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7 de Marzo del 2016
Ideas
Lectura: 9 minutos
7 de Marzo del 2016
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

El estatismo y el nacionalismo trasnochados
La caída de las revoluciones bolivarianas confirman el fracaso de utopías que, pese a su alto poder de seducción, terminan derrotadas por la incapacidad de sus gobernantes para entender el giro que ha tomado la política con el concurso cada vez mayor de los nuevos movimientos sociales que cuestionan la intromisión del Estado en ámbitos que no le competen.

Los problemas de la vida cotidiana dejan de pertenecer al campo privado y se convierten en temas de interés social y, por tanto, con alta incidencia política. Los asesinatos de Marina Menegazzo y María José Coni pusieron al descubierto, una vez más, el escenario de la violencia contra la mujer, contestada no desde el Estado sino desde las redes sociales, o sea desde los nuevos movimientos sociales que reivindican la soberanía de la mujer sobre su cuerpo y los derechos que le asisten como ser humano integral. Tal reivindicación deja de pertenecer al ámbito privado y le da a la política una dimensión no estatal, o no exclusivamente estatal.

El tema plantea la necesidad de crear instancias descentralizadas que coadyuven en la protección efectiva y oportuna de los derechos de la  mujer, sea cual sea su nacionalidad, condición étnica o de clase, y que reconozcan su facultad de valerse por sí misma y a desenvolverse sin cortapisas. Esa descentralización también es necesaria  en los casos de la salud, la educación, los servicios básicos. El Estado debe compartir sus tareas con el sector privado y/o social, pues no dispone de medios y recursos suficientes para cumplir con sus deberes. 

El ejemplo de Solca ilustra este modelo de cooperación que responde a consideraciones prácticas y humanitarias. Fundada en 1950 por médicos liderados por Juan Tanca Marengo, como bien lo recuerda Walter Spurrier, columnista de diario El Universo, expandió sus servicios a distintas ciudades. Los recursos con los que contaba no eran suficientes para atender la “creciente demanda de sus servicios”, lo cual hizo necesario la creación de un impuesto con el que la ciudadanía colaboraba para su financiamiento. Debido a la crisis económica, para el gobierno de Rafael Correa no fue prioridad el cumplimiento de las asignaciones estatales a Solca.

¿Cuánto vale el problema que enfrentan los pacientes de Solca para el presidente? ¿Cuánto vale el pedido del consejo directivo al gobierno para los pacientes de cáncer atendidos en esta institución? Carlos Matus, teórico chileno en planificación y gobierno, afirma que un problema es mejor atendido allí donde es de alto valor para quienes lo sufren. La respuesta del presidente, por tanto, es centralista cuando les pide a los directivos de Solca que transfieran al Estado las instalaciones y que el gobierno se hará cargo de la atención de los ciudadanos.

Semejante respuesta, además de su improcedencia práctica y del menosprecio que expresa hacia los pacientes de cáncer, le acarrea un perjuicio político al propio presidente, en circunstancias en las que se ha visto obligado a adoptar medidas económicas de ajuste para en algo paliar la crisis, medidas que, según él, no son comparables a los “garrotazos” de los gobiernos “neoliberales” de la “partidocracia”.

La tragedia de Montañita también ilustra déficit no sólo administrativo sino político del gobierno. Éste a través del Ministro del Interior se ocupó del  tema de manera puramente burocrática, y no atendió el reclamo de las redes sociales que iba mucho más allá de situar el caso en el ámbito policial. Pero aún en este plano cometió errores de procedimiento que perjudicaron la imagen del país. No sólo que se cometieron horrendos crímenes en un balneario de gran potencial turístico sino que las autoridades del Estado no supieron conducir las indagaciones de manera tal de no levantar sospechas y dudas.

El ministro del Interior, presionado por el presidente, al parecer quiso dar muestras de una eficiencia ejemplar y se apresuró a lanzar una información sobre lo acontecido que suscitó más preguntas que aclaraciones. Los familiares de las dos jóvenes argentinas asesinadas en Montañita y la prensa argentina, como lo relata Plan Vno se dieron por satisfechos con la versión oficial ecuatoriana sobre tales crímenes. No hay pruebas que respalden la afirmación de que las jóvenes fueron “voluntariamente a la casa de los desconocidos (…) porque no tenían dinero”.

