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14 de Diciembre del 2016
Ideas
Lectura: 5 minutos
14 de Diciembre del 2016
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

¿El efecto Moreno?
Con o sin el presidente Correa desplegando todo su aparato de propaganda, invitando al voto en sus actos públicos, amenazando a los electores con golpes de estado ficticios, enviando dramáticas cartas a los militantes correístas, y hasta usando su sabatina, un día antes de las elecciones, para suplicar el voto por su candidato, Barrera obtuvo lo mismo que hubiera obtenido en el momento que arrancó la recta final de las elecciones. Barrera no despegó de su techo del 40%.

En su momento, Barrera arrancó su campaña con una gran aceptación electoral. Perfiles de Opinión atribuyó un 47% de intención del voto al finalizar octubre de 2013, en la víspera de las elecciones seccionales del siguiente año.

Pero durante la recta final, en enero de 2014, a pocas semanas de la elección y cuando se definieron las preferencias, Market atribuyó el 40% de la intención de voto a favor del oficialista Augusto Barrera, mientras que a Mauricio Rodas atribuyó el 29%.

Un poco más de un mes después, las elecciones celebradas el 17 de febrero de 2014 dieron el triunfo a Rodas con el 58% de los votos mientras que al favorito atribuyeron el 39%. ¿Qué sucedió con Augusto Barrera, el correísta que perdió aplastado por los casi 20 puntos de distancia de su principal adversario?

Muchos analizaron la caída como una de las consecuencias de la presencia del presidente Rafael Correa detrás de la campaña de Barrera. Atribuyeron a su falta de carácter, liderazgo y personalidad la principal debilidad de su estrategia electoral. Hasta vieron un desplome en las encuestas.

Pero los números demuestran otra cosa. Barrera no cayó, pero tampoco pudo crecer. Se estancó en el 40% de la intención electoral y obtuvo el 39% de los votos. Con o sin el presidente Correa desplegando todo su aparato de propaganda, invitando al voto en sus actos públicos, amenazando a los electores con golpes de estado ficticios, enviando dramáticas cartas a los militantes correístas, y hasta usando su sabatina, un día antes de las elecciones, para suplicar el voto por su candidato, Barrera obtuvo lo mismo que hubiera obtenido en el momento que arrancó la recta final de las elecciones. Barrera no despegó de su techo del 40%. 

En enero los indecisos sabían que no votarían por Barrera, aunque vacilaban sobre por quién votarían. Estaban esperando a que las tendencias se aclararan para escoger a quien habría de sustituir al alcalde correísta, devenido en impopular. Otra vez los indecisos, una gran masa de ecuatorianos generalmente ubicados en las clases medias, con acceso a cierta calidad de vida autónoma del Estado e información política y tiempo disponible para analizarla y discutirla, fueron quienes apostaron por Mauricio Rodas.

Los resultados de las últimas elecciones demuestran que, en Ecuador, el voto tiende a concentrarse, lo que significa que los electores, cada vez más, interpretan su voto con un sentido de utilidad. Esto quiere decir que los aspirantes para cargos unipersonales como presidente, alcaldes y prefectos conseguirían menor concentración del voto, si no encabezan las preferencias electorales. Por tanto tendrían pocas posibilidades de remontar porque los electores estarían menos dispuestos a desperdiciar su voto.  

Esto hoy parece tan obvio que resulta paradigmático que una encuestadora afín al gobiernismo equivocara una distancia de 11 puntos porcentuales, del oficialista Augusto Barrera sobre su principal adversario, el actual alcalde Mauricio Rodas a dos días de las elecciones.

El error daría a entender que la ficha técnica fue elaborada con base en un solo segmento poblacional en el que no se incluiría proporcionalmente a la clase media indecisa, que a todas luces es mayoritaria.

¿Qué es, entonces, el “efecto Barrera”? Para algunos consiste en la asociación simple entre el candidato correísta y la derrota. Según esta fórmula, cualquier oficialista resulta perdedor por causa de su dependencia al personalismo partidario del presidente Rafael Correa.

Pero esta simplificación oculta otros elementos. Barrera no pudo crecer por sus propios errores, por su incapacidad para crear un vínculo de identidad entre su propuesta de gobierno local, su creación de marca personal y su principal auditorio electoral. A esto, por supuesto, se tiene que añadir la esterilizante presencia de Correa en la campaña.

Quienes se preparan para competir en las elecciones de 2017 y arrancan con una gran intención de voto o se mantienen constantes podrían sufrir un revés que iniciaría en enero. Mientras Lenin Moreno desciende y Guillermo Lasso se mantiene petrificado en el mismo lugar de las encuestas, las clases medias podrían decantarse por otra opción presidencial.

@ghidalgoandrade

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