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26 de Enero del 2016
Ideas
Lectura: 13 minutos
26 de Enero del 2016
Alexis Oviedo

Phd por la Universidad Católica de Lovaina. Ex investigador del Centro de Aprendizaje Continuo y Participación de esa universidad. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

El drama shakespeariano de Lenín Moreno
El Ecuador elige en el año 2017 un nuevo presidente, por ello este naciente 2016 es el año electoral por excelencia. Todas las estructuras políticas reorganizarán sus fuerzas y afinarán sus mejores estrategias para lograr que lo mejor de su acumulado político se refleje en votos.

El partido de gobierno, PAIS, sigue en la indefinición de quien es su candidato. Luego de algunos meses de cabildeo, parece que hay muchas posibilidades que sea Lenin Moreno quien postule a la Presidencia de la República por esta  y otras tiendas políticas, además del frente Unidos, que se subirán a esa camioneta. 

Parece que se superó la negativa del ex vicepresidente ante supuestas presiones que iban desde imponerle candidato a vicepresidente a otras de mayor calibre. Ante la posibilidad de la declinación de Moreno, un sector de PAIS, con “el mashi” a la cabeza, buscó por diversas formas potenciar a Jorge Glas como presidenciable, pero desde que las encuestas les hicieron ver su debilidad en intención de voto, desistieron. 

La última noticia al respecto fueron las declaraciones del canciller Ricardo Patiño en GamaTV. Él dijo que junto al presidente Correa habían visitado a Moreno para expresarle "el enorme interés que sea nuestro candidato, pero es necesario esperar las formalidades del Movimiento PAIS para que esa decisión sea corroborada”, según citó la agencia oficial Andes. Patiño no dijo cuál había sido la respuesta de Moreno, que al parecer sigue deshojando margaritas.

Sin embargo, varias fuerzas de oposición buscan crear un “frente amplio” que también quiere a Moreno como candidato presidencial por una nueva propuesta política, emulando los días del 2006. Frente en el que incluso podrían entrar muchos cuadros de PAIS, tanto por afinidad ideológica, cuanto por resentimientos internos cocinados en estos años.

Un tercer escenario es la negativa del ex vicepresidente a presentarse como candidato y esta decisión pondría en ascuas a todas las fuerzas políticas. A PAIS porque tendría que enfrentarse a una derrota casi segura, aun si llegase a la segunda vuelta, repitiendo el fenómeno Sicoli; y el otro perdedor serían  la izquierda y centro izquierda al no contar con la figura que les brindaría cobijo natural.

Los ganadores serían  todas las versiones de la derecha pues, sin Lenin Moreno como contendor, tendrían más seguridad en definir un cuadro ganador, sea este Nebot o Lasso. Sin embargo, el  tiempo y la almohada irán definiendo el escenario que se avecina y resolviendo el shakespeariano dilema de Lenin Moreno.

La correlación de fuerzas: debilidad general después de los años de bronca

La derecha, dejando de lado sus liderazgos locales, está debilitada, básicamente por el desgaste de su discurso y la contrastación con su práctica. En ello han colaborado inundaciones en Guayaquil y la pésima gestión de Rodas en Quito. El hecho de no tener candidato único no es el mayor obstáculo a superar, pues no será extraño que se lo concrete en un neo “frente de reconstrucción nacional”. En la derecha, nunca han necesitado ser amigos o compartir posiciones ideológicas, cuando de sociedades, monetizados intereses o temas de poder se trata.

En ese contexto, la derecha identifica dos líderes: Lasso y Nebot, éste último negando su participación en espera del movimiento de las otras fichas políticas. Sin embargo, cuenta con aliados inesperados,  tanto líderes locales  autodefinidos como de centro izquierda, como sectores del Pachakutik, otrora claramente izquierdistas. Así se tiene una amalgama política convocada por Carrasco en torno a un cauto Nebot, que incluye a Rodas que, gracias a méritos propios, poco les aporta y el mismo convocante, Carrasco, consciente de que no es presidenciable.

La otra alianza variopinta gira alrededor de Lasso con Páez y el sector de Pachakutik liderado por Fanny Campos. Con todo, ninguna de las dos versiones derechistas e incluso fusionadas, tendrán ni por asomo la fuerza del frente de reconstrucción del 84, que llevó a León Febreso Cordero a la Presidencia.

La izquierda “radical” atraviesa un indudable debilitamiento, no solo porque sus partidos tradicionales se encuentran divididos, unos apoyando el proyecto gubernamental y otros en contra del mismo, como el Partido Socialista, Partido Comunista y Pachakutik. También  por un debilitamiento de los movimientos sociales, que no han logrado posicionar su agenda de manera amplia, en particular el indígena y en menor medida el sindical y el ecologista. El extinto MPD, no logra aún remozarse en la Unidad Popular y en este caso, el que no tengan candidato sí es un gran problema, pues no perfilan figura alguna que pueda liderar dicha tendencia. Asimismo, aún pesa a nivel electoral el estrepitoso fracaso de las elecciones del 2013. Y lo que es más grave aún, el hecho de que PK esté en conversaciones tanto con Lasso como con Nebot, los aleja de sectores populares y medios que mantenían simpatías con su propuesta histórica.

PAIS y sus aliados progresistas tampoco tienen su mejor momento. Además del desgaste propio de nueve años en el ejercicio del poder y de su confrontación con algunos sectores de la derecha, con la izquierda, con los medios de comunicación y con los movimientos sociales, enfrenta a todas las otras fuerzas políticas que lo ven como enemigo estratégico. Por otra parte, PAIS no se presentará con Correa como candidato, ausencia -quizá premeditada- que se da vislumbrando un panorama electoral “todos contra Correa”, lo cual le habría significado una derrota en segunda vuelta. Con todo,  el presidente Correa sigue siendo amado por muchos y detestado por quien sabe muchos más, y a pesar de que estará en la campaña de su partido, no endosará votos.