Ya se advierte una suerte de culpabilización a las víctimas.

Llama la atención que pese a tan obvias y legítimas razones de los familiares de las víctimas para dudar y exigir un información veraz y técnicamente solvente, el presidente Correa haya sostenido que las dudas se explican por “los complejos del tercer mundo”. O sea, el que se haya “descubierto” a los presuntos criminales y se haya “esclarecido” el caso con tanta celeridad muestra que en el Tercer Mundo somos más eficientes que en el Primero. Tal criterio se enmarca en la  famosa ideología del autoengaño, muy bien denunciada y sustentada por el catedrático y periodista venezolano, Carlos Rangel.

Tanto él como Octavio Paz, laureado escritor mejicano, ponen al descubierto la práctica muy extendida en América Latina de recurrir al autoengaño para ocultar las deficiencias en nuestra configuración como países y estados soberanos. Bolívar, destaca Rangel, no sufrió de “complejos de inferioridad” y supo reconocer nuestras limitaciones. De ahí que no se hacía ilusiones de que en Hispanoamérica independiente fuera posible una gran república. La idealización de nuestros defectos como virtudes y, como defectos, las virtudes de otros países, nos lleva a escudarnos en la victimización frente a la dominación extranjera y a sentirnos, paradójicamente a la vez, superiores a quienes nos dominan.

Parece que las llamadas revoluciones bolivarianas adolecen de este acomplejamiento. Sin duda, el ejemplo de Bolívar no les inspiró. Estaba él consciente que la unidad del Nuevo Mundo en una sola nación, no obstante ser una idea grandiosa, era irrealizable “porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes dividen a Hispanoamérica”. Los líderes de las revoluciones bolivarianas, en cambio, hicieron abstracción de tales dificultades y le dieron a esa idea una plataforma propagandista, simulando una guerra a países con los cuales tenemos mayores y más cercanas relaciones económicas y políticas.

Bolívar, recuerda Rangel, tuvo una perspectiva estratégica de la política mundial, igual que Fidel Castro. El primero “no veía más que a Inglaterra como recurso y posible potencia protectora de las repúblicas hispanoamericanas”. El segundo, por su parte, entendió que sin el apoyo de la entonces Unión Soviética no habría sido posible la sobrevivencia de la revolución. Desaparecida la URSS y exhausta la economía de Venezuela, a Cuba no le quedó más que acercarse a los Estados Unidos, pese a sus enormes y al parecer, insalvables diferencias.

Sigue Rangel: “Uno de los éxitos más lamentables del marxismo en los últimos años ha sido comenzar a erosionar con éxito en América Latina el ideal de la democracia “formal”, representativa (…) así como abolir la vergüenza y mala conciencia por las desviaciones con relación a esos ideales y metas”.

Las “revoluciones bolivarianas” ejecutaron ese cometido de un marxismo dogmático que ve en la democracia liberal un producto de exportación del imperialismo, en especial norteamericano. Entonces desde ese “antiimperialismo” se vuelve “legítimo” erosionar esa democracia y reemplazarla por un régimen “revolucionario” dirigido dictatorialmente.   

La caída de las revoluciones bolivarianas confirman el fracaso de utopías que, pese a su alto poder de seducción, terminan derrotadas por la incapacidad de sus gobernantes para entender el giro que ha tomado la política con el concurso cada vez mayor de los nuevos movimientos sociales que cuestionan la intromisión del Estado en ámbitos que no le competen y que reivindican una democracia más ágil menos sujeta al estatismo y a vanguardias que fueron rebasadas por la dinámica de una sociedad en permanente cambio e innovación.

A esa incapacidad de comprensión se suma la incapacidad práctica de resolver los problemas reales de los países, mediante un escamoteo propagandístico que tiene cada vez menos eficacia.

[PANAL DE IDEAS]

Fernando López Milán
Giovanni Carrión Cevallos
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Patricio Moncayo
Carlos Rivera
Carlos Arcos Cabrera
Ricardo Martner
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Alfredo Espinosa Rodríguez

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