas de apuestas estas ya están dos a uno a favor de Clinton.

Las altas posibilidades del triunfo de Clinton surgen de una condición importantísima de las elecciones estadounidenses: que en ese país no se gana por voto popular sino por elección indirecta al colegio electoral, el cual está compuesto por 538 delegados, elegidos por los 50 Estados de la Unión Americana en proporción a su número de habitantes. Son, por tanto, 270 los delegados que se necesitan para ganar. Algunos de los Estados son consistentemente demócratas mientras otros son claramente republicanos. La pelea está en aquellos Estados con preferencias variables. Y lo que las encuestas muestran son muy importantes cambios en las últimas semanas en esos Estados indecisos e, inclusive, en algunos Estados tradicionalmente republicanos en los cuales la candidata demócrata ha hecho avances tan grandes que podría arrebatarlos de la columna de “seguros por Trump” a probables por Clinton.

Los analistas predicen, en esta competencia de delegados, que Clinton tendría muchos más de los 270 necesarios (El sitio FiveThirtyEight le daba la noche del domingo 23 de octubre, 340 delegados frente a 197 de Trump).

Con todo, hay una encuesta que todavía le da a Trump una ventaja de 2% en la competencia de voto popular entre cuatro candidatos (41% Clinton, 43% Trump, el candidato del partido Libertario, Gary Johnson, 7% y la del partido Verde, Jill Stein, 3%). Es la del sitio web de negocios Investors Business Daily (IBD) en colaboración con la firma TechnoMetrica Market Intelligence (TIPP), que empezó a publicar desde el 20 de octubre una encuesta diaria de seguimiento ––tracking poll, como se llama en inglés––con el promedio de seis días de encuestas telefónicas a una muestra de 783 probables votantes. Según algunos expertos, tan especial resultado, contrario a todas las demás encuestas, provendría del excesivo peso de los independientes en su muestra. Sea de ello lo que fuere, 2% está dentro del margen de error de la encuesta que es de 3,6%, mientras que diferencias de 6 o de 12 puntos están fuera del margen de error.

Otra encuesta diaria de seguimiento que tuvo resultados consistentemente favorables a Trump, aunque ahora durante varios días ha dado un empate a los dos candidatos (en 44%), es la de Los Angeles Times. Esta encuesta es también de seguimiento diario, pero no de una muestra cambiante cada día sino de un panel fijo de más de 400 personas, que, como lo han aseverado expertos, tiene un pequeño error en su conformación y, como resultado, no es una muestra estadística precisa de la población votante. Basta que en la constitución del panel se escoja mal a dos o tres individuos que no representen bien el conjunto y los resultados serán equivocados.

Por eso, los expertos dicen las encuestas de panel sirven más para medir el entusiasmo de los seguidores de cada candidato que para predecir el resultado final. Y en eso del entusiasmo, Trump sigue teniendo un voto duro impresionante y casi se diría inexplicable. Por ejemplo, los evangélicos, que solían tener un margen muy estricto de tolerancia para la vida personal de sus candidatos, están perdonando todo a Trump y siguen apoyándolo a pesar de sus expresiones soeces, de la cantidad de mujeres que han declarado haber sido acosadas sexualmente por el millonario y de los otros peros que podrían ponerle. La razón, según sale de los estudios, es que están convencidos de que la batalla crucial para el futuro de EEUU es la de la Corte Suprema de Justicia. Y entonces, no les importa que Trump sea un adúltero, malhablado, explotador de sus obreros y acosador de las mujeres, ya que es la última trinchera que permitiría detener una Corte Suprema más liberal con un triunfo de Hillary Clinton.

Con todo, recuérdese que las encuestas, aún las mejor llevadas, pueden equivocarse. Es que la sociología y, dentro de ella, una de sus herramientas como son las encuestas, no es una ciencia exacta. Ya lo demostraron en sus fracasos en los referendos del Brexit y del tratado de paz de Colombia. Todas las mediciones en el Reino Unido daban el triunfo a la opción de permanecer en la Unión Europea y el resultado favoreció a abandonarla por 52 a 48. Todas las encuestas decían que ganaría el sí al tratado de paz en Colombia y el resultado favoreció al no por 50,21%. La verdad es que las tasas de abstención (de 63% en el caso de Colombia, la más alta en 22 años de votaciones no obligatorias) fueron decisivas para estos resultados, pues los encuestadores proyectaron una tasa de ausentismo mucho menor.

Y es justamente la abstención la que, en el caso de EEUU, puede jugar… pero en contra de Trump, pues sus declaraciones de los últimos días de que las elecciones están amañadas, de que hay una gigantesca conspiración en su contra de parte de los banqueros, el gobierno y los medios, están ya produciendo mayor despecho del deseado en sus seguidores. “Si de todas maneras va a haber fraude, ¿por qué molestarse en ir a votar?”, parecen decir muchos de ellos. Por eso, solo 80% de los votantes republicanos dicen que lo harán por Trump. A su vez, 65% de los posibles votantes condena la opinión de Trump de que los resultados electorales estarán amañados.

Todo eso traerá como consecuencia no solo la pérdida de la presidencia sino menor votación por los candidatos republicanos al Senado y a la Cámara de Representantes. Y los republicanos se lo tienen merecido por haber puesto de candidato a un tipo como Trump.  Silver, de FiveThirtyEight, pone las posibilidades de ganar el control del Senado en 68,3% para los demócratas y 31,7% para los republicanos.   

Aunque es fácil ver que las perspectivas son malas para Trump y los candidatos republicanos, el hecho de que, en general, los votantes estén cada vez más convencidos de que Clinton ganará las elecciones, puede tener, paradójicamente, una mala consecuencia para ella: la autocomplacencia de que, ya que está ganando, no es necesario votar a su favor. Aquí la esperanza de los demócratas es que tienen una organización de campo mucho más eficiente que la de Trump, con mucho más personal tanto pagado como voluntario, para buscar a los electores y movilizarlos a las urnas.

Es allí, en unos recintos detrás de unas cortinitas, donde la real conspiración contra Trump tendrá lugar el 8 de noviembre: la conspiración de los votantes para impedir que un tipo tan peligroso para el mundo llegue a la presidencia de EEUU. Con ello, una mujer estará al frente de la primera potencia mundial. Eso no se ha dado desde el siglo XIX cuando la reina Victoria comandó el Imperio Británico, situación solo comparable a la del siglo XV cuando Isabel la Católica creó el Imperio Español. Aparte de otras consideraciones, esa es la importancia histórica que tendrá el triunfo de Hillary Clinton, contra todas las misoginias habidas y por haber.

[PANAL DE IDEAS]

Carlos Arcos Cabrera
Gabriel Hidalgo Andrade
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Patricio Moncayo
Mauricio Alarcón Salvador
Paolo Vega López
Carlos Rivera
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