Finalmente, aun cuando PAIS es el movimiento más grande el Ecuador, no ha logrado configurar una organicidad continua; sigue siendo una estructura porosa, con caudillos regionales de las más diversas tendencias, que sin la participación directa del actual presidente y el agotamiento de un modelo comunicacional, difícilmente podrán actuar con la efectividad demostrada en otros contextos electorales.

Las geografías y los votos… no siempre endosables

Con ese contexto las diversas tendencias pueden configurar los segmentos poblacionales y geografías donde supuestamente reposan sus votos duros. Estos no seguirían la tendencia que se dio en el 2013, por el evidente desgaste de PAIS, que no logrará la abrumadora votación de ese entonces. Menos aún reaparecerá el escenario del 2014, pues las elecciones locales no son referente de las presidenciales. Sin embargo, se puede aventurar que la votación de Lasso se mantendría constante en la costa urbana, buena parte de las ciudades de la Sierra y fluctuaría en Quito, dependiendo de la candidatura de Lenin Moreno, o si aparece otra figura serrana que represente el perfil histórico seguido por la clase media: centroizquierda, socialdemócrata y democristiano.

Cuenca respondería a una propuesta más local, dada la popularidad de sus autoridades y al apoyo que éstas den a tal o cual candidato. Si logra cohesionarse bajo la figura de Lasso o de Nebot, cualquiera de ellos como el candidato único, Guayaquil mayoritariamente votaría por esta tendencia. En la Costa, la provincia de Manabí y el resto del Guayas tiene importante población electoral, las cuales dividirán su votación entre PAIS, el candidato a quien apoyen Nebot o Lasso  e incluso candidaturas marginales tal como la anunciada por el PRE.

La izquierda tradicional conservaría su mínima representación electoral, anclada a la esperanza de que la votación de sus líderes locales se endose al candidato nacional, lo cual no ha ocurrido. Su votación podría crecer si es que se presenta en una alianza más amplia, vinculada al centro izquierda y si logra el apoyo decidido y cohesionado de antiguos y nuevos movimientos sociales y colectivos culturales e identitarios. Pero sobre todo debe ampliar su agenda hacia posiciones que permitan que una creciente clase media y otros sectores de la sociedad, como los jóvenes, los vean como alternativa. Necesita diferenciarse de agendas como la de PAIS o de AVANZA. El no hacerlo ha llevado en otras latitudes a que una segura victoria se transforme en derrota, tal como la elección Kerry vs. Bush.  La meta es ganar elecciones y esto es posible solo desde frentes más amplios y no desde posiciones sectarias que reproducen los desgastados cuadros ideológicos.

La propuesta PAIS tiene como un fuerte bastión de apoyo a la Costa y parte de la Sierra y Amazonía rurales. En el ámbito urbano, el oficialismo divide su votación con la derecha en las ciudades principales de la Costa, y  con Avanza y las fuerzas que representen a los desencantados de la revolución ciudadana, en la Sierra y Amazonía. En esta última, el liderazgo regional es de oposición, pero númericamente no significan muchos votos.

Con Moreno como candidato se espera que sectores de estas geografías, en particular urbanos, voten por el partido gobernante, asegurando un mayor caudal de votos si es que  hacen una adecuada política de alianzas con otras fuerzas locales que tuvieron preponderancia en las elecciones del 2014.

Y entonces…

Las elecciones recientes han demostrado que ni lo ideológico, ni la obra pública son determinantes del voto por tal o cual candidato. No se ha votado por el partido sino por la persona, no se ha votado a favor sino en contra (caso alcaldía de Quito). La infraestructura realizada y servicios brindados no han significado votos para sus realizadores, como lo mostraron en todo el país las elecciones del 2014, sino el acompañamiento de estos procesos y la generación de procesos organizativos y de capitalización política, lo cual no ha sido adecuadamente realizado por PAIS.

Son más bien parámetros técnicos, desde el conocimiento acertado de las demandas cruciales de la población, estadísticas que vayan más allá de adornar deseos personales y estrategias discursivas de imagen y de comunicación, las que en la actualidad moldean las preferencias electorales. Son aspectos culturales, subjetivos y de forma los que hacen que se vote por tal o cual candidato. Es entonces la clase media desde la baja a la alta, serrana y en particular quiteña la que determinará en mucho el próximo presidente. El hecho de que PAIS vaya o no con Lenin Moreno definiría el curso de la votación de este sector de vital importancia electoral y cuyo apoyo garantiza la victoria. Sector que no apoyaría a Correa, pero que votaría por Lenin Moreno.

Si Moreno no entra como PAIS, sino representando a un amplio abanico de alianzas, tiene según las encuestas hasta 72% de intención de voto. Si lo hace apadrinado por PAIS y los actuales aliados gubernamentales, llega a un 56%. El estar apadrinado por el oficialismo genera una mancha de nacimiento ante un segmento que no olvida los errores de la alcaldía anterior, las agresiones a los estudiantes del Mejía y del Central Técnico, la caída de la propuesta Yasuní y también los marchantes con banderas, tanto las negras frente a la Shyris, como las rojas de las jornadas sindicales… Y lastimosamente se sigue esperando al “mesías”, a ese que en el 2006 lo representó el enérgico y confrontador Correa y que ahora se refleja en el apacible y dialógico Moreno.
 

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