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22 de Enero del 2018
Ideas
Lectura: 7 minutos
22 de Enero del 2018
El descomunal costo oculto de las tarjetas de crédito
El banco siempre tendrá que cobrar algo a los emprendedores, para que estos ofrezcan a sus clientes la posibilidad de pagar sus compras con tarjeta de crédito. Pero este costo debe ser razonable y estar regulado por la Superintendencia de Bancos. En los 28 países de la Unión Europea, por ejemplo, el costo para los emprendedores que cobran con tarjeta de crédito oscila entre el 0,2 y el 0,3 % de valor de la compra realizada.

Según el Reporte de Comportamiento Crediticio Sectorial del Sistema de Bancos Privados (septiembre de 2016—septiembre de 2017) elaborado por la Superintendencia de Bancos, en nuestro país la cartera bruta de crédito ascendió a 23.580,46 millones de dólares, de los cuales el 21,47 % corresponden a consumos con tarjeta de crédito, esto es, 5.062,71 millones de dólares.

Generalmente, los análisis sobre las tarjetas de crédito están centrados en su uso razonable o descontrolado, en las tasas de interés que se paga por diferir los consumos hechos con ellas, o en dificultades y requisitos para obtenerlas. Es decir, en los asuntos que conciernen a sus titulares. Sin embargo, poco o nada se dice sobre las cargas que implica para los pequeños, medianos y grandes comercios prestar el servicio de cobrar a sus clientes con tarjeta de crédito, ni tampoco cuanto impacta esto en el fomento de la actividad productiva y la generación de empleo.

Para explicar las graves implicaciones que tiene para la economía de los pequeños y medianos emprendedores los altos costos que implica ofrecer este servicio, voy a formular un ejemplo hipotético basándome, en cuanto sea posible, en referencias oficiales. Pensemos pues en un emprendimiento pequeño como un hostal, un restaurante, un micromercado, una ferretería, una tienda de teléfonos celulares, un comercio de repuestos para vehículo o una panadería, que ha sido calificada por el SRI como obligada a llevar contabilidad, es decir aquellos emprendimientos que tienen ventas por USD 300.000 o más.

Para fines didácticos, digamos que este emprendimiento tiene ventas por exactamente USD 300.000, y que la mitad de tales ingresos se hacen en dinero en efectivo y la otra mitad se hace con cobros con tarjetas de crédito. Esto significaría que este pequeño emprendimiento debe soportar la carga de entregar al banco el 4,2% de sus ventas con tarjeta de crédito, esto es $ 6300 a lo largo de todo el año.

Este dinero es más de lo que un trabajador con salario básico gana en un año, incluidos todos los beneficios de ley. De hecho, ese monto equivalente a la remuneración anual de 1,22 trabajadores con salario básico. Dicho simplemente, en lugar de ganarse 1,22 puestos de trabajo por cada USD 150.000 vendidos con tarjetas de crédito, se pierde 1,22 empleos, pues esos recursos van a parar a manos de un banco, causando perjuicios tanto a los empleadores como a los trabajadores y, además se boicotea la política pública de crecimiento de empleo del Ecuador.

En efecto, si se divide el 4.2% de los 5.062,71 millones que anualmente se cobra por tarjetas de crédito entre el costo anualizado de un trabajador con salario básico, se obtiene el descomunal costo oculto de cobrar con tarjetas de crédito: la pérdida de 41.489 nueve plazas de trabajo por año.

Bueno, la verdad es que no es tanto así, porque el banco siempre tendrá que cobrar algo a los emprendedores, para que estos ofrezcan a sus clientes la posibilidad de pagar sus compras con tarjeta de crédito. Pero este costo debe ser razonable y estar regulado por la Superintendencia de Bancos. En los 28 países de la Unión Europea, por ejemplo, el costo para los emprendedores que cobran con tarjeta de crédito oscila entre el 0,2 y el 0,3 % de valor de la compra realizada.

Digamos entonces que lo correcto no es dividir el 4.2%, sino el 3.9% de los 5.062,71 millones que anualmente se cobra por tarjetas de crédito entre el costo anualizado de un trabajador con salario básico, para saber cuántos empleos efectivamente se están perdiendo por el sobreprecio que cobran los bancos a los emprendedores para ofrecer el servicio de pagos con tarjetas de crédito: son 38.525 plazas de empleo pérdidas.

Los banqueros dirán que Europa es otra realidad, que los costos no pueden ser aquí tan bajos, que el 16,06 % anual que nos cobran a los titulares de las tarjetas de crédito por el crédito rotativo no es suficiente para satisfacer sus “justas expectativas” de utilidades, que si ese dinero se pone en manos de los emprendedores no necesariamente servirá para crear empleo, etc. Pero la verdad es que no hay justificación comercial o financiera alguna para mantener esta enorme carga financiera en los hombros de los emprendedores, que son los que arriesgan su capital, crean empleo, innovan y tienen que competir en un sistema globalizado de precios para los bienes y servicios que ellos también ofrecen.

Apuntalar el aparato productivo es una responsabilidad de todos los ecuatorianos empezando por los consumidores que queremos bienes y servicios a precios razonables, los trabajadores que queremos salarios y condiciones dignas de trabajo, los emprendedores que buscan rentabilizar su inversión, riesgo y esfuerzo. Pero ninguno de nosotros tendrá oportunidades reales de alcanzar nuestras legitimas aspiraciones si las instituciones financieras siguen estableciendo, por ejemplo, costos 13 veces más altos que el máximo cobrado por cualquier país de la Unión Europea para prestar el servicio de cobro con tarjeta de crédito.

Nuestro gobierno y las autoridades del sistema financiero deben regular el sector evaluando la objetividad de cada costo, así los impactos que tiene el precio de comprar a crédito para la estructura productiva y comercial del país, para los trabajadores y para los ciudadanos en tanto consumidores. Las cámaras de la producción, de comercio, de la construcción deben discutir este tema, pues si el costo de las transacciones con tarjeta se produjese con estándares internacionales, eso equivaldría a reducir el IVA al 8,1% de toda transacción realizada con tarjeta de crédito, y no tendrían que estar disputándole a la sociedad ecuatoriana rebajas en este impuesto o en el impuesto a la renta para equilibrar sus niveles de competitividad.

[PANAL DE IDEAS]

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